EDUARDO CASANOVA SUCRE: LA TRAGEDIA DE LOS HIJOS DEL SECUESTRADOR

LA TRAGEDIA DE LOS HIJOS DEL SECUESTRADOR

Por Eduardo Casanova

Milagros Socorro publica un interesante texto en el que plantea que lo de Jorge Rodríguez, el hijo del difunto secuestrador de William Niehaus, no es por simple resentimiento sino por codicia, algo que también se aplicaría a su hermana, Delcy Eloína, inexplicablemente notable en la fauna chavista. Cuenta que el siquiatra ganó en 1999 el premio de Cuentos de el Nacional con un jurado impecable, y al amparo del difunto eterno empezó a destacarse en política, pero pronto se le vio desviarse hacia territorios de la corrupción, lo que es absolutamente cierto y no admite discusión.

Rodríguez, cuya actitud corporal y hasta el tono me recordaron siempre a los muchachos cultos del MAS que hablaban de revolución sin dejar de disfrutar las ventajas del poder y de la burguesía, pasó de una modesta vivienda en una zona popular al edificio más caro y lujoso del este de Caracas, un edificio que tiene apenas un enorme apartamento por piso, aunque hay en cada nivel un segundo apartamento para el servicio doméstico, y que tiene dos ascensores, uno de lujo que llega directamente al piso de los señores y otro normalito que llega al espacio de la servidumbre, y que tiene grandes espacios para solaz y esparcimiento en cada nivel, además de una vista sobre el valle de Caracas de espanto y brinco.

Cada uno de esos apartamentos vale millones de dólares, y además el hijo del secuestrador, en una demostración de su poder adquisitivo digna del más ostentoso de los tiempos del “ta’ barato dame cien”, remodeló el enorme salón de fiestas de la planta baja a sus costillas y lo convirtió en el espacio más caro y ostentoso del país. Pronto los acaudalados vecinos se arrepintieron de haberlo aceptado en su exclusiva comunidad, porque los escoltas, choferes y acompañantes del saudítico personaje abusaban de su poder, seducían empleadas domésticas, hacían ruido a las horas menos apropiadas y le quitaban majestad al ambiente.

Además, el personaje ostentaba tres automóviles de lujo, marca Audi, que agregados a otros tres carros oficiales ocupaban buena parte del espacio dedicado a estacionamiento del increíble conjunto de lujo en el discreto espacio de la alta burguesía. Fue uno de esos Audis el que el discípulo de Chirinos, acompañado por un efebo, estrelló contra un carro normalito cuando circulaba borracho después de una ruidosa fiesta en el salón remodelado a costillas del erario público.

Otro escrito, bastante menos serio, asegura que el drama de los hijos del secuestrador es que no son hijos del secuestrador sino de Octavio Lepage, que era ministro de Relaciones Interiores cuando los esbirros de turno mataron a Jorge Rodríguez padre. Es algo muy difícil de probar y de tragar. Pero de ser cierto, explicaría del todo lo que sugiere Milagros Socorro al hablar de la condición hamletiana del siquiatra y las terribles manifestaciones de odio y resentimiento de los hermanitos, y hasta de la codicia manifestada por él.

Y también explicaría perfectamente el que, acosado en una calle de México, haya dejado a la madre atrás sin hacer el más mínimo esfuerzo por protegerla del acosador. Sería una madre pecadora que se entregó nada menos que al bragueta alegre que hizo matar al padre. Es una tragedia griega, sin asidero real, pero digna, sí de haber inspirado a William Shakespeare y a los mejores trágicos de la historia universal. Lo malo es que la tragedia la hayamos pagado los comunes mortales, que no tuvimos vela en ese entierro ni merecemos tanta maldad.

NOTA IMPORTANTE: Leyendo los comentarios que se han hecho hasta esta hora (8:50 am), me siento en la obligación de aclarar que no creo en el chisme Facebookista que aparece en la segunda parte del texto. Lo mencioné para demostrar hasta dónde se ha podido llegar, de lado y lado, en la Venezuela chavista. Y no solamente en chismes, sino en superficialidad.

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