EDUARDO CASANOVA SUCRE: USLAR PIETRI Y EL MILITARCITO

NOTA PERSONALa mayor abundamiento, como dicen con muy mal gusto algunos colegas de Eduardo y míos, el Dr.Uslar nos hacia saber a los muchachos de la casa su desagrado porque invitáramos amigos militares en servicio activo, así fuera a jugar fubolín o dominó, así que aprovechávamos los fines de semana en que Arturo e Isabel invariablemente bajaban a Caravalleda, se transaba a duras penas con los retirados. Vale

ACH

Ítaca 13 de octubre de 2017.

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· USLAR PIETRI Y EL MILITARCITO

 

Por Eduardo Casanova

Arturo Uslar Pietri nunca se sintió cercano a los militares. Su padre fue un discreto chopo de piedra, que se hacía llamar “coronel” o “general”, pero era en realidad un burócrata de poca monta que se vio obligado a acercarse al dictador Cipriano Castro, con lo que fue en mayor o menor grado repudiado por sus parientes y amigos caraqueños.

Ese repudio marcó a Arturo para toda su vida. Por eso conocería a sus primos hermanos, los Boulton Pietri, cuando ya era un hombre hecho y derecho. Pero su rechazo a los militares, aunque nunca lo dijo ni lo demostró en público (quizá porque era demasiado educado para demostrarlo) nació con el golpe de estado del 18 de octubre de 1945, que no solamente tumbó al presidente que él admiraba con más fuerza sino que lo aventó a él, a Arturo, a un exilio inmerecido y en cierta forma le cortó la vida.

El golpe fue dado por los militares profesionales, los de carrera, los formados en la Escuela Militar, y para colmo, cuando por un segundo golpe los militares desplazaron del poder a los adecos, no permitieron que Arturo regresara del exilio, y le hicieron saber que lo preferían lejos y hasta le ofrecieron la embajada que prefiriera, algo que lo ofendió y que naturalmente no aceptó.

Regresó al país luego de la muerte de Carlos Delgado Chalbaud y prácticamente no tuvo el más mínimo contacto con militares. Cuando por fin cayó la dictadura de Pérez Jiménez, Uslar Pietri estaba preso en la Cárcel Modelo y de allí salió en un vehículo militar directamente a Miraflores, en donde junto con Alirio Ugarte Pelayo redactó el acta constitutiva de la junta de gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal.

Allí tuvo un breve enfrentamiento con un oficial que pretendió que los civiles se fueran del palacio, a lo que Arturo le respondió que de irse alguien tendrían que ser los militares, pues era un gobierno militar, una dictadura militar, la que acababa de ser derrocada. El incidente no pasó de allí, pero Arturo, en confianza, lo contó como demostración de la poca sensatez de los militares.

En noviembre de 1991, cuando ya tenía 85 años y estaba cerca de cumplir los 86, Uslar Pietri recibió un homenaje organizado por los militares en la Escuela Militar por iniciativa de general Fernando Ochoa Antich, ministro de Defensa, hijo del que con mayor fuerza defendió a Medina el 18 de octubre de 1945, pero que con el tiempo se acercó a Betancourt y a Acción Democrática.

No dijo entonces nada que pudiera ofender a los soldados, pero tampoco dijo mucho que pudiera halagarlos. Poco después serían las intentonas encabezadas por un teniente coronel entonces desconocido, narcisista, mentiroso, inepto, que después dañaría irreparablemente al país y al sistema democrático, y que desde que salió de la cómoda cárcel en donde lo encerraron trató varias veces de acercarse a Arturo, que lo rechazó con firmeza pero sin ostentación.

Y ya muy cerca de su fin, en una interesante entrevista que le hizo Rafael Arráiz Lucca, por fin hizo explícita su opinión acerca del tal militarcito: “Un delirante, ignorantísimo –afirmó–, dice disparates, qué desgracia, el país no logra encaminarse. Pero era muy difícil que Venezuela pudiera encontrar su camino, trató de encontrarlo con López y con Medina, después vino el 18 de octubre y los gobiernos militares y esto se fue, se perdió. Este hombre habla con una arrogancia y una suficiencia increíble, a él se le han pegado algunas frases que ha oído, como esa del liberalismo salvaje, eso lo llena de felicidad. No puede haber liberalismo salvaje, el liberalismo es la flor de la civilización, el tolerar la divergencia.” Allí está, en pocas pero contundentes palabras, la opinión de Uslar sobre el militarcito, pero también sobre los militares en general, especialmente cuando usurpan funciones y se convierten en gobierno, que es lo peor que le puede pasar a cualquier país.

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