ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA

ELECCIONES REGIONALES: LA GRAN TRAICIÓN

PRIMERA PARTE

Situado entre la espada y la pared, Nicolás Maduro vuelve a asomar las ofertas de diálogo y promesas electorales. Pero esta vez no cuenta con su poder de encantamiento. ¿Logrará arrastrar una vez más a los corruptos sectores proto chavistas que lo han auxiliado en el pasado, como Henry Falcón, Manuel Rosales y sus esbirros tipo Timoteo Zambrano? ¿Tendrán Henry Ramos Allup, Julio Borges y Freddy Guevara la grandeza histórica de respaldar los afanes libertarios de nuestro pueblo en rebeldía y cortar por lo sano? ¿Traicionarán la causa de Venezuela?

Es la interrogante del momento. 

Antonio Sánchez García @sangarccs

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Quienes vivimos desde el interior de la Coordinadora Democrática el descomunal fraude del 15 de agosto de 2004, que abrió los portones de Venezuela a la más dolorosa y monumental de sus tragedias, difícilmente podíamos aceptar un hecho de fatales consecuencias: Chávez había montado un sofisticado sistema electoral electrónico basado en el engaño y desconocimiento de la voluntad popular y montado en esa maquinaria, podría entronizar un régimen dictatorial neo fascista, que le permitiría reelegirse él y reelegir a los suyos según su suprema voluntad.

Montaría de esa guisa la primera dictadura totalitaria perfectamente disfrazada de democracia directa en la turbulenta historia de las dictaduras de América Latina. Aunque necesitaría de dos ingredientes irremplazables: la tolerancia de la comunidad internacional y la complicidad de las élites políticas heredadas de la Cuarta República o nacidas bajo el seno del régimen y prontas a pasar bajo las horcas caudinas de Tibisay Lucena y Jorge Rodríguez.

Entre el 2004 y el 2013, fecha de su muerte acaecida en La Habana, pudo disfrutar de ambos respaldos. Y legarle a su heredero y sucesor, Nicolás Maduro, la clave maravillosa de dicha maquinaria electrónica. La gallina de los huevos de oro.

Respaldado por los dos secretarios generales de la OEA – César Gaviria y José Miguel Insulza – y los sucesivos gobiernos regionales coordinados por la Habana mediante el Foro de Sao Paulo, se convirtió en el campeón electoral de América Latina. Bajo la fórmula maravillosa de la legitimidad de origen, pudo burlarse cuanto quiso de la tristemente célebre “legitimidad de desempeño”.

La fastuosa renta petrolera le permitió comprarse la voluntad y aquiescencia de todos los poderes, gobiernos, parlamentos y personalidades internacionales necesarios, desde el ex presidente Jimmy Carter y su Fundación Carter, generosamente aceitada, a primas donas de Hollywood como Sean Penn, Danny Glober y Oliver Stone, a los organismos creados ad hoc – UNASUR, ALBA – para legitimarle el régimen autocrático y dictatorial que fue montando con la clásica habilidad hitleriana: desmontando tuercas y pernos del andamiaje que sostenía al sistema de dominación liberal democrático a vista y paciencia de sus víctimas para montar un régimen dictatorial plebiscitario.

La renta petrolera no sólo le permitió corromper a la región y poner aliados o alimentar hambrientos y corruptos gobernantes en la cumbre de las naciones hermanas – Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Uruguay, José Manuel Zelaya en Honduras, sin hablar de las republiquetas caribeñas postradas a sus pies a cambio de la limosna petrolera -: le permitió mantener contenta a la población de más bajos recursos, satisfacer la voracidad de la burguesía mercantilista, pudrir los altos mandos militares, comprarse todos los medios y cerrar el círculo de la dominación.

Jamás ocultó su propósito de montar una tiranía idéntica a la castrocomunista: proclamó urbi et orbi estar conduciendo el país hacia la isla de la felicidad cubana desde el comienzo mismo de su mandato. Sin provocar el menor escándalo en una oposición de utilería.

Y aclamó su delirante y enfebrecido amor por el comandante supremo con términos que, leídos hoy, provocan náuseas: “Navegamos el Carrao. No sé que tiene Fidel en el dedo, que metió el dedo en el agua desde la curiara lo sacó y me dijo dieciséis grado, un termómetro, y calculó a pepa de ojo, la altura de un Tepuy que estaba, y dijo ese Tepuy esta a tres mil quinientos metros y la altura debe ser de ochocientos y parece que no se equivocó. Calculó la profundidad exacta por el Caroni, una vez que sale del Guri y como es que éste echa agua y alimenta a esta otra represa, cual es la potencia que se disminuye, etc.” Datos que cualquier allegado puede encontrar en las guías turísticas de cualesquiera de los hoteles de la región.

