LUIS ANTONIO GARCÍA PLANCHART: El fascismo criollo (ensayo).

El fascismo criollo

 

Luis García Planchart

 

Octubre de 2017

 

Capítulo I

Sentido y vigencia del fascismo iberoamericano

El interés sobre el fascismo criollo o fascismo iberoamericano se remonta a los años treinta del siglo pasado. La aparición de gobiernos totalitarios en varios países – Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y México–, durante el auge europeo de dicha ideología, rompió la fuente para su interpretación.

Si bien los análisis contemporáneos y las manifestaciones de los izquierdistas sobre todo tras el cisma marxista que generó la III Internacional Socialista, no constituyen criterios objetivos para identificar a los movimientos fascistas, es indiscutible que ciertas conductas correlacionadas con esta manera de pensar y actuar aparecieron en America Latina durante ese decenio.

Para entender mejor las condiciones y límites del fascismo criollo, el quid no es tanto discutir sobre si hubo o no fascismo en la región, sino cuáles fueron y son su sentido y vigencia, entonces y ahora.

El 8 de octubre del 2017 Mario Vargas Llosa dijo en Barcelona, España, ante casi un millón de manifestantes contra el secesionismo catalán–:

Todos los pueblos modernos o atrasados viven en su historia momentos en los que la razón es barrida por la pasión. Y es verdad que la pasión puede ser generosa y altruista cuando inspira la lucha contra la pobreza y el paro. Pero la pasión puede ser también destructiva y feroz cuando la mueven el fanatismo y el racismo […] La peor de todas, la que ha causado más estragos en la historia, es la pasión nacionalista. Religión laica, herencia lamentable del peor romanticismo. El nacionalismo ha llenado la historia de Europa y del mundo, y de España, de guerras, de sangre y de cadáveres. Desde hace algún tiempo, el nacionalismo viene causando estragos también en Cataluña.[1]

Admirable síntesis, sindéresis y sintaxis del Premio Nobel de Literatura al describir una de las facetas más importantes del fascismo, el nacionalismo, como una religión laica, herencia lamentable del romanticismo.

El otro prejuicio y preconcepto ínsito en el fascismo es el racismo. Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana y vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, en un artículo publicado en la prensa local, aseguró hace un par de años que no existía similitud genética entre los catalanes, alemanes y suizos y el resto de los españoles; a quienes emparentaba, vía ADN, con italianos y portugueses. ¿En qué se parece esta afirmación de lo sostenido por Adolf Hitler en su libro Mi Lucha –Mein Kampf– como Teoría de la raza superior?

Hitler no sólo se apoyó en Gregor Mendel y un supuesto estudio realizado en Upsala, Suecia, donde se habría demostrado la existencia de una raza superior establecida en Alemania, Francia y Suecia. Además, Hitler acogió la hipótesis del fascismo británico, al admitir que la arianización no dependía sólo de la doctrina mendeliana, sino que algunas razas la tenían por el sólo hecho serlas, es decir por su esencia, como en el caso del pueblo inglés.

Hitler combinó todas estas teorías, pero en Mi Doctrina expresó que la raza superior había surgido del ideal del Ego, del súper hombre, caracterizado por Friedrich Nietzsche al sostener que el ser humano no era una criatura de Dios, sino  un producto la evolución darwiniana; que el ario –o súper hombre, física e intelectualmente hablando– provenía del centro de la tierra, de las profundidades, por lo que fundó una secta que contextualizaba esta creencia, a la cual llamó Doctrina Vrill,  y que, según él, permitía vencer la barrera del tiempo:

El Führer en el estadio de Brandemburgo, anunciando la “solución final” (1938)

 

La tesis hitleriana sostenía que el “ideal de hombre puro” contrarrestaba la existencia de aquellas razas miserables que lograron sobrevivir pese a la selección natural: gitanos, negros y, especialmente, judíos; promotores según el Führer de todos los males humanos como la homosexualidad, la codicia, la pereza y el ser apátrida, que habían encontrado su hogar en el comunismo.[2]

Uno de los reclamos de los votantes en las cariacontecidas elecciones de Cataluña del 1° de octubre del 2017, impresas en miles de carteles que portaban los votantes y entregados a ellos por los partidos separatistas Esquerra Republicana de Catalunya –ERC– y Candidatura d’Unitat Popular –CUP– ; decían, palabra más, palabra menos–: Cataluña no puede seguir financiando la pereza del resto de España.

En otras palabras, las cabezas de la Hidra del fascismo, que este caso son tres, impregnan hoy al independentismo catalán: el ADN del súper hombre según Junqueras, el nacionalismo de Carlés Puigdemon, la pereza de las razas miserables conforme el ERC y la CUP

Ciertamente, en los años 30 hubo similares precondiciones en América Latina, tanto por la transición económica de los países más industrializados cuanto por la significativa actividad de las minorías étnicas de procedencia europea.

Pero la pregunta de los 64 mil dólares sería: ¿Es que sólo dichas condiciones se manifiestan esporádicamente, en el pasado o el presente, o más bien resultan una maldad propia y constante de la condición humana, criogénicamente dormida, como un sapo, esperando que su príncipe azul –llámese Adolfo, Hugo Rafael, Carlés– la despierte con un baboso beso de lengua para reiniciar su cadena de agravios contra el resto de la humanidad?

Capítulo II

El nacional–socialismo en América Latina

En Colombia y México, Alemania creó una triangulación –amparada por sus gobiernos al más alto nivel– para espiar, sabotear y extender la capacidad operativa del Tercer Reich en el Nuevo Mundo. Sus grupos funcionaron con gran efectividad, incluso cuando ya estaba perdida la II Guerra Mundial, y algunos de sus integrantes recibieron la condonación parcial o total de sus penas trocándolas por delaciones.

La protagonista estelar de estos grupos fue Hilda Krüger, buenamoza, rubia, alta, de ojos azules, segura de sí misma y multilingüe. Antes de llegar a México, Krüger tuvo amoríos con Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen nazi, y con el magnate petrolero Paul Getty uno de los primeros en el mundo con una fortuna superior al millardo de dólares.

Hilda Krüger: “el arma sexual secreta” de Hitler

 

Al llegar a la nación azteca, Krüger se infiltró en el gobierno revolucionario y socialista del caudillo militar Manuel Ávila Camacho y se hizo amante de su Secretario de la Gobernación [3] y futuro presidente mexicano, Miguel Alemán Valdés. Desde tan privilegiada posición, compiló inteligencia para la Gestapo y consiguió materias primas para su país durante la II Guerra Mundial.

Al avanzar la confrontación, las fábricas germanas no se daban a basto para producir armamentos. Ante la demanda de las mismas, el Reich intensificó el contrabando de mercurio y petróleo [4], exportado por toneladas desde México. A petición de Krüger, el Presidente Alemán autorizó un descuento del 50% en las tarifas de ferrocarril desde las minas hasta los puertos de embarque.

En 1941 EEUU entró en la contienda, como aliado del Reino Unido. El gobierno estadounidense presionó al Presidente Ávila Camacho para que se pronunciara contra Alemania, Italia y Japón; y logró su objetivo. Entonces comenzó a desinflarse la burbuja en la cual vivían los espías nazis.

Alemán, acusado por EEUU de proteger los intereses germanos en México,  dejó de frecuentar Krüger, pero cuando  Washington solicitó su detención, logró mantener a salvo con la modalidad de libertad supervisada por la Secretaría de Gobernación. Además, casó a Hilda con Ignacio de la Torre para que ella pudiese permanecer en territorio azteca sin ser extraditada.

Krüger se decía fascinada por el pasado mexicano, así que  se inscribió en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de México, y se hizo pupila y amiga del historiador Edmundo O’Gorman y de su esposa, Ida Rodríguez Prampolini, también historiadora. Además se vinculó con la crema intelectual del país, representada por José Clemente Orozco, Salvador Novo y Alfonso Reyes. Así, de golpe estrenó marido, amistades y ocupación, muy convenientes para desvincularse de sus actividades ilícitas. En efecto, a todo el mundo se le olvidó su pasado como espía.

Mientras participaba en más de 30 películas, entre ellas Adulterio, Bartolo toca la flauta y El que murió de amor, se especializó en personajes como la Malinche y Sor Juana Inés de la Cruz. Dedicada, además de brillante, escribió tres pequeños libros que tuvieron buena recepción en el ambiente.

Unos años después se divorció, vivió en EEUU y luego regresó a Europa, sumiéndose en el silencio y la soledad, hasta su muerte en Alemania, en 1991 [5].

Por su parte, Argentina, Brasil y Paraguay se convirtieron en santuarios que albergaron a los criminales nazis y los fondos que le habían arrancado a los prisioneros judíos, literalmente hablando [6].

El tesoro nazi arribó a Argentina de manera paulatina, entre 1942 y 1944, colmando las arcas de las banca germana local. Un informe de la Secretaría del Tesoro de EEUU, de 1946, pone de manifiesto el registro mercantil de 98 firmas durante ese período, con transferencias giradas de Berlín a Buenos Aires.

El dinero llegaba al Banco Central de la República, y desde allí se distribuía a los bancos Alemán Transatlántico, Germánico del Río de la Plata y Deutsche Bank. La marea de inversionista llegó a su apogeo al inclinarse la balanza de la guerra a favor de los Aliados. Entre 1900 y 1942 se habían registrado Argentina 202 firmas comerciales de capital alemán; en los dos años siguientes se establecieron casi un centenar. Philippe Aziz, investigador francés asegura que, en 1942, Goebbels depositó en un banco bonaerense, bajo nombre falso, casi 2 millardos de dólares[7].

El oro desembarcado en las playas argentinas fue sólo parte ínfima del caudal transferido. Llego a bordo de 15 submarinos los cuales, además del metal, transportaban familias enteras que escapaban de la derrota. En el siguiente medio siglo el oro fue lavado y convertido en activos más negociables y menos sospechosos.

En marzo de 1945, tras la tardía declaración argentina de guerra al Eje, algunas empresas tudescas fueron nacionalizadas y puestas bajo la Junta de vigilancia de la propiedad enemiga. La mayoría escapó a la medida y, a partir de 1946 hasta fueron contratadas por el Estado para trabajos en obras públicas como la construcción del Aeropuerto Internacional de Ezeiza

Al antropólogo y médico germano Josef Mengele, oficial de las Schutzstaffel–SS– en el campo de exterminio de Auschwitz, se le atribuyó la selección de las víctimas a ser ejecutadas en cámaras de gas y la disección en vivo de los prisioneros.

Mengele huyó de Auschwitz el 17 de enero de 1945, poco antes de la llegada del Ejército Rojo. Con la ayuda de una red de ex miembros de las SS, navegó a Argentina en julio de 1949.

En principio, se domicilió en Buenos Aires y, pero tuvo que trasladarse a Paraguay (1959) y Brasil (1960), para escapar de las autoridades alemanas, hebreas y de caza–nazis como Simon Wiesenthal, que querían llevárselo y  enjuiciarlo.

