ANIBAL ROMERO: LAS COSAS LLEGAN DONDE TIENEN QUE LLEGAR

LAS COSAS LLEGAN DONDE TIENEN QUE LLEGAR

Aníbal Romero

(El Nacional, 12 de julio 2017)

Todos cometemos errores y corregirlos es de sabios, como afirma el conocido refrán.
Entiendo por tanto la importancia de la aparición del llamado “chavismo crítico”, en
particular debido a la desafiante coyuntura que vive nuestra sociedad. No se me escapa
que el régimen conserva todavía efectivo poder e ingentes recursos represivos, y que está
dispuesto a utilizarlos con rudeza y eficacia para perdurar en el mando, sometiendo
definitivamente a la nación a sus designios despóticos.

Son por tanto bienvenidas las
alianzas con todas las personas dispuestas a hacer su aporte en estos tiempos cruciales, a
objeto de impedir que la tiranía se consolide aún más en Venezuela, procurando a la vez
ponerle fin.

En este sentido, resulta hoy más que nunca imperativo salirle al paso a cualquier intento
de olvidar, menoscabar o distorsionar de manera interesada las razones que explican por
qué nuestro país ha desembocado en el abismo en que se encuentra. Esa tarea de
esclarecimiento de lo ocurrido estos pasados años no debe hacerse en modo alguno con
propósitos de cobrar venganza o perseguir a otros, sino para asegurarnos que la nefasta
experiencia que ha vivido Venezuela bajo el proyecto político iniciado por Hugo Chávez
nos lleve a alcanzar finalmente el necesario aprendizaje social, de manera de evitar su
repetición en el futuro una vez que Venezuela haya tomado un camino diferente.

Era claro, palpable, inequívoco, que el proyecto político chavista, desde sus propios
comienzos, contenía en abundancia las semillas del esquema de control dictatorial en que
ha devenido y se ha concretado. Sobran las evidencias acumuladas a lo largo de dos
décadas, o quizás más, desde el momento en que ocurrieron los golpes de Estado de 1992
y hasta el presente, que ponen de manifiesto sin que quede espacio para serias dudas la
naturaleza despótica del chavismo como movimiento político y proyecto de dominación
hegemónico.

Por lo tanto, a aquéllas personas que militaron por años en el seno de la “revolución” y
hoy empiezan a asumir un rumbo autocrítico, es indispensable llamarles la atención sobre
este asunto clave. Bienvenidos sean su examen de conciencia y su rectificación, y
congratulaciones por su valentía al enfrentar el odio irreversible de quienes hasta ayer
fueron sus compañeros de ruta. Pero eso sí: recuerden que por años ustedes también
violentaron la Constitución que ahora intentan defender y abusaron arbitrariamente del
poder que tuvieron en sus manos.

Y lo hicieron por decisión propia y porque la naturaleza
del régimen del que han formado parte es tiránica. La única escapatoria ante ese destino
de opresión es romper con el régimen, sus fundamentos ideológicos y sus pulsiones
dictatoriales, si es que se quiere vivir en un país de hombres y mujeres libres.

No descarto ni rechazo que un partido político de izquierda democrática pueda jugar un
papel en una Venezuela distinta y mejor, pero ese partido no es, nunca ha sido y jamás
podrá serlo el PSUV, cuya estructura organizativa, sustancia ideológica y objetivos
políticos responden a concepciones marxistas que no se compaginan con la existencia en
libertad.

Insisto entonces en que una cosa es admitir que todos podemos equivocarnos, que
rectificar es positivo y que los venezolanos con la aspiración de hallar un nuevo ámbito de
convivencia civilizada tendremos que buscar vías de reencuentro y reconciliación. Este,
repito, es un punto válido. Pero otro distinto e inaceptable consiste en minimizar el hecho
patente de que el chavismo, en su versión vigente, es un veneno moral y político que ha
producido inmensos daños a nuestra sociedad, aplastándola bajo la opresión,
empobreciéndola y arrinconándola de manera tal que no le ha quedado otra opción
excepto la de rebelarse, la de zafarse a como dé lugar del régimen y abrir una renovada
ruta hacia la libertad.

En el plano ético, el chavismo, su fundador y seguidores han ido mucho más allá de lo que,
para citar un ejemplo emblemático, Kant consideraba el signo inconfundible de la
violación de la ley moral, es decir, tratar a los seres humanos no como fines sino como
medios. Lo afirmo pues el régimen y sus cabecillas, durante todos estos años, han tratado
a los venezolanos que se atreven a disentir o adoptar posiciones distintas como meros
objetos. Dicho en otros términos, los cabecillas y seguidores del régimen no nos tratan
siquiera como medios sino como objetos de burla, de menosprecio, de desdén, mediante
el insulto, la amenaza y la descalificación permanentes, a lo que se suma la implacable
disposición de despojarnos de nuestra dignidad, de nuestras herramientas de vida, de
nuestros anhelos y esperanzas, hasta empujar a centenares de miles a abandonar el país o
forzarles a ello, como si tampoco el derecho a ser venezolanos fuese nuestro sino de
quienes nos oprimen.

En lo que toca a lo político, el chavismo envenena cualquier opción de existir en
democracia, pues se basa en un objetivo socialista que de manera necesaria, gradual o
rápidamente, erosiona y destruye la economía de mercado capitalista sustituyéndola por
fórmulas colectivistas y corporativistas, todo lo cual conduce de modo inexorable al
control férreo de la sociedad por parte de un Estado todopoderoso, acentuándose dicho
proceso en un contexto como el venezolano, debido al peso del petróleo.

El chavismo envenena la política republicana y democrática y asfixia la libertad en nombre
de un demagógico igualitarismo, que no es más que el disfraz bajo el que se oculta una
feroz vocación totalitaria. En este orden de ideas, repito, el despotismo es intrínseco al
chavismo y por ello el régimen condujo las cosas donde tenían que llegar.

El chavismo no desembocó en dictadura por error o casualidad; llegó a la dictadura de
manera deliberada y necesaria. La Asamblea Constituyente que el régimen ahora prepara
será, en caso de llevarse a cabo, la culminación de ese ya largo y doloroso camino dirigido
a establecer un despotismo irreversible, en manos de los grupos militares y civiles que
manejan las riendas del país bajo la tutela vigilante de la Cuba castrista. La “tiranía activa y
doméstica”, como en otro marco y circunstancias lo expresó Bolívar, ha sido desde
siempre la naturaleza y la dinámica de un movimiento y un proceso que en estos
momentos, jugándose el todo por el todo, intenta establecerse sin cortapisas y
limitaciones frente a una sociedad que finalmente despertó y le combate con inmenso
coraje y sacrificio.
Se avecinan nuevas y heroicas jornadas de resistencia cívica de parte de nuestro pueblo y
sus jóvenes. Estos pasados meses han sido extraordinarios, en cuanto han exhibido ante
nosotros mismos y el mundo entero la voluntad de liberación que anima a las mayorías
del país. Ignoro desde luego qué desenlace nos aguarda como resultado de la entrega, el
arrojo y el sacrificio de tanta gente, en particular de nuestros jóvenes, pero abrigo serena
confianza en un porvenir de libertad para Venezuela, ya que las cosas llegan donde tienen
que llegar.

http://www.anibalromero.net

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