VIRGINIA RIVERO: 18 años + 60 días de sangre, sudor y lágrimas

18 años + 60 días de sangre, sudor y lágrimas

18 años + 60 días de sangre, sudor y lágrimas

RCL les invita a leer a Virginia Rivero.-

Virginia Rivero

El Balance de 60 días de un bravo pueblo en protestas es casi un parte de guerra:   69 asesinados a mansalva en todo el país; 2.977 detenidos en su mayoría jóvenes, 316 mujeres y  196 menores de edad.  Adicional a los ya  309 presos políticos que acumula el régimen.  Sesenta días + 18 años resistiendo para no ser devorados por la máquina totalitaria pueden parecer una eternidad dependiendo de la óptica en que se mire.  Estamos ante el dilema del vaso de agua: Si eres optimista verás el vaso medio lleno y te falta poco para llenarlo. Si eres pesimista, veras el vaso medio vacío y se continuará vaciando.

Me ubico del  lado optimista   y digo como Winston Churchil  “soy optimista, no parece muy útil ser otra cosa”  Fue el mismo que durante la II Guerra Mundial le pidió a su pueblo “sangre, sudor y lágrimas.  Paso a contar…  ¿Porqué soy optimista?

Antes de comenzar a escribir estas líneas, estuve pensando en la terrible represión de estos 60 días y particularmente,  la del día de ayer en Caracas en la cual la gran mayoría  de las personas que se retiraban luego de manifestar en forma cívica y pacífica,  fue herida, golpeada, asfixiada con gases,  cercada robada y aterrorizada por miles de hombres de negro,  en motos y a pie,  con cuerpos y rostros tapados.

No  estuve presente pero observo cada vez más saña, perversidad y maldad en la represión. Veo  una nueva modalidad de rostro en capucha,  que hace al  represor no identificable pero claramente al servicio del  poder opresor.   Con y sin rostro cubierto estos hombres y mujeres son la muestra de un régimen agónico, perverso, degradado y van a responder por las violaciones a los derechos humanos de cientos de miles de civiles que manifiestan sus descontento de forma pacífica y cívica en todo el país.

Todos en pelotón van a responder de ello al lado de sus jefes y cadenas de mando más temprano que tarde. Entre los heridos, supe se encontraba el hijo de una vecina.  El chamo vecino  y su primo  fueron heridos por perdigones  disparados directo al cuerpo en diferentes puntos de las Mercedes dónde se encontraban resguardándose de la represión con gases y ballenas de agua.

Uno de ellos fue herido en la mano y el otro, en el pecho.  Mis amigos, al igual que todos los padres y familiares deambularon hasta la noche por toda Caracas procurando la cura de sus heridos en centros de salud colapsados,  carentes de todo tipo de insumos pero plenos de bondad en los médicos y enfermeras que atienden.   Esa ruina de los centros de salud es parte del drama que nos ha llevado a protestar y exigir ayuda humanitaria del extranjero.

Previendo que podían estar agotados esperé al día de hoy para llamar a mi vecina y saber cómo se recuperaba el chamo de sus heridas.  Oh sorpresa!   Mi amiga, como todas las madres de este país me contó de su gran angustia, el horror que pasaron para curarle la mano y que no pudo dormir anoche.  Pero en esta nueva mañana,  ella  lloraba de impotencia porque no  pudo retener a su hijo en casa.  Hace minutos con su yeso en la mano,  el joven la apartó y le dijo: “mamá me voy de nuevo porque mi deber  está en luchar por mi país por encima de tu llanto y los dolores

¿Qué significa esto?    Que jóvenes, mujeres, hombres, ancianos, trabajadores,  educadores,  indígenas, profesionales y gente de a pie, en toda Venezuela estamos  dispuestos  por encima de toda consideración personal, sin contar horas ni días,  a defender  nuestros derechos y  a desafiar el poder  y su represión hasta lo inimaginable.    En toda Venezuela se levantan voces de rebeldía sin miedo, que pacíficamente pero decididos reclaman defender el cumplimiento de la constitución y las leyes. Piden respeto a la  dignidad, reclaman justicia y reparación;  piden salud, alimentación, servicios básicos, comida y medicinas.  Se lucha pacíficamente por mantener nuestra identidad como Nación: están en juego  200 años de República con identidad democrática, civilista, pluralista y diversa.  Está en juego  nuestra condición de pueblo que ama la paz, la tolerancia, la solidaridad y la convivencia fraterna.  Y por eso, Venezuela está en la calle y seguirá en la calle hasta ver el cambio político que anhela.

Una ideología perversa nos ha conducido durante 18 años + 60 días, por los caminos del odio, la división, la lucha y el enfrentamiento fratricida.  Y el  poder originario que reside en el pueblo, está  hoy amenazado por una  confabulación de Asamblea Constituyente que pretende ahogarlo, sofocarlo y suprimirlo con una nueva constitución que sólo busca matar la democracia. Hace poco el Cardenal Porras en Mérida afirmó “estamos ante un proyecto razonablemente injustificable, éticamente ilegítimo y moralmente intolerable”.

Es evidente que el régimen carece de toda autoridad moral y política para representar  y convocar a un pueblo que -en abrumadora mayoría- no lo quiere y lo repudia.  Un régimen que desconoce el poder soberano  y que  sin consultarlo convoca a una  Constituyente manipulada, engañosa, falaz, fraudulenta e ilegal,  es un régimen que será derrotado.  Esa Constituyente que será rechazada con la fuerza de la razón y la determinación de un pueblo que no claudica sus derechos, defiende su democracia y su libertad.

Ante todo esto,  con optimismo, Venezuela sigue luchando, manifestando, no se rinde, persiste, insiste. Nuestra juventud  va a  la cabeza junto a sus líderes.  Están juntos en la vanguardia con toda su rebeldía y esplendor valioso.   Bellos!  …  con sus escudos de cartón y madera;  con sus cascos multicolores y hasta sin ellos;  a pecho pela’o en la lucha.  Nuestros jóvenes  “la ley respetando, la virtud y el honor”  como dice el Himno Nacional,  pulverizarán  el decrépito y corrupto poder para dar paso a la Venezuela que nos convoca a todos, plural,  fraterna y solidaria. Mucha esperanza, redoblar esfuerzos, mitigar el dolor con la fe siempre puesta en Dios Misericordioso,  pero en la seguridad que el triunfo está cada vez más cerca.

Virginia Rivero

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