Pese a los esfuerzos tudescos y del Mossad, Mengele nunca pagó por sus horrendos crímenes y murió ahogado en la playa de Bertioga, Brasil, el 7 de febrero de 1979.

Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS, fue el responsable directo de la solución final [8], principalmente en Polonia, y de la transportación de los deportados a los campos de exterminio durante la II Guerra Mundial.

Al finalizar la contienda, Eichmann fue capturado por el Ejército de EEUU, quien no le reconoció. En 1946 se escapó y se enconchó en Alemania hasta 1948, cuando obtuvo un salvoconducto para abandonar el país, mas no lo usó de inmediato. A principios de 1950, con la ayuda del obispo católico Alois Hudal, obtuvo un pasaporte de la Cruz Roja y una visa argentina, ambos a nombre de Ricardo Klement, técnico de oficio.

El 17 de junio de 1950 se embarcó en Génova y llegó a Buenos Aires el 14 de julio. Se alojó en Palermo Viejo y comenzó a trabajar en un taller mecánico. Luego viajó en tren a Tucumán para trabajar en una empresa alemana.

Su familia arribó familia a Argentina y la trasladó a la provincia de Tucumán. En 1952, al quebrar la compañía para la cual trabajaba, empezó a vender jugos en el puerto de Olivos. Más tarde, comenzó a laborar en la fábrica de calentadores Orbis.

A Adolf Eichmann lo detectó un judío alemán ciego, vecino suyo, Lothar Hermann, cuya hija estaba empatada con uno de los adolescentes de la familia. Al comienzo, Mossad no quiso creer que el invidente pudiera haber reconocido a uno de los más buscados criminales de guerra.

Empero, le sometieron a seguimiento y lograron identificarle positivamente, iniciándose el planeamiento de su captura y traslado Israel, donde murió ahorcado. Al momento de su abducción, el 20 de mayo de 1960, era gerente de la planta automotriz Mercedes Benz.

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[1] Diario El País de España, 09/10/2017

[2] Ortiz, Camilo: Teoría de la raza superior de Hitler – Justificación de lo injustificable (2012)

[3] Equivale al Ministerio de RRII o la Secretaría de Estado en los demás países del Hemisferio.

[4] Ya que el envío de tales recursos a Alemania estaba prohibido por EEUU

[5] Cedillo, Juan Alberto: Vida y obra de una espía nazi en México (2016)

[6] Un porcentaje importante del oro llevado a Argentina procedía de las dentaduras extraídas a  las víctimas de los campos del horror.

[7] Diario La Nación de Buenos Aires (01/12/2017).

[8] Holocausto judío.

[9] Peregil, César: La herencia oscura del Paraguay (201

Capítulo III

Las dictaduras fascistas del Cono Sur

El golpe de Estado de 1964 en Brasil inauguró una nueva etapa histórica en las intervenciones militares en America Latina; situación reforzada por el proceso argentino, a partir de 1966, y atornillada –en 1976– al desintegrarse el peronismo.

Tres nuevas rupturas del hilo constitucional instalaron a la modalidad en los países del Cono Sur.

1.      En Uruguay, con la progresiva militarización del país, tras un largo periodo de gobierno civil –durante el cual Uruguay había sido reconocido como la Suiza de América Latina–. Las FFAA, desestabilizadas por los guerrilleros Tupamaros, se fueron empoderando, escalonadamente, tras la declaración de fuerza interna –en abril de 1972– y hasta el zarpazo definitivo, –en junio de 1973– cuando optaron por disolver al Parlamento. Al final del ominoso ciclo represivo uruguayo no quedó prácticamente alguien en el país sin un familiar, amigo o conocido que hubiese desaparecido o apresado durante el proceso.

2.      En  Chile,  bajo el impacto de la violencia militar y muerte, en  1973, de Salvador Allende, Presidente de República. Fue el ejemplo más traumatizante del ahondamiento y solidificación de los nuevos clanes militares en América Latina, reduciendo al inmovilismo y la apatía a los opositores mediante una brutal persecución. Allí hubo episodios absolutamente execrables, como la Colonia Dignidad, escuela supuestamente hecha para educar a huérfanos de la represión, en la cual realmente se les sometía a trabajos forzados y a satisfacer la lujuria de oficiales y amigos de la tiranía.

De izquierda a derecha: la señora y el general Pinochet, y la “Dama de hierro”

3.     Alfredo Stroessner murió a los 93 años en Brasilia, en agosto de 2006, después de haber gobernado a Paraguay por durante 35 años con el apoyo del Partido Colorado. Cobijó a decenas de nazis en Paraguay, e hizo desaparecer a más de 400 personas bajo su mandato, pero jamás compareció ante algún tribunal. Se estima que la cuantía de los bienes de Stroessner ascendía a unos 5 mil millones de dólares, cuyos activos incluían. Se asegura que puso grandes navieras, fincas rurales y empresas a nombre de sus familiares.[9] Gran parte del dinero lo hizo con el contrabando y el narcotráfico, pues La Asunción fue un puente para la importación de cigarrillos, electrodomésticos y whisky escocés, destinado a los países vecinos, y la exportación de coca boliviana y peruana a EEUU, vía Panamá y México. Este gran negocio delincuencial fue financiado, inicialmente por la tabacalera Philip Morris, que contrató a los pilotos y aviones que volaba de Paraguay a México.

Las dictaduras de Argentina, Chile y Uruguay avanzaron aún más en la profundización de la violencia, al establecer una alianza llamada la Legión Cóndor. cuyo propósito era aprehender, desaparecer y extraditar a los opositores expatriados, sin pasar por ninguna vía diplomática o legal.

Eva y Juan Domingo Perón, inventores del fascismo criollo o populismo

 

En este panorama, Brasil se incorporó a la moda, con el gobierno más represivo del Brasil, el denominado Período Medici, entre 1969 y 1973. Ante la aparición de la guerrilla urbana en Brasil, el Presidente Emilio Garrastazu Medici ordenó el espionaje y la tortura para suprimirla. El reforzamiento de la represión política durante su gobierno hicieron conocido a su mandato como los años de plomo del régimen militar.

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[1] Diario El País de España, 09/10/2017

[2] Ortiz, Camilo: Teoría de la raza superior de Hitler – Justificación de lo injustificable (2012)

[3] Equivale al Ministerio de RRII o la Secretaría de Estado en los demás países del Hemisferio.

[4] Pues  el envío de tales recursos a Alemania estaba prohibido por EEUU

[5] Cedillo, Juan Alberto: Vida y obra de una espía nazi en México (2016)

[6] Un porcentaje importante del oro llevado a Argentina procedía de las dentaduras extraídas a  las víctimas de los campos del horror.

[7] Diario La Nación de Buenos Aires (01/12/2017).

[8] Holocausto judío.

[9] Peregil, César: La herencia oscura del Paraguay (2012)

 

 

Capítulo VIII

El fascismo en Venezuela

En este sentido, la experiencia venezolana fue inesperada e  impresionante.

En 1945 un grupo de oficiales y civiles, al mando del teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, derrocó el gobierno del general Isaías Medina Angarita; el más democrático, honesto y progresista que la nación había tenido desde su Independencia.

Como los demás militares que actuaron en el golpe, los venezolanos habían bebido el nacionalismo en las academias donde estudiaron. Delgado, en Saint Cyr, Francia; Marcos Pérez Jiménez, en Chorrillos, Perú y así. Al actuar en la defenestración de Medina un partido socialista, Acción Democrática, que derivado como el Apra de la escisión marxista de la III Internacional, se dio la tormenta perfecta: un régimen nacional–socialista.

El experimento terminó el 2 de diciembre de 1948, cuando los militares decidieron sacudirse a los civiles y declarar el gobierno de las FFAA a secas.

El extraño intermezzo de un magnicidio

 

Dos años después, el 13 de noviembre de 1950, fue asesinado Delgado Chalbaud, Presidente de la Junta de Gobierno surgida tras el golpe contra Rómulo Gallegos. Rafael Simón Urbina, sindicado como el autor del crimen, cayó, también abaleado, cuando intentaba huir.

 

El cadáver del asesinado Presidente Carlos Delgado Chalbaud en capilla ardiente

 

El caso de Delgado Chalbaud no deja de ser harto extraño, por su excepcionalidad.

Hans Braun [1] llegó a Maiquetía desde Colombia el 10 de Noviembre de 1950. Le recibieron protocolariamente, y le llevaron a una suite del Hotel Ávila, entonces el mejor hotel de Caracas. Esa misma noche, en un lujoso apartamento de la Plaza Altamira, cenó con prominentes políticos y hombres de negocios, algunos de ellos miembros del Grupo Uribante, así llamado por su origen tachirense [2]. Le habían convocado para informarle sobre su proyecto para secuestrar y deponer a Delgado Chalbaud y solicitarle, a tal efecto, consejo, apoyo y la bendición del Tío Sam.

El Grupo Uribante participó en casi todas las conspiraciones que hubo en  Venezuela en las décadas de los cuarenta y los cincuenta del siglo pasado. El miembro más connotado del exclusivo club, Miguel Moreno, quien era a la fecha Secretario de la Junta de Gobierno que presidía Delgado Chalbaud, después del magnicidio fue expatriado y no se le permitió regresar más nunca.[3]

Poco añadió Braun al plan.

Le pareció de ingenuidad supina que el primer mandatario venezolano utilizara siempre el mismo trayecto para desplazarse de su residencia a su despacho. Pensó que era un suicidio viajar en un vehículo no blindado, sin más escoltas que un par de motociclistas, dos edecanes y el chofer. Visualizó la acción como de poca complejidad, y así se lo hizo saber a sus anfitriones.

Después se dedicó a comer y beber con ellos, dedicándose a sus propios asuntos, que consistían en identificar, oír y recordar a sus interlocutores.

Ellos admiraron la sangre fría del joven agente, quien no sólo hablaba inglés, sino alemán y español sin acento, y para quien el asesinato del jefe de Estado de una nación amiga le resultaba lo más natural del mundo.

Un conocido abogado, Antonio Aranguren, representaba en Venezuela los intereses de la Standard Oil Company, la mayor concesionaria petrolera estadounidense. Con fondos aportados por su casa matriz, compró las armas, alquiló la casa donde se ocultarían los conspiradores, y proveyó la logística requerida.[4]

Huelga decir que, en 1950, ni las petroleras ni los productores se habían cartelizado. Las cinco hermanas nacerían recién a finales los cincuenta, después de la Guerra de Suez; y la OPEP tendría que esperar hasta que el gobierno de Betancourt concertara un acuerdo con sus colegas levantinos, lo que sólo sucedería a mediados de los sesenta.

En aquellos días los negocios petroleros terminaban como en el Viejo Oeste Americano, a puñaladas, tiros y tacos de dinamita. Sobre todo si se trataba de un botín grande, y Venezuela era entonces el tercer productor de crudos del planeta y el primer exportador de los mismos a EEUU.

