ANDRÉS ELOY BLANCO ITURBE: “Carta a mis estudiantes”

Publicado el: Lun, May 1st, 2017

“Carta a mis estudiantes” por Andrés Eloy Blanco Iturbe.

Carta a mis estudiantes

En estas horas recientes, mientras el escepticismo me arropaba y la indignación y la impotencia avivaban mis temores ante las imágenes de increíble violencia, irracionalidad y brutalidad ejercida contra un pueblo desamparado, necesitado y desesperado, pensé ¿es posible ganar esta desigual lucha? ¿Vale la pena el sacrificio a costa de tantas vidas valiosas? ¿Habrá que retroceder, que resignarse, que refugiarse en el miedo y abandonar la pelea en aras de la vida, de la supervivencia, aún incómoda?

Algunos de mis alumnos me plantearon lo mismo. ¿Vale la pena arriesgarse tanto? ¿Qué se gana con eso…, que a uno lo maten?
¡Que miedo y que angustia! me produjeron esas preguntas

Mi respuesta es esta:
Estimados alumnos, mediten con cuidado lo que les voy a decir como si estuviéramos en la clase. Sin Libertad, se puede vivir, no es fácil, lo sé, hay que luchar por conquistarla. Sin Justicia, se puede vivir, es terrible, pero se debe luchar por obtenerla, pero sin Dignidad…, ¡sin Dignidad no se puede vivir porque sin dignidad no vale pena vivir.

Ahora, por esta vía, quiero razonar mi respuesta a mis estudiantes y a los que no lo son.
Imagino por un momento a Leopoldo López, héroe de la Venezuela por venir; a Antonio Ledezma, demócrata de la Venezuela por hacer; y a tantos otros presos, confinados en las macabras mazmorras de la dictadura; en los torturados y en aquellos que han ofrendado su vida por la causa de la Dignidad, de la Justicia y de la Libertad, porque ellos no quisieron ni quieren vivir de rodillas, ni insensibles ante la realidad espantosa que nos envuelve, sin oír los quejidos del dolor de un pueblo hambriento, sin poder gritar a los cuatro vientos ¡Queremos una Venezuela libre, justa y digna!

Entonces pensé o recordé a un hombre preso en la temible Rotunda y luego en el Castillo Libertador, en Puerto Cabello, preso por hablar, preso por creer y querer un país libre, victima como nuestros jóvenes de la arbitrariedad y la ignorancia. Aquel preso no buscaba el sacrificio ajeno por su causa lo que esperaba era el reconocimiento a la justa causa en primer lugar, y luego, la solidaridad con la justa causa, “lograr para su país un régimen de libertades basado en una Ley fundamental, que es la voluntad soberana del pueblo, que consagre la justicia como norma, la igualdad como condición y la libertad como conducta”

Allí, en las ergástulas de la tiranía aquel hombre, Andrés Eloy Blanco, sobrevivía en “la perfecta libertad de la esperanza”. Soñaba, a través de los barrotes de la cárcel, que el Castillo se convertía en “barco” y zarpaba hacia el mar ancho e inmenso de la Libertad.
Henos aquí compañeros,
Esperando la hora en que el Castillo zarpe
Y echemos por las bordas el lastre de los grillos
Y el gran barco de piedra ponga proa a la costa
Y ande sobre los montes como sobre las olas verdes,
Entre las muchedumbres combatientes…,

Un día, luego de siete años de cárcel, tortura y confinamiento, el barco del destino llegó al puerto esperado de la patria libre, y quiso ese destino poner en las manos de aquel preso los grillos del oprobio que tantas veces encadenaron sus tobillos, pero esta vez, para lanzarlos al mar, para que se desaparecieran para siempre entre las olas, pero no en el recuerdo y la conciencia de cada venezolano. Entonces dijo: Hemos echado al mar los grillos. Y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela.
Tantas veces me pregunté, ¿por qué. ¿Por qué tanto sufrimiento? Ahora lo entiendo. Fue por la Venezuela joven que debía nacer. El fue a la cárcel para que nosotros, sus hijos, viviéramos en libertad, el sufrió tortura para que sus hijos vivieran en dignidad, el fue al exilio y murió lejos de su tierra, para que nosotros viviéramos libres en nuestra patria.
Ahora entiendo porque debo luchar sin pausa, con miedo, sí. pero con la convicción de que esta lucha es por mi hijo y por los hijos de los hijos.
La lucha es por cada uno y por todos, por Venezuela, sí, la del estudiante sin porvenir que escarba entre las nubes de gases lacrimógenos, buscando un camino que lo lleve al futuro en libertad; por los hombres viejos que han dado todo, cosechando hijos y canas en esta tierra y que hoy se crispan de espanto y aguardan, con el miedo en el alma, el regreso del hijo o del nieto, o la medicina que no se encuentra para prolongar su vigilia y su esperanza; sí, por ti Patria querida la de la Madre sin paz y el niño enfermo; por ustedes mis estudiantes que con su valor demostrado han heredado la responsabilidad de hacer de Venezuela – unidos – la mejor y más valiente Patria de América.

Me despido, hasta la próxima clase, dejándoles para su reflexión y ánimo un cuento en forma de verso que mi padre nos contaba en el exilio.
Así juntó Giraluna
El cuento con la parábola
Y encontró su voz de niño
Para cantar a la Patria.
Nuestros dos hijos escuchan;
Giraluna cuenta y canta:
-La reina rompió el espejo
y no le valió de nada;
en vez del espejo grande
mil espejitos quedaban.
Fue como romper un vaso
Y quedar mil gotas de agua.

En vez del espejo grande
Que hablaba con una boca,
Quedaron mil vocecitas
Gritando la misma cosa:
-Aunque rompas los espejos
y derribes el palacio,
la más bella es Blanca Nieves,
que está en la montaña de los siete enanos.

En vez del espejo grande
Mil espejitos quedaron,
Que echaban a las orejas
Mil vocecitas de enanos.

Pero allá viene la hermosa,
La reina murió en palacio;
Ha llegado Blanca Nieves;
Detrás, un millón de enanos.

Llega al tocador vacío,
Recoge el espejo roto,
Va empatando los pedazos,
Va soldando los despojos,
Disuelve las vocecillas
Y empieza a mirarse el rostro;
Mil voces son una voz,
Mil espejos, uno solo;
Con mil vidrios hace el vaso,
Con mil gotas hace el sorbo
Y con el millón de enanos
Hace un hombre, un hombre solo.

Fuente: Andrés Eloy Blanco Iturbe

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