WUILLY ARTEAGA, en las noticias, despues de su presentación en el OSLO FREEDOM FORUM

HUMAN RIGHTS FOUNDATION

6 de octubre de 2017 / / Wuilly Arteaga en las noticias

El 19 de septiembre, Wuilly Arteaga habló en el Oslo Freedom Forum en Nueva York (OFFinNY), y en su discurso pidió la paz, la justicia, y la unidad para Venezuela. La respuesta fue abrumadoramente positiva de parte de todos los asistentes y de quienes vieron su presentación en internet. Los videos capturados por miembros del público han llegado a circular más de 500.000 veces por internet. La intervención de Wuilly le gustó a un mundo de personas, excepto, por supuesto, al régimen venezolano. El miércoles pasado, uno de los jefes del régimen, Diosdado Cabello, calumnió a Wuilly en un discurso de siete minutos dirigido a desacreditar su testimonio en OFFinNY.

El presidente de HRF, Thor Halvorssen, ha expresado al respecto: “Los ataques e insultos del régimen son una insignia de honor; y demuestra que las valientes palabras de Wuilly están haciendo oleadas en Venezuela y en todo el mundo, a tal punto de que el régimen ahora lo ve como una amenaza digna de rechazo oficial en la propaganda de la narcodictadura. Estamos contentos de habernos ganado la ira del capo más importante del narcotráfico de Venezuela y seguiremos apoyando a activistas como Wuilly que utilizan marchas, el arte, y la música para exigir libertad”.

La actuación de Wuilly Arteaga en OFFinNY puede verse aquí.

El artículo más abajo, publicado en El Tiempo de Colombia, hace una reseña de Wuilly Arteaga y su aparición en OFFinNY. Lee el artículo en internet.

Wuilly Arteaga se fue de Venezuela

El violinista fue invitado a participar en el Oslo Freedom Forum, en Nueva York, y lo impulsó para tomar la decisión de irse del país.

Por Juan David López Morales
El Tiempo | Colombia
19 de septiembre de 2017
Lee el artículo aquí.

Violín en mano, Wuilly Arteaga salió de Venezuela. Dejó atrás las amenazas, a su novia y a su familia. Él, símbolo de las protestas contra del régimen de Nicolás Maduro y víctima de la represión de las fuerzas estatales, pasó por Colombia y llegó a Estados Unidos. No sabe cuándo volverá a su país.

El jueves 14 de septiembre, desde un rincón de la acera que bordea la playa de Riohacha, el sonido de su violín ganaba espacio entre el bullicio nocturno del comercio, de los turistas y de los vendedores de artesanías. Vestía bermudas azul claro, medias blancas casi hasta las rodillas, tenis de una talla más grande que sus pies, una camiseta blanca con estampados y, en la cabeza y hacia atrás, la gorra que lo identifica como venezolano.

Ni siquiera su familia sabía en ese momento que estaba huyendo. Fue invitado a participar en el Oslo Freedom Forum, en Nueva York, organizado por Human Rights Foundation. Esa participación le sirvió de impulso para tomar la decisión de irse. Las amenazas, que se intensificaron en las últimas semanas, ya tocaron a sus personas cercanas.

-¿Hay alguna canción que le recuerde el país que está dejando?

-’Venezuela’, en Re mayor. ¿Tú te la sabes?-, le preguntó a José Luis Avendaño, un venezolano que apenas conoció pero que lo acompañó toda la noche con su guitarra.

-La canción ‘Venezuela’. Ahora es una de mis favoritas porque fue de las que más toque en las marchas. Me recuerda todo lo que es mi país, las cosas bonitas que tiene y las cosas que queremos recuperar-, explicó.

Se trata de un vals que fue popularizado por Luis Silva: “Con tus paisajes y sueños me iré por esos mundos de Dios y tus recuerdos al atardecer me harán más corto el camino”, reza la letra. Wuilly dice que esa canción le da fortaleza.

Torturas y música en la cárcel

Mientras Wuilly hablaba, otra mujer, también venezolana, prendía un cigarrillo. Hacía parte de un grupo de cuatro que salieron de su país en bicicleta y quieren recorrer Suramérica, el mismo en el que estaba José Luis.

“Con un yesquero así me quemaron el cabello”, dijo él, señalando el encendedor que ella acababa de usar. Eso sucedió recién lo detuvieron. Durante los 21 días que estuvo preso bajo cargos de instigación pública y posesión de sustancia incendiaria, lo trasladaron cuatro veces y, antes de llegar a la última cárcel, lo golpearon con un tubo de metal detrás de la cabeza. Esto le causó una hemorragia en el oído interno que lo dejó sordo dos semanas.

