UN VOLCÁN QUE SE DESBORDA, por Antonio Sánchez García

UN VOLCÁN QUE SE DESBORDA

Basta abrir los ojos y asomarse a las calles para comprobar que no se trata de algunos miles de manifestantes que expresan su descontento ante la devastación en marcha. Se trata de millones y millones de ciudadanos que perdieron el miedo, han tomado conciencia de su gigantesco, su colosal poderío, y no están dispuestos a perder lo más valioso que saben poseer, sus vidas, inútilmente. Es un volcán desbordado, en erupción. Una fuerza irreversible, incontenible, irrevocable que se desborda como una avalancha que nada ni nadie logrará detener.

Antonio Sánchez García @sangarccs

           

      La voluntad política se salió de madre y el deslave de sus cauces: en Venezuela la revolución echó a andar, gritó ¡basta! y ello porque, como dijese el otro argentino aquel, el de muy triste, inútil y lamentable recordación, “esta gran humanidad ha dicho «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente…”

             No es que haya muertos útiles y muertos inútiles. La muerte es la gran, la inútil tragedia, más si los muertos son niños o jóvenes asesinados por pretender abrir los portones de su futuro y han caído bajo las órdenes de hampones y asesinos políticos, terroristas y narcotraficantes, ladrones y facinerosos. Lo grave, lo aterrador, lo imperecedero es cuando a la muerte se le reacciona con otra muerte, la contra muerte de la venganza y las manos del pueblo se manchan con la sangre que se pretende justiciera. Es el reino del horror. Del que ya estamos a un paso. No por culpa de la Independencia a la que se aspira, la justicia que se pretende y la felicidad que se anhela. Sino por odio, por rencor, por venganza ante la sanguinaria crueldad que borbotea en los corazones de la barbarie uniformada, que se apoderó del Poder tras las órdenes de un gánster, de un mafioso, de un farsante, de un canalla llamado Hugo Chávez. El primero en probar del amargo cáliz de la muerte, sibilina y mefistofélicamente servido por aquel a quien creyó un padre putativo. Fidel Castro. Para que la faena del verdugo cayera sobre los hombros del agente desalmado, encargado de la destrucción de Venezuela.

             Leo con horror que un teniente de la Guardia Nacional de nombre Danny José Subero, presuntamente infiltrado de civil para grabar a los participantes en las exequias del joven Manuel Sosa, asesinado por la Guardia Nacional durante un enfrentamiento en Valle Hondo, en Lara, ocurrido el jueves pasado, fue amarrado, desnudado y golpeado hasta causarle la muerte. Un linchamiento como los que han comenzado a proliferar y sin duda ninguna seguirán proliferando de no detenerse el terror de Estado desatado por los esbirros de la tiranía cubana que aún detentan el Poder en Venezuela.

             Supone una escalada de graves consecuencias. Si hasta ahora la indignación popular se limitaba a detener a algunos colectivos, desnudarlos, atarlos a postes, humillarlos y quemarles sus motos, perdonándoles sus vidas, sucesos como han comenzado a verse por las redes desde hace algún tiempo, la implacable ferocidad de los esbirros de la GN eleva la apuesta y desata las reacciones de la barbarie justiciera que acecha en quienes llevan años sometidos a la sevicia del madurismo. Sólo un estúpido puede creer que desatados los instintos, habrá quienes se crean en capacidad de controlarlos, así sea poniendo todos sus efectivos en las calles. ¿Vencer algunos miles de guardias armadas a millones de enfurecidos ciudadanos? Yo te aviso, Chirulí. 

            Basta abrir los ojos y asomarse a las calles para comprobar que no se trata de algunos miles de manifestantes que expresan su descontento ante la devastación en marcha. Se trata de millones y millones de ciudadanos que perdieron el miedo, han tomado conciencia de su gigantesco, su colosal poderío, no tienen nada más que perder y no están dispuestos a perder lo más valioso que saben poseer, sus vidas, inútilmente. Es un volcán desbordado, en erupción. Una fuerza irreversible, incontenible, irrevocable que se desborda como una avalancha que nada ni nadie logrará detener. A no ser la renuncia del presidente del gobierno y el desalojo de todas las autoridades. A la cabeza de las cuales los principales responsables por las matanzas y expolios, los saqueos y robos, los crímenes e iniquidades. No será con el mazo dando: será con el mazo recibiendo.

            Escríbalo.

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