EDUARDO CASANOVA SUCRE

VENEZUELA IMÁN

Por Eduardo Casanova

 

Como decíamos ayer, la clase alta venezolana, la aristocrática clase de los mantuanos, desapareció por la guerra de independencia. Un 80% de sus varones murió, y sus propiedades fueron repartidas entre los oficiales y soldados patriotas.

Eso no significó que desapareciera la división de clases en el país, sino que en vez de una aristocracia hereditaria se formó una plutocracia variable, basada en la riqueza material, en la que una familia podía estar por un tiempo para luego desaparecer y pasar a la clase media, que también se hizo variable, lo que creó una movilidad social inexistente en el resto de Hispanoamérica.

Eso se vio reforzado por la Guerra Federal y muy especialmente por el petróleo. Y a mediados del siglo XX apareció un fenómeno que tuvo una gran influencia en el país: la inmigración masiva. Se dijo entonces que Venezuela se había convertido en un gran imán que atraía a gentes de todas las condiciones y de diferentes partes del mundo. La inmigración masiva de los años 50 no fue nada uniforme, y se repartió proporcionalmente en las tres capas sociales del país.

Hubo profesionales y gentes pudientes que se ubicaron en la plutocracia, hubo profesionales y gentes de trabajo que se ubicaron en la clase media y la hicieron crecer con gran vitalidad, y hubo proletarios, especialmente provenientes de Colombia y otros países de Hispanoamérica que cayeron en la clase marginal hasta convertirla en un verdadero cáncer.

Por desgracia ese imán atrajo también a gentes mucho peores que los marginales o marginados: a los aventureros que se habían apoderado de Cuba y que hicieron de Venezuela un botín apetecible, y que encontraron en un puñado de vendepatrias, muchos de ellos soñadores encandilados pero otros simplemente resentidos, un núcleo de cómplices para su lamentable fechoría.

Los gobiernos democráticos no pudieron cumplir del todo su función para absorber esa inmigración indiscriminada, especialmente la proletaria, que sacó millones de dólares para ayudar a sus familiares en sus países de origen. Y eso agravó la situación económica y social del país.

Pero eso hubiera sido manejable de no haberse presentado en el cuadro el deleznable militarcito narcisista, demagogo, inepto, vendepatria y corrupto que junto con sus cómplices narcomilitares acabó con la democracia y con el país, que le fue entregado en bandeja de plata a la dictadura cubana que actúa como un terrible parásito o una bacteria mortal y causa la muerte por hambre o por mengua, y ahora por asesinato, de miles de venezolanos.

La lucha que hoy se produce en el país se ha convertido en la una guerra de independencia, no solo para recuperar la democracia y la prosperidad, sino para echar de nuestro territorio a los parásitos cubanos y a sus cómplices vendepatrias. No será fácil, como tampoco lo será recuperar la economía del país, pero eso no es tan grave, porque una de las cosas que hay que evitar es que Venezuela vuelva a ser un imán que atraiga a mucha gente, porque los imanes no solamente atraen metales útiles, sino también escoria.

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