Los sicarios eran conspiradores de oficio, gente agresiva y rústica, nacida en la tradicionalmente enguerrillada Serranía de Coro. Les dirigía Rafael Urbina, general autonombrado en las guerras del caudillismo, quien durante la dictadura de Juan Vicente Gómez no logró tomar Coro, pero sí ocupar incruentamente a la isla neerlandesa de Curazao como plataforma para su posterior y frustrada aventura. Uno de los conjurados contra Delgado Chalbaud era Domingo Urbina, sobrino del general, quien le daría el tiro de gracia al Presidente.

Como hecho curioso Román Delgado, padre de Carlos, también había fracasado al desembarcar y levantarse contra Gómez en Cumaná. Román murió en la acción, pero su hijo Carlos, quien le acompañaba en la aventura, escapó ileso y huyo a Francia, donde se transformó en la antítesis de Urbina.

Por su origen, Delgado Chalbaud pertenecía a la aristocracia de provincia. Se graduó Ingeniero Civil y Militar, con los mayores honores de su promoción. Se convirtió en viajero cosmopolita, y fue recibido como par por la nobleza del Viejo Mundo. Por eso, visualizaba a Venezuela más cerca de Europa que de EEUU.

Delgado creía poseer la clave para reducir la influencia  estadounidense en Venezuela, magnificada por su relativa cercanía al país. Consideraba que, al entregarle las nuevas concesiones petroleras a los holandeses e ingleses, lograría balancear el poder omnipotente del Imperio Yanqui.

 Urbina, en cambio, despreciaba a los holandeses por su pragmatismo a ultranza. Les conocía bastante bien, pues muchos antillano–neerlandeses se habían establecido en Coro, su provincia natal, desde la Colonia. Urbina agregaba a esta xenofobia, común entre los descendientes de los inmigrantes vascos llegados a Coro en el Siglo XVI, un anticomunismo feroz, tal como se predicaba en EEUU en la época.

Urbina consideraba Delgado un blandengue. Creía que, por su causa, Rómulo Betancourt retomaría el poder a corto plazo, lo cual, en efecto, sucedió. Aspiraba a triunfar, para imponer en Venezuela un régimen a lo Trujillo o a lo Somoza, con el visto bueno de los yanquis. Por otra parte, creía que Betancourt como un topo comunista.

En efecto, las ideas expresadas por Betancourt en el ensayo Venezuela, política y petróleo y sus intervenciones públicas no concordaban con la visión estadounidense del capitalismo de posguerra sino, más bien, con las del modelo socialista.

Tras volver del exilio y presidir de nuevo al país, Betancourt tampoco adoptó el liberalismo como eje del desarrollo, sino una suerte de capitalismo de Estado, paternalista y clientelar, según el marxismo–engeliano aplicado por Josip Broz (Tito) en Yugoslavia.

Los gringos apostaban a lo seguro, hipótesis sobre la cual existen opiniones y documentos valiosos que la soportan. Para nada les servía un caudillo de vieja data gobernando en Miraflores. No querían a Delgado, pero mucho menos a Urbina. Preferían a Pérez Jiménez, oficial egresado de Chorrillos, quien indudablemente les favorecería en el reparto de las nuevas concesiones petroleras.

La CIA aprobó la conspiración contra Delgado Chalbaud, promovida por la Standard Oil y el Grupo Uribante. El FBI apoyó a Pérez Jiménez, exonerándole de toda culpa en el magnicidio, y poniéndole en sus manos el timón de Venezuela.

Los resultados de la investigación sobre el magnicidio, realizada bajo la supervisión personal de John Edgard Hoover, fueron compilados en cuatro gruesos volúmenes, y distribuidos profusamente entre los medios. Pero más tarde, se recogieron.

En ellos no se incriminaba a Pérez Jiménez, pues ya el culpable había sido identificado. Las preguntas que se formularon entonces fueron–: ¿Por qué fueron confiscados estos libros? ¿A quién o a quiénes involucraban las pesquisas del FBI?

Delgado Chalbaud no murió durante su abducción, en la cual quedó desfigurado su escolta, el teniente Julio Bacalao Lara. Como le pasó al torero Paquirri, Delgado Chalbaud se desangró internamente, sin percatarse que la vida escapaba entre las tripas.

Al caer en manos de la Seguridad Nacional, los Urbina fueron ejecutados ipso facto. Aranguren purgó una pena larga en los calabozos de la dictadura. Al volver la democracia y recién recuperada su libertad, desapareció, misteriosamente, mientras sobrevolaba a Barlovento.

Los celos entre la CIA y el FBI en el escenario venezolano

El general Pérez Jiménez recibiendo la Medalla al Mérito de EEUU

¿Quién vendió la conjura?

Probablemente Pedro Estrada, sabueso por instinto y policía de profesión, quien sirvió a todos los gobiernos venezolanos, desde Gómez hasta Pérez Jiménez, y llegó a comandar a un ejército de 5 mil esbirros, en una Venezuela que apenas contaba con 7 millones de habitantes y cuyas FFAA no superaban los 15 mil efectivos.

Aunque sus subalternos podían ser considerados verdaderos prototipos lombrosianos, Estrada, con tan mala entraña como ellos, les llevaba una morena en cultura e inteligencia.

Vestía con elegancia y distinción. Hablaba, fluidamente, francés e inglés; el primero por haberlo estudiado en Trinidad, el segundo por haber sido alumno sobresaliente del Deuxieme Bureau en Francia.

Estrada fue siempre un hombre de hogar. Al final de su mandato casó, en segundas nupcias con una hermosa viuda de la mejor sociedad caraqueña. Con sus dotes de seductor y la partida secreta del Ministerio RRII, consiguió muchas más delaciones que mediante la tortura.

La inusitada cortesía la cual le trató el gobierno francés durante el exilio, fue una contraprestación a los servicios que Estrada le brindó como asesor de seguridad del Estado, en los momentos críticos habidos después de la Independencia de Argelia.

Tras el atentado contra De Gaulle, el gobierno tomó la iniciativa y terminó con las ilusiones de los aguerridos legionarios y paracaidistas indochinos y argelinos, quienes ansiaban devolverle a su nación la grandeza colonial.

Haya sido como fuera, el poder del cual disfrutó Estrada sólo es comparable, proporcionalmente, al que tuvieron Hoover, director del FBI, o Beria, Comisario de Seguridad de la URSS.

La  intervención de Estrada al resolver el magnicidio se puede explicar en función las desavenencias existentes entre los organismos de seguridad de EEUU cuando mataron a Delgado Chalbaud: el FBI espiaba a la CIA y viceversa. Estrada tuvo que haber recibido una alerta del FBI sobre el complot contra el Presidente. Sin descalificar la macabra eficacia de la Seguridad Nacional, sólo así puede entenderse la velocidad conque Estrada detectó, detuvo y ajustició a los conjurados, y el FBI resolvió policialmente el crimen.

Si se considera esta hipótesis como verdadera, Estrada, debió preguntarse–: ¿A mí qué me conviene más, que mande Delgado Chalbaud o Pérez Jiménez?

¿Por qué la CIA y el FBI habrían actuado de manera distinta y contradictoria en este caso?

En 1942 el Presidente Franklin D. Roosevelt fundó la OSS –Office of Strategic Services– para inteligencia militar y sabotaje. Roosevelt se proponía, entre líneas,  limitar el control absoluto que Hoover poseía a la fecha, control que definió muy bien el Presidente de la Comisión Judicial del Congreso Norteamericano: Hoover tuvo en sus manos el poder absoluto sobre la vida y el destino de todos los estadounidenses. No hubo presidente, congresista ni funcionario público, de cualquier rango, que no estuviera fichado por él…[5] Y lo ejerció, ¡de qué manera!

Durante la II Guerra Mundial internó en campos de concentración a miles de inocentes estadounidenses, cuyo único pecado era su ascendencia japonesa. Después del conflicto se dedicó a cazar brujas, enjuiciando por sospechosos de comunismo a más de 50 mil personas, entre quienes cayeron Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, y Charles Chaplin, a quien deportó por la nimiedad de haberse burlado de él en una de sus películas.

Durante las dos últimas décadas de su gestión de 44 años se produjo el magnicidio de John Kennedy y los homicidios de Robert Kennedy, Malcolm X y Martin Luther King en circunstancias aún oscuras, a quienes Hoover consideraba sus enemigos jurados. Inmediatamente tras su muerte, y por órdenes expresas del Fiscal General de la Nación, los archivos personales de Hoover fueron destruidos.

Truman, sucesor de Roosevelt en la Presidencia de EEUU, desconfiaba de Hoover tanto como su antecesor, por lo cual le confirió a la OSS la responsabilidad de analista de la información global, coordinadora de inteligencia y contrainteligencia y planificadora de operaciones encubiertas. Así nació en 1946 el CIG —Central Intelligence Group—.

William Donovan, su Director pudo finalmente, en 1947, consolidar los servicios de inteligencia estadounidenses en un organismo único de seguridad, la CIA, como se la conoce al presente. Sin embargo, para lograrlo, tuvo que cederle a Hoover el control del espionaje y contraespionaje en territorio norteamericano

Si alguien no creyera en la historia de Hans Braun sobre la participación de la CIA en el magnicidio de Delgado Chalbaud, de lo que sí no debería dudar es de su larga intervención en todos los golpes de Estado y conflictos bélicos habidos en Iberoamérica, desde la caída de Jacobo Árbenz en 1952 –Presidente de Guatemala–, hasta las guerras civiles que asolaron a Centroamérica en los últimos tres decenios del Siglo XX, así como en los asesinatos de Rafael Leónidas Trujillo y Salvador Allende.

A Fidel Castro la CIA le dedicó una docena de frustrados intentos de homicidio, empleando medios que parecen sacados de las películas de James Bond. Chávez heredó de su mentor, Fidel, la paranoia contra la CIA y, de vez en cuando, afirmaba que la CIA lo quería quebrar. Empero, donde le quebraron fue en La Habana.

Con el fin de la Guerra Fría, la CIA se volvió obsoleta y el sitial preeminente que una vez tuviera lo ocupó la DEA. Los peores fallos de la CIA ocurrieron en la voladura de las embajadas americanas en África, el ataque suicida contra el destructor USS Cole en Yemen y los falsos positivos en identificación de armas de destrucción masiva en Irak.

Por razones históricas, a los venezolanos les repugna, profundamente, apelar a la solución estadounidense para liberarse, expeditamente, de jefes de Estado indeseables o inconvenientes.

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[1] Nombre ficticio que ampara a un personaje real a quien conocí personalmente.

[2] Se refiere a uno de los ríos que discurren por el Estado Táchira.

[3] Cuando cayó Pérez Jiménez, en 1958, Miguel Moreno intentó volver a Venezuela por Maiquetía, pero las nuevas autoridades le deportaron a Nueva York, en el mismo avión de Pan American en el que había llegado.

