EDUARDO CASANOVA SUCRE: UNA ISLA DE LUZ EN MEDIO DE UN OCÉANO DE TIERRA

NOTA DEL EDITOR, ORIGINALMENTE PUBLICADA EN LA PÁGINA DE FACEBOOK, “LINAJES CALABOCEÑOS”:

Maravilloso artículo Eduardo, como calaboceño de origen -y me refiero a la fundación de la Villa de Todos los Santos de Calabozo- uno de mis abuelos el Capitán Don Pedro Luis de Mirabal, fue el primer Teniente de Justicia en representación del Rey de España y como antiguo copropietario de La Tostera, como se llamaba la que después fue casa natal de Francisco Lazo Martí, nombre que se le daba por mi tatarabuelo el General Don Juan R. Tosta y su esposa Carmen Loreto Carrizales y Hurtado de Mendoza, cuya expropiación nosotros mismos favorecimos para que se preservara el inmueble, Me sentí emocionado y complacido leyendote. Fuerte abrazo.

Alfredo Coronil Hartmann

Ítaca 1º de octubre de 2017.

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Eduardo Casanova Sucre

UNA ISLA DE LUZ EN MEDIO DE UN OCÉANO DE TIERRA

Por Eduardo Casanova

En materia de cultura el gobierno de Luis Herrera Campíns (1978-1984) fue un mar de contradicciones. El presidente era un hombre culto, bien intencionado, y nombró presidente del Conac a José Luis Alvarenga, que ya había demostrado ser capaz y diligente al estar al frente de la Dirección Civil y Política de la Gobernación del Distrito Federal durante el primer gobierno de Rafael Caldera (1969-1974), y además designó ministro de Cultura al poeta y economista Luis Pastori, hombre excepcionalmente culto y capaz, además de buen amigo de la inmensa mayoría de los que en este país tienen alguna relación con la cultura.

Pero a niveles menos altos la realidad no le fue tan favorable, sobre todo en provincia, en donde afloraron muchas tendencias que nada tenían que ver con la libertad y la apertura que había dominado la política cultural desde los tiempos de Rómulo Betancourt y, especialmente desde el gobierno de Raúl Leoni (1964-1969), y que permitió que muchos de los que habían participado en la lucha armada contra la democracia se reincorporaran a la sociedad y prestaran buenos servicios a la nación.

En Maracay, por ejemplo, una exposición de obras de un artista plástico que molestó a los curas implicó que de golpe y porrazo fueran destituidos todos los funcionarios de la Casa de la Cultura, y hasta perseguidos en un intento por echarlos del estado Aragua.

Así se perdió uno movimiento que enriquecía el centro del país y se crearon varios resentimientos que no le hicieron ningún bien a nadie.

Y en Calabozo, con excusas futiles, se disolvió la Casa de la Cultura y hasta se vio el triste espectáculo de una biblioteca desarmada y cientos de libros tirados a la calle y destruidos por la lluvia y la desidia.

Yo estaba entonces en Maracay, como gerente del diario “El Carabobeño” para los estados Aragua y Guárico, e hice publicar un reportaje en el que se denunciaba aquella barbaridad.

Calabozo, una isla de luz en un océano de tierra, quizá por su relativo aislamiento siempre ha tenido una vida cultural propia, que le ha dado una voz natural en las artes y en la cultura del país.

Aquel intento de callar sus voces era imperdonable. Y pronto hubo una acción sólida para que esas voces se oyeran en todo el país. Fue Luis Morales Bance, el creador, junto con Olaf Ilzins, de la agrupación Solistas de Venezuela, el que lanzó la idea por vez primera: que se creara el Ateneo de Calabozo, dirigido por los mismos que habían sido sacados de la Casa de la Cultura.

La idea pegó de primera, y pronto hablamos con Illia Rivas de Pacheco y Romelia Arias, de la Federación de Ateneos de Venezuela, que aceptaron con entusiasmo la iniciativa.

Así, hace treinta y cinco años, nació ese Ateneo que tanto le ha dado a Calabozo y a Venezuela. Su instalación fue en el Palacio Episcopal de Calabozo, como para que los que habían atentado contra la Casa de la Cultura alegando que el partido socialcristiano iba a conquistar los espacios culturales que estaban en manos de ateos, lo pensara dos veces antes de seguir propalando esa falsedad.

En el acto estuvimos, además de Rubén Páez y José Antonio Silva, presidente y vicepresidente del naciente Ateneo, Luis Morales Bance, Illia Rivas de Pacheco, Romelia Arias, el Obispo Helímenas Rojo y yo, y luego de un par de cortos discursos los presentes atravesamos la calle y asistimos a un concierto de Solistas de Venezuela, en el que además de Luis participaron Olaf Ilzins, Telésforo y Toñito Naranjo y todos los músicos de la agrupación, en lo que fue la primera de muchísimas actividades de uno de los más activos y formidables Ateneos de Venezuela.

Luego vendrían los premios bienales de literatura, muchos festivales, muchas actividades, muchos conciertos y mucha vida. El Ateneo de Calabozo estuvo ligado a Solistas de Venezuela hasta que el egoísmo y la maldad de José Antonio Abreu decretaron el final de Solistas. Y en los últimos años su ritmo y su presencia han disminuido como todo lo que tiene que ver con la cultura en este país.

Pero no tengo duda de que cuando se recupere la democracia y Venezuela vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser, el Ateneo de Calabozo recuperará su actividad y de nuevo será, desde la Casa Natal del Poeta Lazo Martí, lo que fue hasta 1999: uno de los centros culturales más importantes de Venezuela, un faro que ilumina con alegría la gran isla de civilización, en un océano de tierra, que es Calabozo, tierra de músicos y poetas. Y soñadores.

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