ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA: NUESTROS ENEMIGOS 

NUESTROS ENEMIGOS

Ello le da un sesgo de particular gravedad a la resolución de nuestros conflictos: confiar en la inercia de la hegemonía liberal democrática imperante en nuestras repúblicas y negarse a comprender el inmenso peligro del desafío de quienes pronto cumplirán dos siglos persiguiendo el poder para aplastar la Libertad e imponer el totalitarismo global. Marx no está muerto. Aún brilla por sus fueros.

Antonio Sánchez García @sangarccs

A Carlos Alberto Montaner

“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas.”

José Martí

            Asombra la inmensa ignorancia que sufrimos los venezolanos, entre ellos connotados periodistas, sobre la naturaleza, la calidad y el talante de nuestros enemigos. Aún con larga militancia en las filas de las izquierdas venezolanas y perfectos conocedores de la naturaleza de la tiranía cubana y sus determinaciones bajo los parámetros del totalitarismo estalinista soviético, después de veinticinco años del golpe de Estado y quince de la rendición, subordinación y entrega de los comandantes golpistas ante el imperialismo castro comunista – un término odiado particularmente por los altos dirigentes de la vieja nueva izquierda, pues de origen “mantuano” y de “ultra derecha”, así sea indiscutible –  se niegan o hacen como que desconocen de buena o mala fe que Venezuela se encuentra aherrojada al invasor cubano, su nomenklatura gobernante sigue fiel y obsecuentemente las órdenes provenientes del Palacio de la Revolución, que los instalara en sus altos cargos, nuestros ejércitos dejaron hace veinte años de ser nuestros para estar sometidos a la bota del llamado ejército rebelde y la última palabra de cuanto acontece en nuestro país la dictan Raúl Castro y Ramiro Valdés.

Pues Venezuela es, por lo menos desde la odiosa y estúpida derrota de la sociedad civil el 13 de abril de 2002 por acción de un liderazgo cívico militar traidor y/o menguado y la insólita asistencia de la oposición de izquierdas, la única colonia conquistada por Cuba en sus sesenta años de existencia. Su única fuente de abastecimiento de divisas, alimentos y energía, y la clave que permite su subsistencia material. Perdida la colonia venezolana, Cuba se desmorona como un castillo de arena. Se desintegra en su inanición.

             Maduro no es comparable con presidente alguno de la región, por extravagante y tozudo que sea. A decir verdad, Maduro es incomparable, pues ni el Che Guevara, ya condenado a muerte por el abandono y la celada a la que lo enviara aquel al que incomodaba con su radicalismo, alcanzó la sumisión y la obsecuencia ante Fidel Castro, alcanzados por el ex chofer de microbús de origen incierto. Encabeza una pandilla de facinerosos, narcotraficantes, ladrones, malhechores y delincuentes, entrampados en el callejón sin salida de un régimen fracasado, destinado a la perdición.

Aferrados al mástil del barco que naufraga a la deriva en la torpe y estúpida creencia que próximos a la hora cero un milagro caído del cielo los rescatará de las profundidades del averno: una guerra súbita librada en los bordes de la civilización, un alza inesperada en los precios del petróleo, un cataclismo de cualquier naturaleza.

             Pero no son sólo ni principalmente los izquierdistas, los progresistas y los alcahuetes de la socialdemocracia vernácula que se arrastran tras un diálogo que les saque las castañas del fuego, los que soportan y aseguran la sobrevivencia de este régimen asesino.

Son los militantes y seguidores de los más de cien partidos de la región pertenecientes al Foro de Sao Paulo. Y los gobiernos que implantaran con los dineros del pueblo venezolano. Para inmensa sorpresa de quien quiera averiguarlo, algunos de doble militancia: junto a la llamada izquierda revolucionaria, es decir: hamponil, de la región encontrará más de un Partido Socialista miembro de la llamada Internacional Socialista. Por ejemplo: los socialistas chilenos. Un tiro al gobierno y otro a la revolución.

             Quien lo hiciera se asomaría al infierno de conspiraciones, insurrecciones, asaltos, crímenes políticos, inescrupulosidad sin límites, voluntarismo castrista y decisionismo hitleriano que late en ese corazón insurreccional que es el Foro de Sao Paulo. Que aún severamente golpeado por la caída de sus cabezas de puente, la Kirchner y Lula a las puertas de la cárcel, no ceja en sus afanes castro hitlerianos. Y verían cuán al borde del abismo ha estado nuestra región desde que el triunfo electoral de Hugo Chávez y el asalto al poder del golpismo castro comunista venezolano se hiciera con el Poder y pusiera los inauditos recursos financieros de la bonanza petrolera en manos de Fidel Castro y del marxismo latinoamericano.

De manera aviesa, sesgada, transversal, enmascarada de democratismo y respeto institucional asaltaron el poder Lula, los Kirchner, Correa, Evo Morales, Ollanta Humala, Pepe Mujica, apoderándose incluso de la Secretaría General de la OEA, robándole el corazón a Barak Obama y la Hillary Clinton, penetrando hasta en los entresijos del Vaticano en manos de un jesuita peronista de izquierdas. Y de milagro no se hicieron de la joya de la Corona. Que con López Obrador en la presidencia de México. bien podría constituirse en el impulso de una segunda gran ofensiva para dominar nuestra región.  Toda esta macabra maniobra a vista y paciencia del mundo entero, que seguía entusiasta o indiferente el degüello de Venezuela.

             Esos son nuestros verdaderos enemigos. No fantoches políticos como Nicolás Maduro. Ni asesinos profesionales como Tarek El Aissami o Diosdado Cabello. Nuestra lucha tiene, por todo ello, carácter continental. Y hemisférico. Así, víctimas de la miopía o la ceguera imperante en el seno de muchas de las derechas de la región, ellas se hayan mostrado tradicionalmente incapaces de comprender la dimensión global de nuestro dilema fundacional: dictadura o democracia, estatismo o libre mercado, comunismo o liberalismo.

             Ello le da un sesgo de particular gravedad a la resolución de nuestro conflicto y al riesgo latente de su internalización en brazos del castro comunismo al acecho. Cuyo principal aliado es la inconsciente confianza de las élites en la inercia de la hegemonía liberal democrática imperante en nuestras repúblicas y negarse a asumir el inmenso peligro del desafío de quienes pronto cumplirán dos siglos persiguiendo el poder para aplastar la Libertad e imponer el totalitarismo. Marx no está muerto. Aún brilla por sus fueros.

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