[4] Esta hipótesis fue formulada por el doctor Juan Bautista Fuenmayor, co fundador del Partido Comunista de Venezuela, pensador y ex Rector de la Universidad Santa María de Caracas. La publicó en Santiago de Chile, mientras se hallaba exiliado, y la tituló Aves de rapiña sobre Venezuela. A fin de descalificar su importante aporte, se editó un libro homónimo, donde se tildaba de corruptos a honorables ciudadanos que habían servido en el régimen de Pérez Jiménez, lo cual hizo que amigos y simpatizantes le hicieran la cruz al documento original.

[5] Weiner, Tim: Legado de cenizas – Historia de la CIA (2007)

 

 

Capítulo X

La vuelta al nacional–socialismo en Venezuela

En 1958, los partidos socialistas venezolanos salieron de la resistencia y el exilio y volvieron al poder, repitiendo la abortada experiencia de 1945. Fue la llamada IV República, consagrada en el Pacto de Punto Fijo, del cual sólo quedaron excluidos los comunistas y izquierdistas radicales, que se fueron a las guerrillas por órdenes del Che Guevara y Fidel Castro.

El modelo de la IV República nunca le devolvió al país las garantías económicas sido suspendidas durante la II Guerra Mundial. Cuando Pérez Jiménez aplicó el programa del Nuevo Ideal Nacional, se cuidó mucho de reservar para el Estado la propiedad de las empresas básicas: acero, aluminio, energía eléctrica, petróleo. Tanto la nacionalización del hierro, decretada por Rafael Caldera, y de las trasnacionales petroleras, a cargo de Carlos Andrés Pérez, siguieron las reglas económicas impuestas por la dictadura perezjimenizta. Por eso, Arturo Uslar Pietri nunca creyó que la IV República fuese una democracia verdadera, sino, más bien, un régimen de libertades.

También se emprendieron programas para darle a los desposeídos asistencia gratuita en alimentación, educación y salud. Durante el segundo período de Rafael Caldera, el comandante golpista Francisco Arias Cárdenas manejó el programa El vaso de leche escolar, a escala nacional, complementándolo con comedores populares y becas escolares.

En Cúcuta, capital de la Provincia del Norte de Santander, había busetas que iban desde el centro de la ciudad hasta la Maternidad de San Cristóbal, pues la atención médica a las embarazadas era absolutamente gratuita en Venezuela, pero totalmente impagable para los pobres en Colombia.

La alternancia puntofijista en acción: Caldera le pasa, sonriente, el testigo a CAP

Sólo en el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez se intentó adentrar a Venezuela en la economía de mercado, con un tibio paquete de medidas preparado por el economista Miguel Rodríguez.

El pequeño incremento del precio de la gasolina, muy por debajo de los costos internacionales, desencadenó una serie de manifestaciones in crescendo que, más adelante, dieron pie a El Caracazo (1989), un estallido social predador, organizado, entre otros, por el comisario de la Policía Metropolitana Freddy Bernal, quien se convertiría en figura de postín durante el gobierno de Hugo Chávez Frías.

La revuelta tuvo que ser sofocada por la Brigada Caracas del Ejército, con un balance de más de un mil muertos. Después de El Caracazo, vinieron los golpes de Chávez en febrero de 1992, y del general Francisco Visconti, en noviembre del mismo año.

Ese mismo año apareció en el Diario El Nacional un recuadro donde se informaba del presunto manejo doloso de 250 millones de bolívares, por la rectificación de la partida secreta del Ministerio de RRII. Esa nota condujo a la acusación por malversación y peculado del Presidente Pérez, su destitución y privación de libertad. Estos actos le sirvieron el poder en bandeja de plata a la anti–política, representada por Chávez.

La labor de zapa del comunismo infiltrado

Mientras la tormenta perfecta parecía haberse convertido en chubasco tropical en el régimen de libertades de la IV República, en 1964 se gestaba un nuevo nacional– socialismo o fascismo criollo, la Revolución Bolivariana.

Según Alberto Garrido [1], el 18 de octubre de ese año los marxistas aprobaron un informe sobre la situación político-militar del país, documento que había sido elaborado por Douglas Bravo y Elías Manuitt, comandantes de la lucha guerrillera en la Sierra de Falcón. Fue el primer escrito que trataba la fusión de la guerrilla y las FFAA venezolanas.

En él se destacaba, como una singularidad venezolana, la inexistencia de clases cerradas en lo económico, político e ideológico, característica proveniente de la esencia del Ejército independentista y la doctrina igualitaria y popular de la Guerra Federal. Por eso, el icono del Libertador siempre estuvo presente en la guerrilla venezolana.

Cuando los documentos de la montaña fueron aprobados, existía el Frente Simón Bolívar, a cargo de Argimiro Gabaldón. También el Ezequiel Zamora, dirigido por Francisco Prada. Solamente faltaba entonces el nombre de Simón Rodríguez para completar el Árbol de las tres raíces. A fines de los años sesenta, también Simón Rodríguez fue reivindicado por la guerrilla.

 Chávez, líder de un golpe que comenzó a planearse desde 1964

 Cuando apareció Ruptura, órgano informativo del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), el sector guerrillerista de Bravo –que en 1966 se había desprendido del Partido Comunista– distribuyó un afiche de la organización con el rostro del maestro de Bolívar.La inserción de la guerrilla en las FFAA fue estimada a corto y largo plazos. A largo plazo, para hacer proselitismo y acumular fondos para el momento insurreccional, evitando desperdiciar ambos recursos en acciones inconvenientes o inoportunas. A corto plazo, para convertir a las FFAA en proveedor de armamentos, logística, inteligencia y otros elementos para usufructo del movimiento. Los fallidos intentos golpistas de Carúpano y Puerto Cabello –mayo y junio de 1962– se basaron en la estrategia cívico–militar diseñada por el Partido Comunista en 1957. Su fracaso ocasionó la captura de varios oficiales miembros del Partido Comunista o el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Algunos de ellos se incorporaron después a la guerrilla, y llegaron a tener mandos en la insurrección- Fueron los casos de Manuel Azuaje, Rider Colina, Elías Manuitt Camero, Pedro Medina Silva, Juan de Dios Moncada Vidal, Manuel Ponte Rodríguez. Entre los civiles que participaron en dichos alzamientos se encontraban Humberto Arrietti, Pedro Duno, Germán Lairet, Eloy Torres, tutelados por Guillermo García Ponce.La guerrilla nunca se planteó una revolución dirigida desde las FFAA, sino la derrota total de éstas. Hacia 1976 la guerrilla fue militarmente vencida, mas, gracias al encarcelamiento de Richard Izarra[2], editor de la Revista Reventón,veteranos combatientes que compartieron la celda con el joven periodista –de 19 años de edad–, conocieron a su hermano, el piloto militar William Izarra, y establecieron un vínculo entre Izarra y Bravo.Ya Izarra había incluido en su programa político el ambientalismo, el indigenismo, el reformismo y un culto popular que incorporaba como deidad a Bolívar. En lo internacional, se identificaba con la Tercera posición, apartada de la bipolaridad y cercana a la Revolución Cultural China.El nuevo objetivo era la alianza cívico–militar, que en lo castrense se traducía en la formación de un Tercer EjércitoEjército Continental de Bolívar, mezclando a los revolucionarios de las FFAA con la vieja guerrilla.La Revolución Bolivariana devendría de la ruptura histórica, de ahí que la publicación de la organización se llamara Ruptura Continental, tras la cual se crearía una nueva civilización. Izarra quedó seducido por los planteamientos de Bravo, y se dedicó a formar con ahínco un movimiento clandestino para impulsar la revolución desde las FFAA.Así nacieron, sucesivamente, Revolución 83 y Alianza Revolucionaria de Militares Activos. Los grupos subsistieron hasta que Izarra fue expulsado de la Aviación Militar, por un chivatazo.Entonces, la estrategia tomó otro camino.En 1977, se instaló el Frente Militar de Carrera, para coordinar a los distintos componentes. En el Ejército se cuadraron, el Comité de Militares Bolivarianos, Patrióticos y Revolucionarios, el Ejército Bolivariano y luego el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR–200).Pocos militares, entre ellos Hugo Chávez, conocían al cerebro de la conjura, Douglas Bravo. Toda la teoría a estaba servida para los jóvenes oficiales: su elaboración le había llevado a la dirigencia guerrillera, para ese momento, más de tres lustros. Hasta el cantautor Alí Primera era icono del MBR–200.El MBR–200, con base en el Ejército, se expandió a la periferia bajo el mando de Chávez. En 1986, Francisco Arias Cárdenas, cercano a Izarra y al Ejército Bolivariano, se reunió con Chávez en San Cristóbal para negociar las condiciones de una alianza. Chávez sostenía, en líneas generales, las viejas tesis guerrilleras. Arias, en cambio, planteaba una conspiración militar clásica, preservando los nexos con el sector civil, el cual creía necesario, fundamentalmente como apoyo logístico.El pacto Chávez-Arias desplazó a Bravo. Pero no a las franquicias de la Revolución Bolivariana, que sólo cambiaron de dueño. La llegada de Kléber Ramírez al MBR-200, ex dirigente del PRV, significó el reconocimiento a las ideas de Bravo.Tras el fracaso militar del 4–F, se produjo la ruptura ideológica, política y organizativa entre los comandantes del alzamiento. Un grupo, liderado por Arias, se reincorporó a la política a través del gobierno de Rafael Caldera. El otro, conducido por Chávez, se mantuvo enfrentado al sistema.Chávez anticipó, en la prisión de Yare, una guerra civil, considerándola fratricida, pero justa y legítima. Al quedar en libertad, Chávez se inclinaba por la abstención electoral, pero el viejo camarada Luis Miquelena le convenció, encuestas en mano, que la vía electoral era posible como preludio para asaltar el poder. Surgió así lo de la revolución pacífica y democrática, que no era ni la una ni la otra sino todo lo contrario, y cuya estrategia fue definida por   William Izarra –llamado por Chávez como parte del nuevo equipo–como: Tomar el poder por la vía electoral para, desde el Gobierno, implantar el modelo revolucionario.En el ínterin apareció Norberto Ceresole, sociólogo argentino asesor de Raúl Seineidin, el jefe de los militares rebeldes argentinos apodados los carapintadas. Chávez y Ceresole se encontraron en 1994, y desarrollaron una intensa relación. Chávez tomó de Ceresole dos ideas centrales. Gobernar con legitimidad popular –Con Chávez manda el pueblo–, pero a través del Ejército –Obediencia debida–, para evitar las interminables discusiones de las democracias representativas.El modelo fue llamado por Ceresole pos democracia. En el plano internacional, planteaba un mundo pluripolar, capaz de enfrentar al mundo unipolar liderado por EEUU. El nuevo orden internacional implicaba alianzas estratégicas con los de  gobiernos enemigos y movimientos opuestos a EEUU: China, Cuba, Irak, Irán, Libia y Rusia para empezar.El 11 de abril del 2001 la Revolución Bolivariana ideada por Bravo, modelada por Ceresole y liderada por Chávez, chocó con una traumática realidad: buena parte de la alta oficialidad de las FFAA rechazaba a la revolución. Chávez fue depuesto y repuesto en 48 horas, por falta de un proyecto de poder de quienes le tumbaron.El resultado inmediato del doble sacudón fue el cambio de rumbo de la estrategia. Se volvió al proyecto original cívico–militar: una parte de las FFAA se quedó con el sector revolucionario de la población para provocar la ruptura histórica.

