JORGE RAMOS GUERRA: Del linchamiento a María Magdalena, al de Fuenteovejuna y Valle Hondo

Picapedrero

<<Porque la ley del amor, la verdad y  la justicia

 existe inmanente en el  alma colectiva,

así estén suspendidas  parcial o totalmente  las garantías>>

Luis Beltrán Guerrero

Mucho antes que el capitán William Lynch en los Estados Unidos, promoviera el linchamiento de su propio hijo, en tiempos de Jesús, nos cuenta el profeta  Juan, que una mujer fue sorprendida en adulterio, siendo apedreada: … /8:1-7 Pero Jesús se fue al monte de los Olivos.  Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles.  Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús:

―Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio.  En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?

Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y, como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: — Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra/

Siglos después el dramaturgo español López de Vega escribiría  en 1556, su obra “Fuenteovejuna” inspirado en un hecho real  del año de 1476, cundo los ciudadanos de aquel pueblo mataran a su Comendador Mayor, Hernán Pérez de Guzmán, por los agravios a que eran sometidos y quienes en las pesquisas para aprender a sus autores, asumirían una responsabilidad colectiva:

“-¿Quién mató al Comendador?

-Fuenteovejuna, Señor.

-¿Quién es Fuenteovejuna?

-Todo el pueblo, a una.”

En la Venezuela, militarista chavista, corrupta y narcotraficante, los linchamientos han estado presente como nunca antes, en principio como “fenómeno social” según los sociólogos y juristas, entre ellos Max Weber y ahora, como “fenómeno político” llevados a cabo durante las protestas  iniciadas en el mes de abril, cobrando una vida  más, en la comunidad de “Valle Hondo”, municipio Cabudare, estado Lara, el pasado 27 de mayo de 2017, que debe enfrentarse, no con criterios de venganza, porque no están de un todo aclarado las motivaciones, sino con visión de futuro, una vez consumados los hechos, para qué no se  vuelvan  a repetir, porque todo linchamiento es reprochable, hasta donde el Estado, monopolizador de la violencia legítima, no sea quien linche y sobre esto último, los estudiosos de esas circunstancias consideran, que ese monopolio de la violencia en manos del Estado Moderno, que garantiza el derecho a la vida, debe estar sustentado en el “Principio de la Legalidad” dispuesto en la vigente Constitución venezolana,  en sus artículos del 137 al 140, que todo ciudadano debería conocer y que, en una supuesta Constituyente sería sustituido o “inexistente” al declararse  un “Estado  Militarista y Comunal Chavista de Asalariados” (EMYCCA) donde lo anterior seria un estorbo constitucional que es el fin a imponerse.

Para los catedráticos de las Universidades de Chile y Buenos Aires, Loreto Quiroz y Leandro Gonzales (2013) <<De acuerdo a lo señalado, los linchamientos representan, una subversión del orden social propio de los Estados Modernos y en este sentido constituyen un fenómeno digno de estudio… implican el despliegue de violencia colectiva de origen no estatal que tiene por el objeto castigar a supuestos responsables de la comisión de acciones, que son reprochadas por quienes participan del ejercicio de esta violencia>>

 Ahora bien, al hablarse de “violencia colectiva” es remitirnos a una crisis de autoridad, ausencia de valores y sobre todo de injusticia en estos casos procesales, por lo cual ¿Qué se puede esperar, de una sociedad a quien se le garantiza la tutela judicial y el Debido  Proceso, además de los Derechos Humanos, consagradas en Tratados Internacionales que les  son desconocidos  sin escrúpulos, por un tal general Benavides, que se ufana en decir: —  No temo ser acusado de violar derechos humanos.–? Que puede esperar, de miles de procesados, a la espera de juicios o juzgados, no por sus  jueces naturales sino militares, en delitos que no son de sus competencias, y peor aún, amparando delincuentes afectos al régimen? Y las respuestas deben buscarse, no en quien lincha, sino ¿Por qué se lincha? Lo que permite responsabilizar en primer lugar al Estado, luego al mismo ciudadano agredido y agresor, sin detenerse en las circunstancias, que motivaran a su acción o comisión del hecho, por el que debe velar ese Estado, que prevé incluso “indemnizaciones” a las víctimas y sanciones, a los responsables de actuar, a espalda del “Principio de la Legalidad”. Lamentablemente nuestras leyes son para aplicarlas para tapar o evitar un escándalo, proteger al fuerte frente al débil y en esos casos el agredido, el desamparado y marginado de un Poder Judicial parcializado, recurre al derecho natural en su legítima defensa y cuando ello se manifiesta es porque no existe un Estado de Derecho, sino un “Estado Fallido” según lo define el doctor Amado Carrillo Gómez, en su reciente libro del mismo título.

 Ya en una ocasión, al tener conocimiento que en Barquisimeto, los cuerpos policiales capturaban a  delincuentes que les ponían a las ordenes de los fiscales del Ministerio Público y estos a los jueces, eran puestos inmediatamente en libertad, en común acuerdo, por tratarse de “cooperantes del régimen” volviendo a sus correrías, lo que motivara a linchamientos en algunas comunidades y como tal lo denunciamos, sin haber tenido eco, en  instituciones, menos en la propia sociedad civil. De allí la gravedad de “linchamiento” cualquiera que sea su origen y su responsables el Estado, llámese comunal, militarista, comunista, corrupto, narcotraficante o democrático, ¡contra, el que hay que ir¡

 

Jorge Ramos Guerra 

ardive@gmail.com

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