“Maldito sea el tirano” por @luisdalvarezva

El Columnero

Política

LUIS D. ÁLVAREZ V.

El tricolor nacional campeaba por las calles exigiendo libertad, mientras la dictadura cada día daba muestras de lo sanguinaria que podía ser y de estar dispuesta a cualquier cosa. Como el tirano notaba que su período culminaba y que en elecciones libres perdería el mando ante la organizada oposición, optó por poner las decisiones del país en una Asamblea Nacional Constituyente que lo elegiría por otro período. La pobreza y la insatisfacción de las necesidades básicas se hacían cada vez más notorias, mientras los gases lacrimógenos y los chorros de agua de carros militares tapizaban el aire de las principales ciudades.

En la medida que transcurrían los días el desespero del gobierno lo llevó a incurrir en errores marcados como descalificar a la prensa extranjera e irrumpir en las Iglesias para reprimir y castigar los mensajes en los que desde la fe se pedía la libertad y la democracia, todo ello en el marco de una enorme censura de prensa donde muchos medios fueron cerrados y los que quedaban, eran panfletos afines al régimen, o guardaban un silencio cómplice para mantenerse, por lo que se hizo necesario recurrir al periodismo independiente.

La represión contra estudiantes y profesores era cada vez más dura, llevando a que muchas instituciones quedaran vacías, pues la gente salía a protestar. El régimen, con su ceguera característica arremetió contra las universidades hablando de cerrar e intervenir cualquier centro que no funcionara con normalidad, a lo que los académicos respondieron de manera vehemente y emocionada que ninguna autoridad tenía un gobierno bárbaro que perseguía cualquier asomo de cultura. Luego el régimen tratando de desmovilizar, suspendió las clases.

Aunque el mandatario y su entorno, grotescamente enriquecidos mientras la población pasaba hambre, decían estar tranquilos, la seguridad alrededor del palacio de gobierno era exagerada, sumado a que personeros ligados directamente al régimen abandonaban el país. El piso político del gobierno era precario y solo se sustentaba en una despiadada acción militar, en un aparato de miedo y en una propaganda que lo erigía como fundamental para el progreso, aunque internacionalmente la imagen estaba rota y a leguas se notaba que el país vivía una dictadura.

El 10 de mayo de 1957 Rojas Pinilla, aquel hombre al que el sacerdote Severo Velásquez en medio del allanamiento a su iglesia la Porciúncula  le gritó “maldito sea el tirano. Maldito el hombre que ha llevado al país a esta situación”, tuvo que renunciar y marchar al exilio. La unidad absoluta de la oposición que demostró la enorme madurez de saber dejar de lado sus diferencias, la acción concreta y valiente de empresarios, sindicatos, estudiantes y dirigentes gremiales y la absoluta convicción de una sociedad que soñaba con la libertad, hizo que la asesina dictadura de Rojas Pinilla y su macabro aparato criminal de perpetuidad sucumbieran. A sesenta años de su huida quedan varias enseñanzas: la primera es que por más sanguinarios y fuertes que parezcan, los gobiernos totalitarios fenecen y la otra es que ni el gas, ni los perdigones y menos el uso abusivo y parcial de la justicia impiden que en los pueblos se dé un amanecer de esperanza.


Luis D. Álvarez V.  –  @luisdalvarezva

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