Un rotundo no a una salida negociada, por: GUSTAVO CORONEL

NOTA DEL EDITOR: la extenuación, el agotamiento, hasta una bien intencionada permisividad, después de 18 años de yugo castro-chavista, hacen vacilar a algunos compatriotas en esta hora crepuscular del régimen, en cuanto a las formas o modalidades que deba revestir el epílogo de esta pesadilla.

La piedad, es una eximia virtud, intrínsecamente ligada, a una religión del amor, como lo es el cristianismo, pero es muy peligroso y engañoso el umbral que puede separarla de la lenidad, de una permisividad culposa. Estos comentarios no obedecen, solo, a un conflicto moral ante una u otra posición, son simple reflejo de una preocupación práctica y concreta, la gravedad gigantesca del daño causado a Venezuela, obliga a ser los mas fríos posibles en esta materia, nada se puede sacrificar en contra de la justicia, la única base perdurable parra una República por construir y diseñada para perdurar. También hay que cuidarse de los excesos de habilidad, que no, pocas veces resultan catastróficos y cito dos, sin abrir polémica al respecto: la candidatura simbólica de Rómulo Gallegos, en 1941 y el sobreseimiento de la causa contra Hugo Chávez , obra de los dos más importantes líderes de la democracia civil en el siglo XX. Salud.

ALFREDO CORONIL HARTMANN

Itaca 24 de abril de 2017.

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UN ROTUNDO NO A UNA SALIDA NEGOCIADA.

Luis Vicente León acaba de decir algo, ver: http://www.noticierodigital. com/forum/viewtopic.php?t= 66882
que es compartido por algunos venezolanos en su legítimo deseo de resolver la crisis del país. Dice León: la estrategia ganadora [para lograr la solución] es mezclar la subida del costo de reprimir con mecanismos que permitan reducir costos de salida. Lo otro será guerra”.

Lo que creo entender de lo dicho por León es que la combinación deseable para generar una solución al drama venezolano actual es hacerle al régimen más difícil seguir reprimiendo y, al mismo tiempo, darle al régimen una salida aceptable.  Según León lo primero debe venir acompañado de lo segundo. De lo contrario, habría guerra.

Creo que lo que dice León está animado de las mejores intenciones y parece estar respaldado por procesos “similares” de transición a la democracia que se han llevado a cabo en otros países.   Pero no estoy de acuerdo.  En el caso venezolano, la acción embrutecedora del chavismo le da una magnitud a la tragedia que representa un verdadero intento, parcialmente exitoso, de  genocidio cultural, un crimen que no admite negociación alguna.

Concuerdo con que al régimen hay que elevarle el costo de la represión. ¿Cómo? Al menos de dos maneras: (a), Mediante la presión internacional que no se ha ejercido aún en su grado posible y deseable; (b), mediante la utilización de formas creativas de protesta que no le den al narco-régimen excusas para un escalamiento de la represión.

El país debe mantenerse de pie y hacerlo saber al régimen y al mundo. Será preciso diferenciar claramente entre la violencia producto de la acción ciudadana, la cual es muy baja, y la violencia inducida por la acción represiva del régimen, la cual es muy alta. Aceptar que la violencia en las calles, la cual ya ha aparecido, debe llevarnos a abandonar nuestra protesta es hacerle el juego al narco-régimen. Eso no lo debemos permitir.

La violencia que existe en Venezuela proviene del narco-régimen. Debemos combatir la propaganda del mini- Goebels chavista, Ernesto Villegas y de sus asesores cubanos.  Debemos condenar al narco-régimen por la represión que está generando, la cual ha costado vidas venezolanas. La violencia del narco-régimen es ya objeto de rechazo mundial. No debemos abandonar la calle obligados por el chantaje propagandístico del narco-régimen. 

El costo de la represión del narco-régimen debe ser elevado a través de la denuncia ante los organismos internacionales y pidiendo la urgente intervención internacional, vía la OEA y la ONU, nunca a través de un retiro de las calles de la resistencia democrática.  

Lo segundo que nos plantea León es aún más crucial, pues va al corazón de nuestra identidad nacional. Se trata de si debemos, a fin de terminar con esta pesadilla, hacer concesiones, dar garantías, o hasta hacer un borrón y cuenta nueva con los gánsteres del régimen. Lo que se entiende es que debemos darle a los criminales del narco-régimen un salvoconducto para que se vayan del país a disfrutar de los miles de millones de dólares que eran de todos los venezolanos. De eso parece tratarse “la reducción de  los costos de la salida del narco-régimen”.  

Y en eso hay que trancarse. Eso sería inmoral. El chavismo se ha metido en sus bolsillos entre $300.000 y $400.000 millones de dinero que era del pueblo venezolano, ha asesinado a miles de venezolanos, ha perseguido, ha reducido a centenares de compatriotas a prisión, ha sembrado odio, ha confiscado propiedades de los venezolanos, ha robado, mentido, se ha reído y burlado de los venezolanos, los ha reducido a ser un pueblo miserable sin comida y sin medicinas. Y, ahora, para que la cosa se arregle, hay que dejarlos ir?

Mil veces no.

El proceso de ruina material y espiritual venezolana generado por la acción de la pandilla chavista en los últimos 18 años, necesita de la acción de la justicia. Porque si la justicia no funciona, funcionará la venganza. Y mientras la justicia es un instrumento civilizado, la venganza generalmente no lo es. Lo que vimos, por ejemplo, como retribución soviética a la barbarie nazi durante los últimos años del hitlerismo (La invasión soviética del territorio alemán en los últimos meses de la guerra) ofrece un modelo de terrible venganza que nadie debe imitar. La manera de evitar el ojo por ojo es, precisamente,  mediante la acción de la justicia. Con la pandilla chavista no puede haber arreglos porque ello conduciría  a una repetición, en el futuro,  de nuevas variedades de opresión, a la aparición de nuevos chavezuelos envalentonados por la impunidad de la cual disfrutaron los anteriores. Quien no castiga promueve el regreso del mal y deja la basura del crimen, sin barrer, debajo de la alfombra de la democracia.

La victoria en contra del narco-régimen debe ser convincente, como única vía para la recuperación moral de la Nación y de la dignidad de los venezolanos.  Que no se diga jamás que negociamos una salida con la narco-pandilla, invalidando así el sacrificio de miles de compatriotas, muertos, presos o en el exilio. Ello sería monstruoso.

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