Capítulo XI

El convenio entre la clase media y el gran capital

Apoyándose en  la experiencia europea,  Dos Santos arriba a las  siguientes conclusiones:

Puesto que el fascismo se apoya  en la pequeña burguesía y una  ideología  política  social–confusa,  el  Estado  fascista es en realidad un convenio entre la clase media y el gran capital.

En consecuencia, los regímenes fascistas concretos no son los necesariamente imbuidos y construidos sobre ideales equívocos y  demagógicos, sino como resultados del encuentros entre  estos ideales y las condiciones objetivas.

Por eso –según Dos Santos– es impropio calificar de fascistas a los gobiernos de Juan Domingo Perón y Getulio Vargas, ya que–: …las  formas  corporativistas que se dibujaban  alrededor  de estos regímenes reflejaban,  en el contexto de  los años treinta un  ideal  liberador  y  nada   reaccionario.[3]

Empero, si considera las dictaduras militares como regímenes fascistas-dependientes, pues reemplazan la imagen del jefe por el de una elite tecnocrática militar y civil, y al aparato nacional burocrático­–militar por la represión y el orden público como  factores de  desarrollo.

Otro escritor que comparte esta segunda corriente es Armando Cassigoli, quien  distingue dos clases de fascismo: el del esquema europeo de las entreguerras del siglo y el latinoamericano, al que prefiere categorizar como atípico. Su juicio valorativo no profundiza en las especificidades de los regímenes latinoamericanos, sino que diferencia y asemeja ambos modelos.

El primer fascismo es un fenómeno político, fundamentalmente europeo, inherente a la acumulación de la riqueza, al cual Lenin denominó “imperialismo”. Se caracteriza por oponerse al proletariado, al internacionalismo, al  socialismo, al bolchevismo y al capitalismo liberal. El segundo tipo, de franco  desarrollo en America Latina, presenta analogías formales con el primero, pero aparece en un contexto diferente: la internacionalización del capital  y multiplicación de las transnacionales. Adopta como ideología la defensa  del  mundo libre, de la cultura occidental, del Hemisferio; es decir, la preservación del status capitalista global.[4]

Un ensayo de Marcos Kaplan ilustra la tercera interpretación cuando responde a la siguiente pregunta –: ¿Cuándo aparece y se desarrolla una  modalidad sui generis del fascismo latinoamericano? Desde el comienzo de los años treinta, donde se inicia el declive, la descomposición mas o menos rápida  de las estructuras y condiciones socioeconómicas que  habían facilitado al Estado tradicional y a la oligarquía el cumplimiento de sus metas y objetivos, permitiéndoles consolidar su dominación y su  hegemonía.

La aparición del fascismo se explica como resultado de esta contradicción insoluble entre las exigencias del modelo de crecimiento y el tipo de economía y de sociedad que pretende llevarlo a cabo; los efectos de la hegemonía en crisis y la continua inestabilidad política.

A través del fascismo, se consolidan la elite oligárquica y sus alianzas estratégicas, se refuerza la intervención estatal y se redefine su aplicación, se le da paso al desarrollismo, la utilización práctica de la ciencia y la tecnología y la captación de la meritocracia para reorientar el sistema educativo, asignar recursos crecientes a las formas simbólicas de poder, militarizar parte de la burocracia estatal, universalizar la coacción y elaborar  un  nuevo  orden  político.[5]

Kaplan piensa que la elite oligárquica refuerza y  organiza un sistema de alianzas que le permite un mayor refuerzo del  poder. Esta conversión adaptativa de la oligarquía se completa con vínculos con las trasnacionales y las FFAA; así como con intelectuales, tecnócratas, meritócratas, burócratas, profesionales de clase media, sindicalistas y la aristocracia obrera.

Finalmente, de manera dogmática y pesimista, pontifica–: El fascismo se ha instalado y va a perpetuarse para  siempre,  pues dada su  naturaleza  y resultados, aspira  a la  eternidad.

El neofascismo en cuestión

Dos criticas de origen marxista descalifican la hipótesis del fascismo aplicado a la dominación de Iberoamérica. La de Hugo Zemelman,  que lo visualiza como un régimen  militar  nacido en el seno de una sociedad socialista –la sociedad chilena bajo Pinochet–. La de Borón, que rechaza enfáticamente la mera existencia de un fascismo latinoamericano.

Zemelman  propone que negar  o  afirmar a los regímenes  fascistas  en America  Latina  requiere definir e identificar a priori los rasgos de su esencia. Para él, el fascismo luce como una incapacidad de la alta burguesía para controlar al proletariado. El fascismo tiene como atributo la unidad monolítica,que exige, a su vez la sumisión de  las masas populares y de la burguesía –u obediencia debida– rompiendo así los nexos del aparato estatal con todos los intereses  particulares de los grupos socioeconómicos, lo que explica la  independencia  del  poder  fascista de la antigua clase gobernante.

Otro  rasgo  distintivo del  fascismo es su formateo como movimiento de masas radicalmente antiliberal, e instrumento de los grandes  intereses  monopolistas y terratenientes, bajo la cobertura del cooperativismo. 

Respecto al fascismo chileno, Zemelman  se aparta de los demás.

En  Chile  la   organización   de  un  movimiento de masas y de un  partido  que  hubiera  sido  el  centro  supremo  de  decisiones,  no  se dio:   las FFAA se auto–asignaron ambas funciones. Además, apartaron a los partidos democráticos tradicionales y cuestionaron a sus líderes. El proceso chileno nunca recurrió a factores carismáticos ni a la demagogia socialista para movilizar las fuerzas pequeño­–burguesas,  como sí lo hizo el fascismo  europeo.  La  ausencia antes del golpe de Estado de un partido de masas de oricntaci6n  fascista –que pudo haber sido el Demócrata Cristiano de Eduardo Frei–, facilitó el  enfrentamiento  directo  entre  las FFAA y la oposición. Los militares, al echar a los partidos tradicionales, se  convirtieron  en  la nueva clase política. A modo  de conclusión, Zemelman  estipula que el proceso de fascistización que va de la etapa  popular a la etapa  militar  y totalitaria),  al  no  haberse  cumplido en Chile, se caracterizó sobre todo por su carácter militar y burocrático.[6]

El sociólogo argentino Atilio Borón se pregunta–: ¿Es el fascismo un término apropiado para definir la naturaleza de los regímenes políticos de esta región? No es recurriendo a la denuncia  ideológica y a palabras que arden, justificadas y empleadas correctamente  en  otras  épocas  y lugares, como se detectan los rasgos distintivos de los  gobiernos represivos de America Latina.[7]

Borón critica la utilización desconsiderada del concepto proceso de  fascistización  en Iberoamérica, pues llevaría a meter en un mismo saco de gatos las dictaduras de Anastasio Somoza, Rafael Leónidas Trujillo, Alfredo Stroessner y Françoise Duvalier; las cuales, según él, nada tuvieron de fascismo:

Si la fuerza. la violencia inherente a todo Estado son sinónimas de fascismo, hay que  considerar a toda la historia de la humanidad como “la historia del fascismo”El fascismo crece sobre las ruinas de  una  ofensiva  revolucionaria frustrada y los hombros de una amplia movilización de la pequeña burguesía […] El fascismo es un sistema que, pese a su amalgama contradictoria, representa una alternativa a la vieja ideología liberal.

El nuevo autoritarismo militar aparecido en Iberoamérica a finales de  los años sesenta y setenta del Siglo XX –según Borón– no estaban vinculados necesariamente con el crecimiento del capitalismo monopolista, lo cual sí habría ocurrido en Europa cuando la gran burguesía nacional fue, al mismo tiempo, hegemónica, monopolista e imperialista. La internacionalización fascista en los mercados periféricos se realizó de forma distinta en Alemania e Italia y Alemania pues su capitalismo estaba retrasado. Fue un intermedio pos populista producto de las crisis de las instituciones  liberales, y cuyo objetivo centralizo en crear nuevas alianzas.

Según Borón, los dueños del capital transnacional aseguraron su poder al dominar a la pequeña burguesía nacional y a ciertos sectores de la clase media que pudieron obtener beneficios concretos en el nuevo esquema de acumulación. En tercer lugar, insiste  Borón, deben establecerse diferencias con  los fascismos europeos pues en los autoritarismos latinoamericanos no hay masas que apoyen a tales regímenes ni una ideología que los secunde.

A partir de Allende en Chile y Goulart en Brasil, Borón destaca que, pese a una movilización de clase media al estilo fascista, sus militarismos, desestimaron y soslayaron al activismo social, incluso en aquellos casos puntuales en los que las movilizaciones podrían haberles ayudado a fortalecer sus bases de apoyo. Estima igualmente que entonces tiempos no había nexos económicos entre la gran burguesía y la clase media. Distingue como último factor diferenciador que no estuvo presente en las dictaduras latinoamericanas una  reestructuración parecida a la que efectivamente hubo en los regímenes fascistas europeos.

El aspecto político mas interesante en su análisis se refiere al momento en que se militariza  al Estado. Señala que, en contra  de  las formas convencionales de  intervención  militar  –por ejemplo, los pronunciamientos–, son las FFAA las que ocupan los variados organismos estatales, proyectando  su estructura jerárquica  sobre el resto de la nación. Desde este punto de vista Borón lanza la siguiente hipótesis–: La ascensión de las FFAA se transforma en partido orgánico de la gran burguesía, y como corolario, la propia institución militar se convierte en el  partido del orden  público, cuando colapsan las múltiples fórmulas de la democracia representativa con las cuales se pretendió solventar las crisis. Desde esta óptica concluye, que el Estado militar es la alternativa histórica del fascismo para manejar los mercados periféricos. 

El argumento de partido  militar para el desarrollo económico fue aplicado, , al caso brasileño por Alain Rouquie, quien lo ha aplicado en primer lugar al caso brasileño, haciéndolo extensivo después al resto de América Latina–: Las FFAA pueden convertirse en políticas para reemplazar las funciones asignadas constitucionalmente a los partido[…] Esos regímenes sin partido ni aparato no poseen una base masas y ni tratan  de tenerla. No politizan sino despolitizan a sus ciudadanos, no adoctrinan a la clase obrera sino que la incitan a mantenerse tranquila […] Los estados militares nacieron para suprimir la política y no para crear otro orden político […] Más que definir la naturaleza de estos regímenes,  hay que hablar de las funciones asumidas por los militares, que representan la hegemonía sustitutiva, donde el Estado-parapeto reemplaza al Estado-social. Lo que no significa as FFAA se desvincule de la lucha de clases o se conviertan en instrumento la burguesía, sino que actúa en ambas modalidades, no de manera alternativa, sino simultáneamente[8]

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[1] Garrido, Alberto: De la guerrilla al militarismo (2001)

[2] Izarra, William: En busca de la revolución (2001)

[3] Dos  Santos, Theotonio: Socialismo y  fascismo en America Latina hoy

[4] Cassigoli, Armando: Fascismo  típico y fascismo atípico

[5] Kaplan, Marcos: ¿Hacia un fascismo latinoamericano?