Ante tanta y tan obscena, escandalosa y dudosa entrega, Fidel comenzó de inmediato a calcular cuánto cobraría por efecto del terremoto sentimental que sus poderes de seducción causaban en su delirante discípulo: “Anoche, hasta las cuatro de la mañana, estaba calculando cuanto costará un televisor para cada aula de cada escuela cubana, para que todos los niños tengan acceso a estos servicios elementales y ¿cuantos maestros Cuba va a tener? y ¿cuanto habrá que pagarles? A cada uno. Todo eso lo calculábamos, bueno él.” Para Venezuela, nada.

De ese tórrido romance salió el cálculo redondeado: cinco mil millones de dólares anuales – “ni un centavo más”, agregó Fidel “que la gente se acostumbra y aburguesa”. Y cien mil barriles diarios de petróleo. Si hubiera pedido diez o quince mil millones de dólares, Chávez se los hubiera dado encantado. Ninguna razón para no dudar que tras de esas palabras y esos besos que le lanzaba al Iluschin en el que Castro salía de la rampa cuatro, latían deseos indecentes dignos del Oráculo del Guerrero, su lectura de cabecera favorita. Boris Izaguirre dixit.

2

Por ese entonces, los descuartizados partidos del viejo sistema político no terminaban de levantar cabeza. AD, eje hegemónico y vertebral del viejo sistema, como lo reconoce su máximo líder a quien quiera preguntárselo, era, literalmente, un basural abandonado. Hubo que poner en alquiler su mejor anexo para saldar las monstruosas cuentas de teléfono y poder disponer de un medio con que comunicarse con las otras tribus en desbandada. Copei no se recuperaría jamás.

De todas esas ruinas surgirían mini reproducciones de los modelos colapsados e irreparablemente aniquilados, algunos retocados y mejorados, como Primero Justicia. Pero antes de que pudieran observar el panorama desde sus reconstruidas casamatas, el régimen había adquirido dimensiones monstruosas. El cáncer había hecho metástasis y Venezuela era una dictadura castrocomunista sin compón.

Si Chávez no se muere, aún sin los milagrosos ingresos petroleros, seguiría mandando. La mortal enfermedad del caudillismo populista carcomió la médula espinal de la otrora orgullosa y liberadora provincia liberal y democrática. Todas las instituciones habían sido invadidas y copadas por el chavismo.

Las fuerzas armadas – las mismas que persiguieran, aniquilaran y humillaran a las invasoras guerrillas castrocomunistas cubanas dirigidas por Ulises Rosales del Toro, Tomás Menendez “Tomásevich” y Arnaldo Ochoa Sánchez, entre otros –   entre los años 1966 y 1968 – habían terminado convertidas en guarida de hampones y narcotraficantes sin Dios ni Ley.

Salvo los pozos petroleros, esquilmados, exangües y destrozados, a fines del 2013 comienzos del 2014 Venezuela no valía un centavo. Se había cumplido a la letra la pesadilla anunciada de Uslar Pietri – una manada de bárbaros primitivos y salvajes chupando hambrientos de las ubres de una vaca horra – y el sueño de Fidel Castro – humillar la Venezuela heroica hasta convertirla en un estropajo – estaba a punto de cumplirse.

3

El secreto instrumento de esa degradación a los infiernos no fue otro que una oposición pusilánime, obsecuente e incapaz de asumir la lucha contra la dictadura por todos los medios que le concede la Constitución – particularmente los artículos 333 y 350 –  dispuesta a cobijarse en el primer resquicio que le ofreciera el régimen para capear el temporal, en la no oculta esperanza de esperar a la definitiva extenuación de la dictadura para recibir sus despojos como premio a su paciencia. Negándose a reconocer que esa recompensa era completamente ilusoria pues esa degradación no era solamente el producto de la monumental y feérica incompetencia de los herederos del fallecido caudillo, un Deus ex Machina irreemplazable, sino que le era perfectamente útil a la tiranía castrocomunista perseguida por el chavismo desde su mismo nacimiento y a cuyo cumplimiento fuera comisionado por Fidel y Raúl Castro en medio de la agonía del caudillo.

Sobre esas ruinas, así argumentaban y continúan argumentando los sátrapas y cipayos que nos desgobiernan, podría construirse la sociedad perfecta: Cuba versión número 2. Se lo dijo con esas mismas palabras el entonces ministro de Planificación Jorge Giordani al presidente de PDVSA, general Guaicaipuro Lameda al comienzo mismo del gobierno de Hugo Chávez. 

