EDUARDO CASANOVA SUCRE: 80 MATAS…

80 MATAS

Por Eduardo Casanova

Cuando yo era niño, cuando nos establecimos definitivamente en Caracas después de haber vivido en Barquisimeto, Maracay y Ciudad Bolívar, lo hicimos en una casa más bien modesta en la Avenida Arismendi de El Paraíso.

Lo de Arismendi era en honor de un hombre de muchos méritos. Juan Bernardo Arismendi, que fue el urbanizador de El Paraíso y otras zonas de la capital, pero lo de “avenida” era bastante discutible, porque era (y es) una calle de apenas dos cuadras que empezaba frente a la entrada del antiguo hipódromo y terminaba en la entrada de un barrio marginal, que tenía (y tiene) el pomposo nombre de “Brisas de El Paraíso”.

Los muchachos de la Avenida Arismendi, como los de toda Venezuela y supongo que los de muchas partes del mundo, solíamos jugar al escondite. Uno, el que había perdido una rifa, era el encargado de buscar a los demás, los que se habían escondido. Para ello tenía que pegar el rostro a un tronco o a un poste y sin ver a los demás empezar a contar en voz alta, clara e inteligible, hasta cuarenta, y entonces proclamar aquello de “cuarenta matas”, que señalaba el fin del período de que disponían los demás para esconderse.

Empezaba entonces la cacería, en la que cada uno de los escondidos trataba de llegar al tronco o el poste y el que había contado trataba de descubrir sus escondites o verlos en su carrera hacia la “guarimba” y tocarla antes de que el descubierto lo hiciera. Cada uno de los descubiertos quedaba “preso” en el lugar, hasta que uno, el último escondido, lograra tocar la “guarimba” antes del que lo hiciera el que había contado. Si lo lograba, gritaba “libre por todos”, con lo que él (o ella) y sus compañeros se declaraban vencedores y el que había contado era el perdedor y tenía que contar de nuevo al repetir el proceso.

Pero si todos los escondidos eran capturados el ganador era el que había contado, que se ganaba el derecho a esconderse como los demás, en tanto que el primer capturado pasaba a ser el que contaba y buscaba en la nueva partida.

En la vida real y en la actualidad, el sistema democrático venezolano es el que perdió la rifa y está obligado a contar, y la inmensa mayoría de los venezolanos somos los escondidos, los que tenemos la obligación de llegar antes que él a la “guarimba” y librar por todos para liberarlo de la tiranía impuesta por el régimen narcomilitar chavista, lo que implica ganar nuestra libertad con nuestro esfuerzo.

Pero hay una nueva modalidad, porque al llegar a los 80 días de resistencia y de lucha ya la cuenta es “80 matas”, y parecería que el proceso final como que va a requerir, por desgracia, cinco víctimas más, para llegar a la cifra cabalística de 80.

Ayer faltaron tres votos para que se lograra algo práctico en la OEA, pero tener 20, la cuarta parte de 80, es una demostración de que la inmensa mayoría de los países de la región, una inmensa mayoría muy calificada, está clara.

Porque la minoría es de paises que se venden muy barato, por una pizca de un petróleo que pronto ni siquiera podrán recibir, pero eso es lo que hay. Pronto, muy pronto, cuando se grite “80 matas”, seremos testigos del proceso final, y entre los escondidos estarán varios que tienen las armas necesarias para librarnos, para librar por todos, y la libertad y la democracia volverán a iluminarnos.

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