[6] Zemelman, Hugo: Acerca  del  fascismo  en  América  Latina (1978).

[7] Atilio Borón: Empire and Imperialism (2005).

[8] Rouquié, Alain: El estado militar en América Latina (1984 ).

Capítulo XII

El fascismo según Perón y Vargas

El concepto fascismo se incorpora a la historia de América Latina tras la fundación del partido socialdemócrata Apra, fundado en 1924 por el ex comunista Víctor Raúl Haya de la Torre  en  Perú, y reafirmado durante los gobiernos de Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina.

La superficialidad del análisis político en esos años, que oscilaba entre el artículo periodístico y el formalismo  jurídico, llevaba a formular analogías simples. La importancia del  fascismo después  de la II Guerra Mundial en los países democráticos y no democráticos y el renovado interés que la ciencia política americana otorgó al significado de concepto de totalitarismo –definiendo con él tanto al estado nazi–fascista como al estalinista– y la popularizaron del adjetivo fascista para definir a los regímenes autoritarios fuera  del contexto  europeo.

Así se explica por qué el vocablo se convirtió en la grosería por excelencia en el lenguaje de militares, periodistas y ensayista latinoamericanos. El fascismo de quienes  pertenecen a  la izquierda socialista y comunista o a la derecha conservadora y liberal se integró por unanimidad a la imaginería política. Con el crecimiento de las Ciencias Sociales, los conocimientos sobre la teoría  política se enriquecieron, y hubo que volver a pasar por un tamiz los gobiernos de Perón y Vargas, asociándolos más al concepto de populismo.  En  los  años setenta, volvió a la orden del día naturaleza fascista de los años treinta.

“Do not cry for me, Argentina!…”

El fascismo en America Latina se asocia más a Argentina que a Brasil. El nombramiento de Juan Domingo Perón como  Ministro del Trabajo en 1943 provocó una imponente movilización popular, y la reorganizaci6n del sindicalismo que vino como consecuencia generó una vasta discusi6n acerca de la especificidad del régimen instaurado. El estigma fascista del peronismo fue ampliamente propagado por la prensa americana y europea, en  plena sucesión presidencial.

Empero,  el  Estado  Novo  de  Vargas, decretado en  1937, no  obstante su legislación !aboral  de corte fascista, resultó de menor impacto.

Después de la II Guerra Mundial utilización del concepto populismo para caracterizar a los regímenes de Perón y  Vargas  se generalizó en el argot de la Sociología latinoamericana.

Recurriendo a esta aproximación, puede inferirse que el  fascismo es un  movimiento de masas propio de la clase media, en contraposición con el capitalismo,  el socialismo, las trasnacionales y la aristocracia obrera. Luis Alfaro Ucero, desde joven miembro del Partido Democrático Nacional y luego de su sucesor Acción Democrática, organización en la cual llegó a ser su secretario general, diputado, senador y hasta le postularon a la elección presidencial de 1998, terminó un famoso discurso en Carúpano (1944) con la siguiente frase: ¡Abajo los ricos! ¡Abajo los pobres! ¡Viva Acción Democrática!

Se afirma también que las tres principales familias políticas derivadas de la Revolución Francesa corresponden a  bases sociales diferentes: la derecha, a la burguesía; la izquierda, a los obreros, el campesinado y el lumpen; el centro, a las clase  media.

Mussolini, el inventor del fascismo original

Si se considera que en toda persona hay dos polos, uno democrática y otra extremista, pudiera inferirse en que el fascismo es un extremismo de centro, inclinado a la derecha y sostenido por las personas acomodadas de los países económicamente atrasados –como el en caso del salazarismo en  Portugal–  y  en la otra punta de la polaridad la izquierda radical,  apoyada  esencialmente por los obreros los países emergentes –como en los casos del peronismo y el  varguismo–.

Si se quiere comprender  mejor  la  naturaleza  política de los mandatos de  Vargas  y  Perón,  en primer término hay que  correlacionar la cronología de sus períodos, pues ambos dirigentes latinoamericanos arribaron al poder con una diferencia de 16 años.

Vargas se convirtió en jefe de la transición al triunfar la Revolución de Octubre, en 1930; Perón fue electo presidente en 1946. Empero, el tiempo se constriñó y aproximó a estos dos líderes entre 1950 y 1954, cuando ya son eran las cabezas de sus regímenes. También los unió el dios Cronos cuando abandonaron el poder, casi simultáneamente: Vargas por suicidio, en agosto de 1954; Perón derribado por un golpe, en noviembre de 1955.

Vargas y Perón aprovecharon la guerra para modificar sus economías agro–exportadoras, substituyendo las importaciones por producción nacional. La  industrialización,  combinada con el proteccionismo en las empresas básicas y las inversiones extranjeras fue la llave del éxito.

La  principal  diferencia entre ambos gobiernos se dio en la relación con lo social. Vargas desarrolló una lenta y progresiva movilización popular, iniciada en los años cuarenta y potenciada entre 1950 y 1954, la cual desembocó en las  reformas de Joao Goulart –su heredero político– entre 1961 y 1964. Esta reforma causó la intervención militar  en 1964. Perón,  por  el  contrario,  hizo todos sus cambios durante tres años, entre 1945 y 1948.

Capítulo XIII

¿A dónde va América Latina?

Desde la fundación en 1990 del Foro de Sao Paulo por el longevo dictador comunista Fidel Castro y el  presidente del partido de los trabajadores de Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva, se abrió una nueva etapa para el fascismo latinoamericano. Al evento asistieron muchos de los futuros mandatarios de la región, entre ellos Hugo Rafael Chávez Frías.

El Diablo, para legitimar al “foropaulismo”, negoció con Jesucristo Súper Star

En el siguiente encuentro, efectuado en La Habana tres años más tarde, se exaltó a la Revolución Bolivariana y el triunfo de Chávez; a Rafael Correa y su  Revolución Ciudadana en Ecuador; la posibilidad del triunfo indigenista de Evo Morales en  Bolivia. Con todo ese abanico de celebraciones, brotó el entusiasmo entre los participantes, y se armó un proyecto de integración regional, totalmente inédito, cuyo primer capítulo fue la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños –Celac–.

En esta reunión, el objetivo principal fue lograr la unidad de las fuerzas de izquierda, aquéllos partidos y movimientos progresistas que consideraban justo y necesario un sistema diferente al capitalista para salir de la pobreza y de la explotación inicua que las trasnacionales, el sistema financiero internacional y los EEUU ejercían sobre los pueblos de América Latina.

Lo más resaltante fue el nacimiento del foropaulismo o versión actualizada del fascismo. Se aprobó relanzar, a través de esta cúpula, relanzar la Revolución Cubana en América Latina, financiándola con el petróleo venezolano, la coca andina y la madera amazónica.

En su discurso final, Fidel Castro encendió la mecha del detonante–:

Es por ello que el otro punto que nosotros llevamos a la conferencia cumbre, como una cuestión esencial, fue lo relacionado con la integración de América Latina, y cuando hablamos de ella como aspiración de América Latina, hablamos de su integración económica y política. No es una cuestión de sentimentalismo […] Los tiempos son muy difíciles, pero tengo la más absoluta convicción de que con el valor y la inteligencia de nuestro pueblo y con la solidaridad de ustedes, que de forma tan espontánea y tan generosa se ha expresado en esta reunión, el pueblo cubano, en el que tendrán ustedes el más firme y leal compañero de lucha, sabrá luchar, sabrá cumplir con su deber y sabrá llevar adelante su propósito de salvar la patria, la Revolución y las conquistas del socialismo.[1]

El mensaje caló hondo entre el nuevo liderazgo latinoamericano, pero cada asistente lo interpretó a su manera.

Los Kirchner decidieron adaptar la idea básica a su esquema extremista de centro, que les funcionaba bien, castigando de cuando en vez a los inversionistas buitres, como lo hicieron al manejar el default de la deuda externa.

Evo Morales comenzó a planear su asalto al poder con el dinero de la coca, para vencer al capitalismo de Santa Cruz.

Ollanta Humala vio en el llamado del tiranosaurio cubano, su tabla de salvación en el chavismo. Ortega, las FARC, todos salieron bailando en un solo pie.

Para Hugo Chávez el primer Foro fue una revelación, y el tercero una revelación.

Aprendió a manejar los medios audiovisuales imitando al finado Renny Otolina, el mejor presentador de la televisión habla hispana, y dedicó horas a estudiar sus viejos vídeos.

Decidió, como el Führer, particularizar su discurso básico según el auditorio. Al hablarle a los sin tierra, les prometió apoyo oficial para sus invasiones; a los desempleados, préstamos sin interés; a los indigentes, autoestima; a los jóvenes, idealismo y revancha.

Una y otra vez atacó a los corruptos, a adecos y copeyanos, que trajeron pobreza y desocupación, acabaron con la agricultura y arruinaron la clase media. A quienes le seguían lealmente y le tapaban sus errores, les empleó como promotores, en un trabajo político diario y muy bien remunerado.

Los marginales lo escuchaban en éxtasis, sintiendo que, ¡al fin!, sus sueños iban a materializarse, y ellos ocuparían los primeros puestos en la Revolución. Convencidos de la seriedad de sus planteamientos, se apoderaron de las plazas públicas e intentaron hacerlo con las universidades nacionales, adorando al comandante presidente como amo del discurso y rey de la movilización popular, con una pasión cuya fuerza y vitalidad sólo él, entre los políticos de su generación, logró generar.

Chávez invadió todos los espacios mediáticos, públicos y privados, y controló todas las instituciones del país. Así como Mussolini quería recuperar la grandeza de la Roma Imperial para Il Faccio[2], Chávez se proponía recrear a la Gran Colombia, añadiéndosela al Brasil gobernado por Lula y, ¿por qué no?, reiniciar la Revolución Tricontinental dejada trunca por el Che Guevara.

Por eso apoyó a las FARC, al indigenismo y al panarabismo, que visualizaba como picos de la sierra neo–marxista. Creía en la guerra revolucionaria, y consideraba a Marulanda a la par de Ho Chi Min, Castro y Mao. Pero su ilusorio proyecto murió con él en La Habana, en circunstancias y fecha tan inciertas que han hecho creer a muchos de sus camaradas que la causa de su fallecimiento no fue precisamente el cáncer, sino la desatención o mala praxis de los médicos cubanos. Al morir, en lugar de una gloriosa Gran Colombia, lo que Chávez legó dejó fue una paupérrima Cubazuela, desprovista, además, de moral y luces.