No deja nunca su violín. Dice que es lo que lo identifica, no el instrumento en sí, sino la música. Es casi una extremidad más. Pero mientras estuvo detenido no tenía con qué tocar. Decidió cantar. “Ajá, ¿y ahora qué vas a tocar?”, le decían los guardias. Optó por responderles de forma graciosa: “No tengo el violín, pero a mí me gusta cantar. Pero yo canto en la regadera y se me va el agua. Pero como aquí no tengo ducha y aquí me baño con potecitos, entonces voy a cantar porque el agua no se me va a ir”, les respondió.

“¡Cállate, cállate!”, le gritaban los primeros días. Su intención no era retar a los guardias, sino empatizar con ellos. “Ah, pero el violinista también canta”, decían en los días siguientes. Después logró acercarse más a quienes lo tenían preso. “¡Pero el violinista canta bonito, vale!” Así, llegó al punto en que le pedían canciones, sobre todo vallenatos, un ritmo que es popular en Venezuela.

Al lugar donde más tiempo pasó, y que a la postre fue donde terminó la reclusión, lo llama el bohío. Es una celda octogonal que queda en la Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana, en un sector llamado El Paraíso. En el bohío de El Paraíso eran alrededor de 14 las personas presas, contando que unas entraban y otras salían.

Mientras estuvo preso, no tenía dónde escribir. “Estaba prohibido recibir o enviar cartas, no había visitas. Estábamos aislados y sin ventilación”, contó. Aun así, compuso una canción junto a Aaron, su mejor amigo, también preso. Se llama ‘Cárcel de libertad’ y es la que le recuerda la detención.

Comenzó a cantar. Se detuvo para explicar que no solamente le recuerda cuando estuvo preso, sino también las marchas. “Nuestra libertad nos han robado, mas sabemos que no en vano pues la lucha seguirá”, canta. Remata con una de las consignas más utilizadas durante las marchas que se apagaron: “¿Quiénes somos? Venezuela, ¿qué pedimos? Libertad”.

Wuilly quedó libre el 16 de agosto. Aunque se atribuye su liberación a la gestión del Foro Penal Venezolano que consiguió medidas cautelares y a la presión mediática y de las calles, él no descarta que haya sido crucial el afamado músico venezolano Gustavo Dudamel.

Dice que el director de la Filarmónica de los Ángeles habló con Tarek William Saab e intercedió por él. Ambos, Wuilly y Dudamel, se conocen personalmente desde los tiempos en que el más joven hacía parte del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, el mismo del que lo echaron –y se retiró– durante las protestas….

Este artículo fue publicado originalmente por El Tiempo. Lee el resto aquí.

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6 de octubre de 2017 / / Wuilly Arteaga en las noticias

El 19 de septiembre, Wuilly Arteaga habló en el Oslo Freedom Forum en Nueva York (OFFinNY), y en su discurso pidió la paz, la justicia, y la unidad para Venezuela. La respuesta fue abrumadoramente positiva de parte de todos los asistentes y de quienes vieron su presentación en internet. Los videos capturados por miembros del público han llegado a circular más de 500.000 veces por internet. La intervención de Wuilly le gustó a un mundo de personas, excepto, por supuesto, al régimen venezolano. El miércoles pasado, uno de los jefes del régimen, Diosdado Cabello, calumnió a Wuilly en un discurso de siete minutos dirigido a desacreditar su testimonio en OFFinNY.

El presidente de HRF, Thor Halvorssen, ha expresado al respecto: “Los ataques e insultos del régimen son una insignia de honor; y demuestra que las valientes palabras de Wuilly están haciendo oleadas en Venezuela y en todo el mundo, a tal punto de que el régimen ahora lo ve como una amenaza digna de rechazo oficial en la propaganda de la narcodictadura. Estamos contentos de habernos ganado la ira del capo más importante del narcotráfico de Venezuela y seguiremos apoyando a activistas como Wuilly que utilizan marchas, el arte, y la música para exigir libertad”.

La actuación de Wuilly Arteaga en OFFinNY puede verse aquí.

El artículo más abajo, publicado en El Tiempo de Colombia, hace una reseña de Wuilly Arteaga y su aparición en OFFinNY. Lee el artículo en internet.

Wuilly Arteaga se fue de Venezuela

El violinista fue invitado a participar en el Oslo Freedom Forum, en Nueva York, y lo impulsó para tomar la decisión de irse del país.

Por Juan David López Morales
El Tiempo | Colombia
19 de septiembre de 2017
Lee el artículo aquí.

Violín en mano, Wuilly Arteaga salió de Venezuela. Dejó atrás las amenazas, a su novia y a su familia. Él, símbolo de las protestas contra del régimen de Nicolás Maduro y víctima de la represión de las fuerzas estatales, pasó por Colombia y llegó a Estados Unidos. No sabe cuándo volverá a su país.