Controlar electoralmente al país, acomodar a una oposición obsecuente, discutidora y leguleya en una sección del sistema de dominación – como hicieran las dictaduras satélites de la Unión Soviética -, mantener un organigrama electoral de estricto cumplimiento que, además de disfrazar la dictadura de democracia,  permitiera drenar el descontento y mantener permanente ocupados a los partidos opositores y perseguir y encarcelar a los disidentes que se negaran a pasar por el aro del régimen: ese fue el modelo estratégico de dominación mantenido y legado a Nicolás Maduro antes de su muerte por el mismo Hugo Chávez.

Se le cruzaron en el camino tres imponderables que echaron por tierra ese proyecto y provocaron la feroz crisis humanitaria y de dominación que hoy sufrimos y nos tiene al borde de una insurrección popular de incalculables consecuencias: se derrumbaron los precios del petróleo, Leopoldo López se desmarcó de la MUD para liderar una auténtica insurrección popular que sacudió el régimen hasta sus cimientos y desnudó ante el mundo su naturaleza dictatorial, criminal y totalitaria, viéndose el régimen obligado, finalmente, a llenar sus mazmorras con perseguidos políticos, incluyendo al mismo Leopoldo López y Antonio Ledezma.

Las fuerzas represivas militares y paramilitares – como ya es sistema – asesinaron medio centenar de jóvenes en el curso de las protestas del año 2014 y la Iglesia terminó por situarse junto a los sectores más duros e intraficables de la oposición, montando un auténtico muro de contención espiritual contra la tiranía.

Uno de los resultados residuales de la conmoción y toma de conciencia nacional provocada por la llamada SALIDA, fue la imposición de elecciones regionales en diciembre del 2014, cuyos resultados el régimen y sus fuerzas armadas se vieron en la obligación de aceptar: la obtención de la mayoría calificada ( 2/3 ) por los candidatos de los partidos opositores y la inmediata conformación de un espurio e inconstitucional Tribunal Supremo de Justicia con la misión de convertir a la Asamblea Nacional en un artilugio de utilería, hasta pretender anularlo, pasándole todas sus atribuciones directamente a Nicolás Maduro. El clásico golpe de Estado institucional contra la constitución, que conmoviera a la opinión pública internacional.

Pero todo ello tuvo lugar en medio de la emergencia de un inesperado protagonista en el campo internacional: el uruguayo Luis Almagro asumió la Secretaría General de la OEA, con el claro y definido propósito de restablecer la vigencia de la Carta Democrática y oponerse frontalmente a los desafueros dictatoriales del gobierno venezolano. Acompañado en su labor por otro cambio de consecuencias telúricas: la caída de los gobiernos del Foro de Sao Paulo, particularmente de Argentina y Brasil, el ascenso al poder del Perú de un demócrata de corte liberal y el sacudón que parece arropar a toda la región. Un ciclo, abierto con el golpe de Estado de Hugo Chávez en 1992 y consolidado con la conquista electoral del gobierno de Venezuela, llegaba a su fin. Esta vez no eran los demócratas venezolanos quienes estaban solos. Era el régimen.

Este año 2017 se ha abierto con el resurgimiento del protagonismo popular y democrático de las masas venezolanas, que plenamente conscientes de la naturaleza dictatorial del sistema y de su repertorio de trampas y celadas electorales se niegan a volver a someterse a las horcas caudinas del CNE, ha decidido asumir directamente la conducción de las luchas de liberación y exigir el desalojo inmediato de la dictadura, la liberación de los presos políticos y el inicio de la transición hacia la democracia del Siglo XXI.

Estamos a un paso de lograrlo. Jamás las circunstancias fueron más positivas y favorables al desalojo de la dictadura y la causa de la Libertad. Huérfano de todo respaldo y carente de medios como para aumentar aún más la represión y hundirnos en un baño de sangre, situado entre la espada y la pared, el régimen vuelve a asomar las ofertas de diálogo y promesas electorales. Pero esta vez no cuenta con su poder de encantamiento. ¿Logrará arrastrar una vez más a los corruptos sectores proto chavistas que lo han auxiliado en el pasado, como Henry Falcón, Manuel Rosales y sus esbirros tipo Timoteo Zambrano? ¿Tendrán Henry Ramos Allup, Julio Borges y Freddy Guevara la grandeza histórica de respaldar los afanes libertarios de nuestro pueblo en rebeldía? ¿Traicionarán la causa de Venezuela?

Es la pregunta que domina el escenario nacional. Analizar las profundas divergencias tácticas y estratégicas que se revuelven en su seno y debieran ser resueltas para asumir la política correcta – desalojo y elecciones generales – será el motivo de nuestra segunda parte.

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