Las alianzas entre la guerrilla colombiana y los carteles de la droga intensificaron en Venezuela y sus fronteras con Colombia la producción, el tráfico y el consumo de estupefacientes a niveles nunca vistos, el robo a granel de automotores, el atraco a instituciones financieras, la tortura atroz a los enemigos de la causa y la vacuna o peaje para  que los extorsionados evitaran mayores males.  Cuando cayó de Fernanhino, capo del cartel más poderoso de Brasil, declaró ante las autoridades al referirse a las FARC–: Les enviaba 10 millones de dólares mensuales por sus servicios.

Las FARC comenzaron aplicando el secuestro en Venezuela a los empresarios agropecuarios, justificándolo en los prejuicios y preconceptos de la izquierda latinoamericana sobre la propiedad privada de la tierra, aunque los hacendados venezolanos nada tuviesen que ver con los antiguos latifundistas rusos.

Después, la lista de secuestrables se extendió a otras personas y actividades económicas, así como a sus hijos y parientes más cercanos. La guerrilla plagió a Richard Boulton, piloto; a Maritza Serizawa, médico –a quien la soltaron por solicitud de Chávez–; a Enrique Aguirre, ingeniero; a Hildegart Sanoja, ama de casa; y a  tres jóvenes estudiantes: Cástulo Ferrer, Hermir García y Adelmo Rangel.[1] Asimismo, en el año 2000 llevaron a Colombia al primer lugar mundial en secuestros, con más de 3 mil víctimas, un equivalente al 61% de la sumatoria global.[2]

 

El general mexicano Jesús Gutiérrez Rebolledo, “Zar de la droga” y narcotraficante

 

Aunque las FARC negó su vinculación con la mayoría de estos hechos y sólo los reconoció cuando podía presentarlos como políticamente correctos, los cabecillas de los secuestradores fueron siempre los mismos, a sus víctimas las encanaban en territorio colombiano y la liberación de los cautivos se logró, casi exclusivamente, negociando directamente con la guerrilla.

Un secuestro conllevaba meses de preparación. Además del más concienzudo estudio de los hábitos y costumbres del objetivo –para seleccionar el momento ideal de su captura–, los victimarios tenían que conocer, con mayor precisión que el mismo gobierno, guarismos, locaciones y montos de sus haberes. Por eso, pocas veces erraban al tasar el rescate. Al plagiado o bien lo ocultaban soterrado durante largos períodos, o bien lo ruleteaban por varias conchas [3], hasta su liberación.

Hemir García, venezolano de 18 años, de clase media, pasó 8 meses de penoso cautiverio, hasta que su familia, empeñándose hasta los tuétanos, pudo juntar los cobres del infame e infamante rescate. Él ofreció el siguiente y desgarrador testimonio:

Sé que estuve en Colombia porque atravesamos el Río Arauca. Por las noches caminaba mucho, a veces me trasladaban en lancha, con los ojos vendados, y durante el día me ocultaban en las montañas, en campamentos improvisados. Como venezolano me sentí traicionado, por eso le pido al gobierno que sincere su política y que sea diligente, para lograr un acuerdo de respeto a favor de las víctimas de este horrendo delito. No, no me iré de Venezuela. No podemos permitir que el país se nos escape de las manos.[4]

Planear un secuestro en Venezuela insumía hasta medio millón de dólares, dinero indispensable reclutar a numerosos cómplices y perpetradores, desde el financista hasta los carceleros. En este grotesco comercio participaban funcionarios activos y retirados de la seguridad del Estado, efectivos de las FFAA, delincuentes de cuello blanco y de cuello azul.

Los aprehensores usaban uniformes militares y empleaban armas de alta potencia –ametralladoras Uzi, fusiles FAL y pistolas Glöck–, fabricadas o comercializadas por la industria venezolana de armamentos.

Si el secuestrado oponía resistencia, era liquidado inmisericordemente, como hicieron con el abogado tachirense Pablo Andrés Díaz en 1997, a quien lo cosieron a tiros sus captores cuando pretendó huir. Llegó a tal punto la osadía de los secuestradores de las FARC que designaron públicamente, en la prensa colombiana, al ganadero venezolano Otto Ramírez como objetivo militar, al haberse opuesto a pagar la vacuna o, como le decían eufemísticamente los choros, el impuesto revolucionario.[5]

El presidente Andrés Pastrana y Tirofijo Marulanda dialogan cordialmente

El secuestro de venezolanos, apoyado en una supuesta justicia de la causa revolucionaria, fue causante, entre otras distorsiones, de que la aseguradora y reaseguradora Lloyds de Londres creara una póliza especial para los plagios en Venezuela y la negociación con los captores en Colombia, que numerosas propiedades cercanas al territorio ocupado por la guerrilla se remataran a precios de gallina flaca y que el blindaje de automotores se  convirtiese, reservado en otros países para los políticos y personajes célebres, en una actividad dilatada y súper rentable.

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[1] Castro Ruz, Fidel: Discurso de Clausura del Foro de Sao Paulo, La Habana (1993)

[2] Se refiere al trigo, y visualiza, icónicamente, el hecho de que cualquiera puede quebrar, con facilidad, una espiga; pero ninguno puede hacerlo con un haz. Aseveración que ha sido simplificada en la frase de calle: ¡El pueblo, unido, jamás será vencido! 

[3] Diario El Nacional, Caracas  (22/07/00).

[4] Diario El Nuevo Herald , Miami (03/01/01).

[5] Lugares de ocultamiento.

[6] Diario El Universal, Caracas (06/03/2001).

[7] Diario El Nacional, Caracas (13/05/01).

Capítulo XV

Las tres patas del foropaulismo

La primera pata del foropaulismo es la cubanización de la educación, cuya estrategia se sintetiza así:

Venezuela necesita su propia Revolución Cultural […] Lo primero es la liquidación total del analfabetismo; el segundo la conversión de todas las escuelas públicas en Escuelas Bolivarianas. Otros pasos son […] reeducar a los maestros para crear una nueva mentalidad, formada en los objetivos de la Revolución […] reformar las universidades y los institutos superiores en función de las exigencias de la transformación del país, crear una conciencia socialista nueva, patriótica, culta e innovadora [1]

Rodrigo Londoño, alias Timochenko, líder del “brazo productivo” de las FARC

La segunda es la expropiación de la tierra:

La reforma del régimen de propiedad de la tierra, con el propósito de liquidar definitivamente al latifundio y asegurar la tenencia de la tierra para los productores del campo […] Ahora debe asumirse la tarea de cambiar las relaciones de producción y propiedad en el campo. No para una reforma agraria al estilo de la vieja política, sino para crear una economía rural sana y productiva, desarrollar una agricultura de vanguardia, apoyada en los aportes de la ciencia y la tecnología; promover formas colectivas y cooperativas de producción en el marco del respeto a la propiedad privada productiva.[2]

La invasión de terrenos en plena producción fue alentada por Chávez desde el inicio de su mandato. Esta política semioficial del Ejecutivo no sólo despojó de las tierras a sus legítimos propietarios, unas 300 mil hectáreas aproximadamente, sino que también devastó extensas áreas verdes, parques nacionales y reservas forestales. Además, esta violencia rural condujo a enfrentamientos entre invasores y hacendados, con centenares de víctimas mortales. En algunos casos, como en Táchira y Mérida, aparecieron bandas de forajidos, con apoyo oficial, que prohibían o autorizaban invasiones, según se recibieran o no coimas de los terratenientes. En otras entidades, como Guárico y Portuguesa, hubo grupos de exterminio ­–con el apoyo y el concurso de la policía local– que mataron a más de cien granjeros, sin que nunca se juzgara a los indiciados por muerte o desaparición de los testigos.

Reinaldo Cervini, considerado un empresario de izquierda, declaró públicamente que la mafia colombiana había deforestado, impunemente, más de 170 hectáreas de su finca del Estado Falcón, que recibía a diario amenazas de secuestro y muerte para evitar que revelara estos hechos públicamente y que ni regalada querría una propiedad en el Estado Apure. [3]

La tercera pata del trípode es la estrategia revolucionaria propiamente dicha:

Los objetivos patrióticos, nacional–democráticos, se alcanzarán en esta etapa mediante una dirección justa, la organización del pueblo, la unidad de los patriotas y la alianza cívico–militar, atrayendo a nuestro lado a todos los venezolanos progresistas, ganando o neutralizando a los sectores del centro, aislando a las camarillas derechistas y descargando el golpe principal de la lucha sobre la dirección contrarrevolucionaria.[4]

En el texto analizado figuran numerosas alusiones a esta etapa, lo cual presuponía la existencia de otras etapas. ¿Cuáles eran? ¿Cuándo se ejecutarían? Quizás habría que vincular esta reflexión con una de las afirmaciones más reiteradas en el discurso de Chávez: ¡No hay marcha atrás!

Es posible que Nicolás Maduro, el presidente obrero[5], haya intentado llevar a cabo las otras etapas de la Revolución. Pero ahora tiene un límite que le resta el apoyo global,  pues la chequera que camina por América Latina se quedó sin fondos.

Capítulo XV

La haitianización de Venezuela

Ya no hace falta una siniestra conjura para sustraerle a Venezuela sus  activos pensantes. Emigran a diario, por cuenta propia, como balseros del aire, y no exclusivamente a EEUU o la Unión Europea, sino a Argentina, Australia, Canadá, Chile, China y otros destinos, pues presienten que el país va, derechito, a su haitianización.

A finales del Siglo XVIII Haití era colonia más próspera del Nuevo Mundo, en la cual Francia había colocado dos tercios del total de sus inversiones foráneas. Contaba con una población de 600 mil habitantes y no sólo producía sus propios alimentos, sino que exportaba millones de toneladas al año de algodón, azúcar, cacao, café e índigo; un comercio que generaba ocupación para más de 80 mil marinos y obreros portuarios, quienes manejaban el traslados de estos bienes entre América y Europa, empleando para ello a más de 700 buques. Haití había sido pionero en América al abolir la esclavitud, en 1794, y sus pobladores percibían un per cápita diez veces mayor que el de los suizos.

Haití era tan importante entonces para Francia que Napoleón, pese a que se desprendió sin reparos de Luisiana, no quiso quedarse sin su Isla Mágica. Para impedirlo, envió en 1801 a 15 mil legionarios comandados por el general Charles Leclerc, su cuñado, contra la insurgencia encabezada por el liberto François Dominique Toussaint–Louverture.

Aunque Toussaint–Louverture firmó la paz con Leclerc, Francia traicionó el acuerdo, apresó y encarceló al jefe de la revuelta, dejándole morir de mengua en el Fuerte de Joux, La Cluse-et-Mijoux, cerca de Pontarlier. Acicateados por el rumor de que Napoleón se proponía restaurar la esclavitud en Haití y el resto del Caribe Francés, Jean–Jacques Dessalines y Henri Christophe reiniciaron la rebelión y retomaron su liderazgo, logrando derrotar a la fuerza expedicionaria en 1803, aunque un remante de la Legión Extranjera permaneció en el país hasta 1809.

