ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA: Los tontos útiles del castrocomunismo…

LOS TONTOS ÚTILES DEL CASTROCOMUNISMO CUBANO

 

Los títeres nos han traicionado ante el invasor cubano. ¿Lo permitiremos? ¿Cuál será el desenlace? El capítulo está abierto. Su resolución depende de nosotros.

 

“Maduro no importa. Es simplemente el tonto útil,

el títere de quienes realmente mandan en Venezuela”

Moisés Naim, El País de España, 14 de mayo de 2017

 

Antonio Sánchez García @sangarccs

           

En una requisitoria implacable publicada el 14 de mayo recién pasado en el periódico El País, el más prestigioso del hemisferio de habla hispana, Moisés Naim, el más famoso y destacado analista político venezolano, realizó una vivisección de la satrapía venezolana de lectura obligada para quien pretenda enterarse de lo que ocurre en nuestro país. (http://elpais.com/elpais/2017/05/13/opinion/1494697154_543336.html). No le dejó hueso bueno a sus dos máximos administradores, que con todo el rigor profesional de uno de los más afamados y prestigiosos analistas internacionales del planeta que impusiera su lucidez, experiencia y solvencia dirigiendo Foreing Policy, el bimensual estadounidense, describe con toda propiedad como títeres al servicio de la tiranía cubana a los dos factores que cumplen fielmente con el mandado de devastación, destrucción y muerte que les ordena la Nomenklatura del terrorismo de Estado cubano, en manos de Raúl Castro y Ramiro Valdés: Nicolás Maduro, el agente, y Vladimir Padrino, el esbirro.

 Del primero no cabían dudas. Militante de la ultra izquierda venezolana desde sus tiempos de estudiante secundario – jamás inició estudios universitarios -, hay suficientes testimonios de su pasantía por las escuelas de cuadros cubanas. Y su posterior cooptación por sus servicios de seguridad. Supo ponerse al servicio del teniente coronel Hugo Chávez mientras sufría cárcel y esperaba condena por el golpe de Estado que fracturara para siempre el Estado de Derecho hasta convertirse en el clásico aparatschik al servicio de los sistemas represivos de corte soviético. Ganándose su confianza y la de los hermanos Castro sirviendo como un amanuense silencioso y discreto a cargo de la política exterior del que ya era un Estado subordinado a las decisiones de la tiranía cubana. Nada más natural que heredar el cargo de Hugo Chávez una vez apartado del escenario político por la extraña muerte que terminara abruptamente con sus días. Su victoria electoral no fue sorpresiva: una oposición rendida a los mecanismos electorales del sistema castrovenezolano la aceptó como un hecho natural. Fue, como todas las elecciones celebradas en Venezuela por lo menos desde el Referéndum Revocatorio del 15 de agosto de 2004, un fraude en toda regla. El verdadero triunfador, Henrique Capriles, consideró oportuno no hacer olas.: retiró todo reclamo.

 A pesar de la manifiesta tramoya de irregularidades que rodearon tales elecciones y las evidentes violaciones a las normas que antecedieron y signaron la designación de Maduro al frente del régimen, un país electoralmente avasallado, las dio por  buenas. Sin advertir que tanto la misteriosa muerte de Hugo Chávez, cuya agonía fuera descaradamente ocultada por los informes que rendían el mismo Maduro como el cogollo político familiar que impedía un exacto conocimiento del desarrollo y evolución de su enfermedad – en rigor no hubiera podido presentarse en condiciones de un cáncer terminal a las elecciones presidenciales de 2012 y ganarlas, pues estaba físicamente incapacitado para detentar y ejercer el mando, como en efecto – como la designación de su candidatura a sucederlo dictada por el moribundo en su última aparición televisiva, a principios de diciembre de 2012, fueron la más evidente señal de que la tiranía cubana había terminado por apropiarse del Poder en Venezuela, poner a uno de sus lacayos al frente del mismo y terminar por estrangular todo atisbo de independencia del Estado venezolano.

El secuestro auto consentido del caudillo y el control de su enfermedad y muerte, en uno de los capítulos más sórdidos de manipulación colonialista protagonizados por la tiranía cubana, constituyeron la esencia del proceso que puso fin a la independencia de Venezuela y dio inicio a la existencia plena de la satrapía.

No sólo la muerte, sino y sobre todo las exequias: los restos del teniente coronel no llegaron a Venezuela hasta que el régimen transicional no estuvo montado, decidido, oleado y sacramentado. El entierro de lo que se supusieron los restos de Hugo Chávez coincidió con el entierro final de lo que iba sobreviviendo de la Venezuela independiente.

 Faltaba la culminación del trabajo de orfebrería: apoderarse en pleno de las fuerzas armadas. Cerrando con ello el círculo de la dominación. Una tarea que debió precipitarse dado el agravamiento de la situación económica y social del país. No sólo muere el caudillo, sino que los precios del petróleo sufren una baja catastrófica y la absoluta inoperancia del agente a cargo de la administración de la satrapía hunde la economía en la miseria. Venezuela se precipita a los abismos.

 Sin la intervención voluntariosa y decidida de Leopoldo López y su partido Voluntad Popular que convoca en febrero de 2014 a la movilización popular contra los abusos del régimen, provocando la rebelión estudiantil que conmueve al mundo, la transición a la dictadura cubazolana hubiera podido cumplirse sin mayores traumas.

De hecho, la dirección opositora cobijada en la llamada MUD había dado por hecho que se seguiría la ruta electoral dictada por el CNE, esperando su culminación en las regionales del interregno y las presidenciales del 2019. Quedó claro, entonces, que el régimen impuesto por Cuba en Venezuela era una dictadura con pretensiones totalitarias.

El agravamiento de las condiciones de vida del venezolano produjo el más sorprende e inesperado de los milagros: la oposición arrasó en las elecciones de diciembre de 2015, obteniendo la mayoría calificada de la Asamblea, arrebatándole al régimen su bastión legislativo y asomando el jaque mate institucional a la satrapía.

 ¿Cuánto invirtió entonces el régimen, bajo las órdenes cubanas,  para terminar de someter al Estado Mayor, cooptar definitivamente al general Vladimir Padrino como la ficha armada del cogobierno y decidir aplastar de una vez por todas y con todo el peso de “la Ley” y “las armas” al pueblo venezolano?

Moisés Naim no da la respuesta. Pero pone suficientemente en claro tres hechos: Maduro es un agente cubano, Vladimir Padrino y sus fuerzas armadas están, absolutamente y sin aparentes rupturas internas,  al servicio de la tiranía cubana y Cuba es el máximo detentor del Poder de Venezuela, convertida en colonia castrista.  Venezuela se encuentra bajo el mando de un sátrapa, sometido por sus propias fuerzas armadas de ocupación y puesta ante la tragedia de tener que luchar derramando su sangre para volver a conquistar su perdida independencia.

 Los títeres Maduro y Padrino han cumplido su tarea. Han traicionado a Venezuela ante el invasor cubano. ¿Cuál será el desenlace? El capítulo está abierto. La suerte está echada. Su resolución depende de nosotros. De más nadie. El destino de la Patria está en juego. Se libra hoy por hoy en las calles de Venezuela.

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