FERNANDO GERBASI: El terror como política

OPINIÓN

El terror como política

 

Un manifestante permanece en frente de una barricada en llamas durante una manifestación en Venezuela.

Un manifestante permanece en frente de una barricada en llamas durante una manifestación en Venezuela. EFE

El pasado 5 de julio se conmemoraban en Venezuela los 206 años de la firma del Acta de Independencia y, como ya es tradición, el parlamento convocó a una sesión extraordinaria en la que la historiadora Inés Quintero fue la oradora de orden. Cuando estaba por concluir su disertación, irrumpieron en la Asamblea Nacional miembros de un colectivo paramilitar, afín al gobierno y supuestos defensores de la mal llamada Revolución Bolivariana, armados de tubos, palos e incluso con armas de fuego, inmediatamente comenzaron a atacar a los diputados presentes, lo que dejó un saldo de varios parlamentarios y empleados heridos. Todo ello, con la anuencia y la presencia pasiva de los miembros de la Guardia Nacional, comandados por el ya conocido Coronel Lugo, como consecuencia de sus constantes tropelías siendo la última contra el propio presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges.

Este ataque fue precedido por una tempranera intervención de la sede de la Asamblea Nacional, no respetando la separación e independencia de los poderes públicos, por parte del vicepresidente de la república Tarek El Aissami, el ministro de la defensa y otros altos miembros del ejecutivo así como del alto mando militar, violando la tradición republicana en que todos los poderes constituidos deben abrir conjuntamente el Acta de la Independencia.

El terror como política es lo que quiere imponer Maduro. Sin embargo, lo están haciendo con insignificante éxito”

Fuera del recinto ya estaban presentes las turbas oficialistas gritando consignas contra los diputados y los opositores, para horas más tarde irrumpir con violencia en el Palacio Federal, asiento de la Asamblea Nacional. Todo ello es una clara demostración de que el ataque perpetrado contra los diputados fue organizado y orquestado por el gobierno, que no previó la condena inmediata que él generó a nivel internacional. Consecuentemente Maduro quedó aun más desacreditado y aislado, pues hasta en la reunión de Hamburgo del G-20 la crisis venezolana fue objeto de análisis y discusión.

¿Por qué Maduro utiliza el terror como política? Porque ve ante sí su final muy próximo y como última alternativa quiere imponer una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que no esté sujeta a la aprobación previa del pueblo y que no respete el principio de “una persona, un voto”. De lograrlo, le permitiría imponer, de una vez por todas, un régimen comunista a la imagen y semejanza de los que existieron en la URSS y en los países socialistas de Europa del Este y hoy en día aún en Cuba.

Ante esta propuesta inconstitucional, la Asamblea Nacional, ampliamente controlada por la oposición, decidió el pasado 5 de julio convocar el próximo 16 de este mes un plebiscito para que el pueblo decida sobre la convocatoria a la ANC. Conviene destacar lo siguiente con respecto a esta importante decisión política: es un acto de desobediencia civil, en el contexto de la aplicación de los artículos 333 y 350 y lo convocan con base en los artículos 5, 71, 333 y 350 de la constitución venezolana.

Todos los venezolanos, tanto residentes en Venezuela como en el exterior podrán votar en este plebiscito, por lo que ya se están organizando las mesas de votación en Madrid y en todas las ciudades importantes de España, país en el que residen actualmente alrededor de 300.000 venezolanos.

El terror como política es lo que quiere imponer Maduro y su régimen. Sin embargo, lo están haciendo con insignificante éxito ya que el pueblo venezolano se mantiene en las calles de las ciudades venezolanas en protesta permanente ante la dictadura y exigiendo libertad y democracia. De conformidad con la ONG Foro Penal Venezolano, hasta el momento de escribir este artículo, el número de fallecidos es de 92, como consecuencia de la brutal represión contra los manifestantes. Los presos políticos ascienden ya a 438 y hay 1.141 detenidos, de los cuales 452 están siendo juzgados por tribunales militares, lo que es totalmente ilegal y anticonstitucional.

Frente a esta critica situación es verdad que la comunidad internacional ha levantado su voz, no solo de repudio sino también haciendo un llamado para que se convenga un mecanismo de negociación que permita encontrar una solución a la grave crisis política, social y humanitaria que atraviesa el país y lo lleve de nuevo por la senda de la democracia, del crecimiento y desarrollo. Esto sólo es posible con la salida de Maduro y el establecimiento de un gobierno de transición de unidad nacional, con un programa de gobierno amplio que tenga el apoyo de los organismos multilaterales de financiación así como agencias de cooperación internacionales.

Por todo ello, es perentorio que el mundo democrático ejerza mayores presiones internacionales sobre los integrantes fundamentales del régimen para que se avengan a esa negociación. Al igual que ya lo ha hecho Estados Unidos, es hora que el Consejo de la Unión Europea adopte, -como lo hace desde  2011 contra ciudadanos iraníes que abiertamente han violado los derechos humanos en ese país-,  sanciones contra los funcionarios maduristas que han sido señalados por violar los derechos fundamentales de los venezolanos prohibiéndoles el ingreso al territorio de sus países miembros e inmovilizándoles los activos que posean dentro de la Unión Europea.

Fernando Gerbasi es diplomático venezolano. Embajador.

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