PÚBLICAS Y PRIVADAS Por Eduardo Casanova

PÚBLICAS Y PRIVADAS

Por Eduardo Casanova

Así como es muy difícil que los extranjeros entiendan que Venezuela es muy distinta al esto de Hispanoamérica, que no tiene aristocracia ni una derecha poderosa, es casi imposible que entiendan que aquí el sector privado existe en la medida en que el sector público se lo permita. Y eso ha sido así desde que en la década de 1930 el país se convirtió en decididamente petrolero.

Quien quiera invertir en una fábrica de lápices va a depender exclusivamente de que el gobierno le permita existir, porque la mayoría de sus ventas será a oficinas de gobierno, empresas del estado, gobernaciones, etcétera, una buena parte irá a empleados públicos y sus familiares, y apenas una minoría exigua irá a los particulares, de modo que un boicot del sector público lo hará quebrar en un santiamén.

Por otra parte, las empresas privadas dependen de su productividad, de modo que si un empleado o un obrero no rinde, es despedido sin contemplaciones, en tanto que el sector público depende de la fidelidad política, y quien sea del partido o recomendado por un jefe político puede ser reposero o robar o no tener idea de lo que hace y está atornillado en su cargo.

Por eso las empresas públicas no funcionan y son ineficientes. Y las pocas excepciones que ha habido no hacen sino confirmar esto último, como ocurrió por mucho tiempo con las petroleras, que deliberadamente eran operadas con criterios de empresas privadas, con meritocracia y todo, hasta que el bárbaro, narcisista, demagogo e inepto de Chávez cambió las reglas del juego.

Desde la década de 1930 hasta 1999, los políticos entendieron perfectamente que tenían que tolerar, y hasta fomentar, la existencia de empresas privadas: alguien tenía que ofrecer bienes y servicios a la población o el país se vendría abajo.

Al llegar al poder un grupo de resentidos, corrompidos, demagogos y carentes de la más mínima formación intelectual y política, el sector público dejó de tolerar al privado y ocurrió lo inevitable. Escasez, corrupción, ineficiencia, ruina. El país se derrumbó y prácticamente dejó de funcionar.

Las pocas empresas privadas que han subsistido, como la Polar, lo han hecho con sacrificios increíbles y porque tienen ingresos provenientes del extranjero que les permiten superar las enormes pérdidas que sufren en Venezuela. Y además tienen que soportar insultos y calumnias por parte de los pésimos gobernantes y sus corrompidos o ignaros seguidores.

Una de las tareas más complicadas que tendrá el país cuando salga de los chavistas va a ser reconstruir el sector privado, que es en realidad la única pata indispensable de la mesa. Ya se vio lo que ocurre cuando no funciona bien. Y ojalá que se haya aprendido bien la lección. Que las muertes que ha causado no sean en vano. El porvenir de la patria verdadera depende de eso.

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