EDUARDO CASANOVA SUCRE: LAS OTRAS VÍCTIMAS

LAS OTRAS VÍCTIMAS

Por Eduardo Casanova

El estudio de una carrera universitaria es un proceso largo y hasta tedioso, que requiere mucha dedicación, paciencia y constancia. El alumno recibe de sus profesores piezas separadas que debe unir y ensamblar en su mente, hasta tener una base sólida, pero base al fin, que no es en absoluto suficiente para un ejercicio profesional satisfactorio.

Es un proceso que puede compararse a la construcción de las bases de un edificio. Después habrá que fabricar el edificio propiamente dicho, los pisos que lo componen, y rematar con el techo y todos los componentes de la edificación.

Un buen médico o un buen abogado a un buen ingeniero no lo son al recibir su diploma en el acto de su graduación. Lo serán después de un buen tiempo de práctica, de ejercicio de la profesión, en el que irán recibiendo información, detalles, trucos y nuevos conocimientos. Al graduarse ya tendrán una verdadera inteligencia práctica relativa a la profesión que estudiaron, pero necesitan un tiempo largo de aplicación de esa inteligencia práctica para convertirse en verdaderos profesionales.

Desde luego, el edificio que tiene fallas en las bases nunca será un buen edificio, y si además los pisos y los remates no se hacen bien, será un edificio defectuoso, incapaz de soportar el más mínimo temblor de tierra. Digo esto pensando en los “médicos integrales comunitarios” creados irresponsablemente por el régimen narcomilitar chavista.

Por algo en el examen integral a que son sometidos en Chile los extranjeros que aspiran ejercer la profesión médica en ese país, 29 “médicos integrales comunitarios” venezolanos que intentaron aprobarlo fueron reprobados, sin excepción, y uno de ellos tuvo la nota más baja que alguien haya tenido en todos los tiempos: 1,9 sobre 100. Solamente los egresados de una determinada facultad de medicina de Ecuador tuvieron un rendimiento casi tan deplorable como ellos. Y los cubanos, que tampoco se lucieron. Los médicos normales venezolanos, en cambio, quedaron muy bien, a pesar de las diferencias innegables que por razones climáticas tiene el ejercicio de la profesión médica en Venezuela y en Chile.

Porque el problema de esos jóvenes que fueron seducidos por el chavismo para estudiar “medicina integral comunitaria” es que las bases de sus edificios fueron construidas en forma muy defectuosa, y los pisos superiores también. Fue una pésima idea, copiada, como muchas ideas pésimas del chavismo, de Cuba.

En Cuba, cuando se instaló el régimen dictatorial de Fidel Castro, la mayoría de los médicos abandonó la isla, y el gobierno comunista se vio en la obligación de vomitar médicos al por mayor, para lo que improvisó un defectuoso sistema de enseñanza de la medicina a toda carrera. Esa es una de las causas de que la medicina cubana tenga un gran atraso, lo que el gobierno cubano trata de paliar a través de la propaganda.

La realidad los desmiente, tal como quedó probado por los muchos errores que cometieron en el caso del militarcito narcisista, inepto y corrupto que dañó a Venezuela desde 1999 hasta su muerte, que si no fue causada fue acelerada por los médicos cubanos. Imitar esa fábrica de salchichas con títulos de médicos fue una idea infeliz, y el resultado está a la vista. Los “médicos integrales comunitarios” ni siquiera están facultados para ser enfermeros. El menos capacitado de los enfermeros está mejor entrenado para su oficio que cualquiera de esos “médicos integrales comunitarios”.

Con buena suerte y un buen libro algunos de ellos pueden hasta acertar diagnósticos, o pueden poner inyecciones recetadas por un médico verdadero, pero entregarse al cuidado de uno de ellos tiene mucho de suicidio. Y en realidad no se les puede culpar. Les ofrecieron una profesión y les han dado unos títulos que dicen que la tienen.

Son víctimas del chavismo. Y cuando el chavismo deje el poder se encontrarán totalmente desamparados. Es uno de los grandes retos que tendrá la democracia cuando el país se recupere: qué hacer con los “médicos integrales comunitarios”. No son médicos, no son enfermeros, no tienen en realidad una profesión ni un oficio. Habrá que hacer un gran esfuerzo para que se enderecen, pero es muy posible que los vicios ocultos de sus edificios sean irreparables.

Ojalá que entiendan que el chavismo los hizo caer en una terrible trampa, y que la democracia encuentre la forma de sacarlos de ella. Nada de eso habría pasado si el país no hubiera caído en las peores manos posibles. En las manos del resentimiento, del odio y de la negatividad.

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