Pocos acudieron al “homenaje” al terrorista Jojoy, por: Carlos Julio Chamorro

COLOMBIAN NEWS

 

Pocos acudieron al “homenaje” al terrorista Jojoy

 

Por Carlos Julio Chamorro

Revista Rinoceronte, Bogotá

23 de septiembre de 2017

 

Solo una veintena de personas acudieron al cementerio el Apogeo, en sur de Bogotá, a presenciar la exhumación del cadáver del jefe terrorista Víctor Julio Suárez Rojas, tristemente conocido como “Jorge Briceño Suárez” o como el “Mono Jojoy”, abatido por el Ejército de Colombia el 22 de septiembre de 2010.

Las Farc estuvieron representadas por Jesús Santrich, Carlos Antonio Losada y Pastor Alape, quienes llegaron con sus respectivas escoltas. El evento duró aproximadamente una hora. Hubo retratos de Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo, uno de los fundadores y ex jefe supremo de las Farc, así como flores, música llanera y mexicana y hasta un cura.

Los organizadores dijeron que ese acto era para honrar la memoria del Mono Jojoy. Las invitaciones a amigos y simpatizantes habían sido lanzadas con antelación. Algunos medios de comunicación anunciaron el asunto durante dos semanas. Los organizadores esperaban una masiva afluencia. Sin embargo, ésta fue tan reducida que ello probó que tal acto había generado una onda de rechazo en Bogotá y todo el país.

Lo que más irritó a la ciudadanía fue el carácter engañoso de la convocatoria: el horrible verdugo comunista fue presentado por la propaganda Farc como un “defensor de los humildes”.

El ex jefe del Bloque Oriental de las Farc, conocido por sus fiestas con licores importados y su gusto por las comodidades y el derroche,  fue uno de los hombres más sanguinarios y perversos de esa narco-organización. Abatido en la Operación Sodoma, durante un bombardeo de la Fuerza Pública contra uno de sus escondites en la región de La Macarena (Meta),  Jojoy había sido el capataz de los atroces campos de concentración que las Farc construyeron para mantener en cautiverio a una parte de sus secuestrados civiles,  militares y policías.  Una fotografía difundida por la prensa,  en la que aparece Jojoy sermoneando a una decena de rehenes, visiblemente desnutridos y desmoralizados,  todos detrás de una alta cerca de púas, mostraron los métodos despiadados utilizados por ese individuo contra sus compatriotas. Esa revelación fue recibida con indignación por toda Colombia. En ese lugar fueron maltratados, estropeados y muertos varios rehenes.

El capo fariano, que se ufanaba de disponer de un derecho de vida o de muerte sobre los secuestrados,  llegó a tener 62 órdenes de captura por homicidio, secuestro y terrorismo. La justicia norteamericana había pedido su extradición por los crímenes de narcotráfico y secuestro.

La realización de tal “homenaje”, causó gran asombro. Muchos criticaron al alcalde de Bogotá, Enrique Peñaloza, por haber permitido la realización de un acto que solo podía ser visto como una provocación, como una burla más a las víctimas de las Farc. La sorpresa fue aún mayor cuando se supo que la policía nacional enviaría algunos de sus agentes para “proteger” a los organizadores.

Dos ex ministros de Defensa y precandidatos presidenciales,  Juan Carlos Pinzón y  Marta Lucía Ramírez, de partidos diferentes, pidieron, en vano, la prohibición del homenaje. Pinzón dijo que ese evento era “una apología al terrorismo y un irrespeto a las víctimas, a las Fuerzas Militares y a todos los colombianos que queremos perdonar pero no olvidamos el profundo daño que las Farc le hicieron al país”. Marta Lucía Ramírez  declaró: “Este país merece respeto, y lo único que están  haciendo con ese acto de soberbia es darle una bofetada a la intención de perdón que hay en el pueblo colombiano”.

Un hijo de Jojoy, Jorge Ernesto Suárez, quien pasó 15 años en las filas de las Farc, adujo que quería darle una sepultura digna a su padre. Los restos del difundo fueron, en efecto, llevados después a un mausoleo de su familia. Estimando que esa exhumación era un acto de “reconciliación”, él agregó que “en nombre de su padre” pedía perdón a Colombia “por haber causado guerras”. Argumentó que como había un proceso de paz, “muchos actores deberán decir la verdad”. Lástima que las Farc pidan “la verdad” sin comenzar por decirla ellas mismas y mintiendo de manera tan insolente sobre la carrera criminal de sus jefes.

Pastor Alape no confirmó lo del pedido de “perdón” de Ernesto Suarez sino que hizo lo contrario: cuestionó a quienes han criticado la grotesca iniciativa. Hizo ver que se trataba de un acto político al destacar que ese “homenaje” coincidía con la supuesta destrucción de las últimas armas entregadas por las Farc a los agentes de la ONU.  Desde Cuba, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, número uno de las Farc, envió por su parte un mensaje incongruente: “El máximo homenaje para ti es la paz”. Jojoy, en realidad, siempre favoreció agravar la devastación de Colombia.

Ese mismo día, en otro punto de la capital, otro acto político, realizado por otro jefe de las Farc, mostró que lo del cementerio no era sino el eslabón de una escalada de ataques contra la democracia colombiana. Alias Andrés París, en un mitin organizado por el rector de la universidad Externado de Colombia, lanzó una violenta declaración de guerra contra el senador y expresidente Álvaro Uribe e intimidó a la ciudadanía que aspira a elegir en 2018 un nuevo jefe de Estado que libere a Colombia del abyecto cogobierno Santos-Farc.

El terrorista gesticuló que  el nuevo tribunal revolucionario pactado por ellos con Santos en La Habana, bajo la pintoresca denominación de “justicia especial para la paz” (Jep), había sido diseñada para detener, encarcelar y condenar al ex presidente  Uribe, entre otros.

Desde la víspera, las redes sociales vehiculizaron miles de mensajes de rechazo al “homenaje” a Jojoy. Militantes del Centro Democrático crearon en twitter la etiqueta #MonoJojoySiempreTerrorista.  El senador Fernando Araújo denunció “el intento de convertir terroristas en héroes”.  El representante Santiago Valencia  escribió: “Indigna que tengan como ídolo a uno de los guerrilleros más sanguinarios y violentos de las Farc”. El senador Honorio Henríquez dijo: “Inaceptable homenaje al crimen; ‘Jojoy’ causó miles muertes e hizo padecer ciudadanos con vejámenes del secuestro”.

Fue tan evidente que lo del “homenaje” al Mono Jojoy había sido un acto político-mediático de gran violencia que el mismo diario El Espectador, generalmente anti-uribista y muy tibio respecto de los planes de las Farc, admitió en una crónica que “el homenaje que le hicieron [los] antiguos excompañeros [de Jojoy], más que un acto de soberbia, bien puede ser visto como un gigantes acto de torpeza política.”  En otras palabras: los electores deben acordarse de la grotesca exaltación del  bandido Jojoy cuando las Farc, pseudo partido político, vengan a pedirles el voto.

 

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