El jueves 14 de septiembre, desde un rincón de la acera que bordea la playa de Riohacha, el sonido de su violín ganaba espacio entre el bullicio nocturno del comercio, de los turistas y de los vendedores de artesanías. Vestía bermudas azul claro, medias blancas casi hasta las rodillas, tenis de una talla más grande que sus pies, una camiseta blanca con estampados y, en la cabeza y hacia atrás, la gorra que lo identifica como venezolano.

Ni siquiera su familia sabía en ese momento que estaba huyendo. Fue invitado a participar en el Oslo Freedom Forum, en Nueva York, organizado por Human Rights Foundation. Esa participación le sirvió de impulso para tomar la decisión de irse. Las amenazas, que se intensificaron en las últimas semanas, ya tocaron a sus personas cercanas.

-¿Hay alguna canción que le recuerde el país que está dejando?

-’Venezuela’, en Re mayor. ¿Tú te la sabes?-, le preguntó a José Luis Avendaño, un venezolano que apenas conoció pero que lo acompañó toda la noche con su guitarra.

-La canción ‘Venezuela’. Ahora es una de mis favoritas porque fue de las que más toque en las marchas. Me recuerda todo lo que es mi país, las cosas bonitas que tiene y las cosas que queremos recuperar-, explicó.

Se trata de un vals que fue popularizado por Luis Silva: “Con tus paisajes y sueños me iré por esos mundos de Dios y tus recuerdos al atardecer me harán más corto el camino”, reza la letra. Wuilly dice que esa canción le da fortaleza.

Torturas y música en la cárcel

Mientras Wuilly hablaba, otra mujer, también venezolana, prendía un cigarrillo. Hacía parte de un grupo de cuatro que salieron de su país en bicicleta y quieren recorrer Suramérica, el mismo en el que estaba José Luis.

“Con un yesquero así me quemaron el cabello”, dijo él, señalando el encendedor que ella acababa de usar. Eso sucedió recién lo detuvieron. Durante los 21 días que estuvo preso bajo cargos de instigación pública y posesión de sustancia incendiaria, lo trasladaron cuatro veces y, antes de llegar a la última cárcel, lo golpearon con un tubo de metal detrás de la cabeza. Esto le causó una hemorragia en el oído interno que lo dejó sordo dos semanas.

No deja nunca su violín. Dice que es lo que lo identifica, no el instrumento en sí, sino la música. Es casi una extremidad más. Pero mientras estuvo detenido no tenía con qué tocar. Decidió cantar. “Ajá, ¿y ahora qué vas a tocar?”, le decían los guardias. Optó por responderles de forma graciosa: “No tengo el violín, pero a mí me gusta cantar. Pero yo canto en la regadera y se me va el agua. Pero como aquí no tengo ducha y aquí me baño con potecitos, entonces voy a cantar porque el agua no se me va a ir”, les respondió.

“¡Cállate, cállate!”, le gritaban los primeros días. Su intención no era retar a los guardias, sino empatizar con ellos. “Ah, pero el violinista también canta”, decían en los días siguientes. Después logró acercarse más a quienes lo tenían preso. “¡Pero el violinista canta bonito, vale!” Así, llegó al punto en que le pedían canciones, sobre todo vallenatos, un ritmo que es popular en Venezuela.

Al lugar donde más tiempo pasó, y que a la postre fue donde terminó la reclusión, lo llama el bohío. Es una celda octogonal que queda en la Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana, en un sector llamado El Paraíso. En el bohío de El Paraíso eran alrededor de 14 las personas presas, contando que unas entraban y otras salían.

Mientras estuvo preso, no tenía dónde escribir. “Estaba prohibido recibir o enviar cartas, no había visitas. Estábamos aislados y sin ventilación”, contó. Aun así, compuso una canción junto a Aaron, su mejor amigo, también preso. Se llama ‘Cárcel de libertad’ y es la que le recuerda la detención.

Comenzó a cantar. Se detuvo para explicar que no solamente le recuerda cuando estuvo preso, sino también las marchas. “Nuestra libertad nos han robado, mas sabemos que no en vano pues la lucha seguirá”, canta. Remata con una de las consignas más utilizadas durante las marchas que se apagaron: “¿Quiénes somos? Venezuela, ¿qué pedimos? Libertad”.

Wuilly quedó libre el 16 de agosto. Aunque se atribuye su liberación a la gestión del Foro Penal Venezolano que consiguió medidas cautelares y a la presión mediática y de las calles, él no descarta que haya sido crucial el afamado músico venezolano Gustavo Dudamel.

Dice que el director de la Filarmónica de los Ángeles habló con Tarek William Saab e intercedió por él. Ambos, Wuilly y Dudamel, se conocen personalmente desde los tiempos en que el más joven hacía parte del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, el mismo del que lo echaron –y se retiró– durante las protestas….

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