Aún después de la Independencia –fue el segundo país de América que la obtuvo–, Haití seguía siendo tan rico que Bolívar, a la caída de la I República, consiguió en la Isla fusiles, dinero y efectivos para reiniciar su gesta.[6]

¿Qué pasó después?

Lo mismo que le sucedió a Venezuela después de la Guerra Federal del Siglo XIX y lo que le está pasando ahora, en pleno Siglo XXI, con el proyecto antiglobalista, racista y geopolítico de Castro, Chávez y Maduro.

En vez de insertarse dentro de la economía mundial de la época, Haití decidió destruirse a sí mismo, en una lucha para purificar la raza que acabó, primero, con 32 mil blancos residentes en la isla y, segundo, con sus 24 mil mulatos.

Al quedarse sin los unos y los otros, los negros comenzaron a matarse entre ellos. En 1882, cuando se hartaron de su propia sangre derramada, invadieron y ocuparon a la República Dominicana, imponiendo una cruel dictadura durante 22 años, y que terminó con una rebelión nacional, la cual expulsó a los invasores al tercio de la Hispaniola de donde provenían.

A partir de 1843 y hasta 1915, Haití sumó 20 presidentes, 16 de quienes fueron asesinados o derrocados por golpes violentos. En 1915, Haití fue ocupado militarmente por EEUU, que alegó razones humanitarias para hacerlo y se amparó en la Doctrina Monroe para justificarlo legalmente. En 1934 los norteamericanos se retiraron de Haití, pero continuaron controlando las finanzas y  la administración públicas hasta 1947. Los marines volverían dos veces más durante el Siglo XX para poner orden en la casa, hasta que los cascos azules dela ONU se encargaron de la gendarmería haitiana.

En 1937, para aleccionar políticamente a sus opositores sin tener que ejecutarlos, Rafael Leónidas Trujillo, al frente de la policía y el ejército, masacró a miles de negritos del batey[7], quienes trabajaban pacíficamente en los cañamelares e ingenios azucareros fronterizos. Al déspota le impusieron una multa de 3 millones 400 mil dólares a favor de lo familiares de las 10 mil víctimas estimadas –340 dólares por cabeza–,monto del cual sólo canceló la cuota inicial, pues demostró que la cuota inicial enviada Haití se la habían embolsillado los militares haitianos.

François Duvalier, alias Papá Doc, el más satánico de Latinoamérica

Pero la tragedia de Haití no terminó allí.

Después de sendos gobiernos elegidos por voto popular, en 1946 una junta militar asumió el poder y el más destacado de sus miembros, Paul Magloire, fue designado Presidente de la misma hasta 1956, fecha en la cual sus compañeros de mando le destituyeron. En 1957 François Duvalier, médico graduado en La Salpetrière –la famosa Escuela de Medicina de la Universidad de París–, quien había trabajado en los hospitales de los marines yanquis, fue electo en un plebiscito, ¡y así continuó el horror!

Para afianzarse indefinidamente en el mando, Duvalier creó a su propia guardia pretoriana, los Tontons Macoutes, y se autonombró jefe supremo del vudú, secta animista de origen africano a la cual convirtió en religión oficial del Estado. Provisto de estos dos instrumentos, la represión y la religión, Papá Doc  sumió al pueblo haitiano en la más profunda ignorancia, miseria y terror.

La educación primaria, libre y obligatoria, se transformó en un privilegio para la clase dominante, que podía enviar a sus hijos a estudiar fuera. El francés dejó de ser el idioma coloquial, y fue sustituido por el patois creole, dialecto que, entre otras características, impedía a los periodistas extranjeros entender las denuncias de las víctimas del régimen.

Los profesionales emigraron en masa, y muchos de ellos se fueron las naciones emergentes africanas. Los menos afortunados migraron a los países vecinos, Dominicana, EEUU, Jamaica, donde nunca fueron bien acogidos. Al final, Haití se convirtió en uno de los países más pobres del planeta, dependiente de la ayuda internacional para subsistir.

¿Acaso Venezuela está exenta de tal involución?

A medida los gobiernos de la IV República no satisfacían las expectativas de los electores, muchos venezolanos creyeron que los militares representaban la reserva moral e intelectual del país, pues, en su mayoría, eran honestos y se habían diplomado en las mejores  institutos superiores de Venezuela y el mundo.

Las chicas de clase media soñaban en empatarse con un cadete–: La Marina tiene un barco, la Aviación tiene un avión, vamo’a ver a los cadetes que hoy están de graduación.[8] Quienes visitaban Fuerte Tiuna o alguna otra instalación militar importante del país, soñaban conque aquél orden, limpieza y cuidado imperantes en el entorno castrense se extendieran, algún día, al resto del territorio nacional.

Chávez también mató esas ilusiones.

La cúpula militar demostró que se fajaba por el récord mundial de corrupción, echando mano descaradamente al botín de las empresas del Estado y a manejar el narcotráfico. El desorden generalizado, tolerado y hasta promovido a veces por Miraflores, convirtió a Caracas en una de la ciudades más embochinchadas, inseguras y sucias del planeta, y pudo constatarse que el 80% de los venezolanos había regresado a la pobreza crítica y extrema, cuando se descubrió que las cifras suministrados a las FAO por el régimen chavo madurista eran falsas:

A pedazos se cae el país. Los bachaqueros[9] se adueñan de Sabana Grande, la gente hace sus necesidades en la calle, invade terrenos, construye ranchos junto a la autopista. Todos esgrimen idénticos mensajes: la necesidad económica, la razón social, el mismo que les repiten sus gobernantes. Abiertamente se proclama que las sentencias judiciales y amparos deben ser cumplidas cuando sean injustas, a criterio del ciudadano, el funcionario, el partido. Nunca en los famosos 40 años de la IV República el país soportó tal descomposición, pese a que ahora permanezcan callados quienes tanto hablaban de “anomia”. El auge de la inseguridad tiene una relación directa con esa sensación de descomposición, de inexistencia de la ley, de impunidad de todo tipo, intelectual, política, moral.[10]

Según el pensamiento estratégico chino, que tanto atraía a Chávez–: Si las instrucciones no están claras, si las órdenes no han sido explicadas, tiene la culpa el comandante. En cambio, si las instrucciones están claras y las órdenes han sido explicadas, mas no se ejecutan conforme a la observancia, los oficiales son los responsables.[11] O como dicen los latinistas: Nadie puede alegar en su descargo su propia torpeza.

 Epílogo

Si alguien me preguntara hoy qué debe hacer Venezuela para superar la tragedia que vive, le respondería, con la mayor sinceridad, que sólo se me ocurre lo que no se puede seguir haciendo, ni un segundo más. Al costo de lo que sea, el país debe movilizarse y desmontar el siniestro y destructor aparato montado por Chávez y Maduro, siguiendo las órdenes precisas de la tiranosauría cubana.

Quiero dejar en el aire dos orientaciones al respecto, una económica y otra filosófica que, en el fondo, son convergentes:

1.    El desafío marxista-leninista, las crisis económicas y las críticas de G. Mosca (1896) y de R. Michels (1911) relativas a la ficción de la representatividad hacen que el régimen liberal acepte incrementar, paulatinamente, la incorporación de las masas obreras en el juego político y la intervención del Estado en la dirección de la economía. La revolución rusa (1917) y la profunda crisis económica (1929) condujo al compromiso político denominado Welfare State, mediante el cual la lucha pacifica –negociada– por el reparto de la renta nacional, con la mediación del Estado sustituyó a la confrontación de clases. Esta politización de la economía o democracia keynesiana logró que los asuntos del espacio político, básicamente los electorales, se tratasen con mecanismo similares a los del mercado. Un intermediario de la mediación estatal es la burocracia, la cual trata por todos los medios de hacerse indispensable […] Paralelamente, bajo la dirección de Lenin y Stalin en la URSS y bajo Mussolini, Hitler en Alemania y Mussolini en Italia, la organización social bajo un partido único y la concentración de las actividades económicas mediante estatales monopólicas o bajo supervisión inmediata del Estado, llevó a los regímenes hegemónicos o totalitarios. Para mantenerlos, estos regímenes tuvieron que extender su control hasta la esfera privada y cotidiana del individuo. Todas las actividades sociales y culturales se incluyeron abusivamente dentro del espacio político, eliminando, por amenazante, cualquier residuo de libertad […] En los regímenes autoritarios, ya fueran de izquierda –socialistas– o de derecha –dictatoriales– el ciudadano es un agente pasivo, obediente y receptor de los beneficios acordados subjetivamente por la burocracia estatal. El único régimen opuesto a las prácticas totalitarias y que simultáneamente orientado a superar los déficits de los regímenes liberales y keynesianos –ingobernabilidad– es el que fortalece la capacidad autogestión de! ciudadano para alcanzar sus aspiraciones y satisfacer sus necesidades; el que apoya la libre asociación de los individuos y reconoce la importancia de sus acciones y propósitos, aún siendo minorías. En dicho régimen el ciudadano no es un actor pasivo sino  agente activo que no espera que el Estado solucione sus problemas o satisfaga sus aspiraciones con recetas preconcebidas. En este régimen se estimula la creatividad y el desarrollo del ser humano, sin distinciones de ninguna clase.[12]

2.          Para el humanismo, la civilización consiste en desarrollar el valor individual, intelectual y moral del ciudadano: la persona constituye el centro de la Ley; la sociedad implica una asociación de hombres libres, de la cual emerge el Estado. La soberanía está representada por la voluntad de la mayoría y, por lo tanto, resulta esencialmente dinámica. La labor principal del Estado es garantizar el respeto a los derechos humanos. Lo único que se le exige al individuo es que se comporte como ciudadano, en lógica contrapartida a los derechos que posee […] El totalitarismo, en cambio, aspira a imponer, por cualquier medio –aún el electoral–, una ideología admitida como fe que  repudia las libertades individuales y representa, por consiguiente, una manera de pensar antagónica al humanismo, sobre el cual se basa el sistema democrático […] En los estados totalitarios lo importante no es la persona, sino el colectivo. Sólo éste posee derechos: los individuos no, a menos que la sociedad se los conceda expresa y graciosamente. Quienes no aceptan como prioritario el interés colectivo deben ser extrañados o, sencillamente, ejecutados. La soberanía popular resulta ficticia en los regímenes totalitarios. pues la  detenta una minoría –el cogollo del partido–; que, a la vez, está representado en un líder supremo […] El totalitarismo es siempre una forma de gobierno dictatorial u oligárquico; pero se niega a reconocerlo, e intenta presentarse como una democracia, buscando a veces la legalidad en su origen, mediante el sometimiento de su propuesta al proceso comicial. Sólo cuando está seguro de que el apoyo recibido no compromete a futuro la gobernabilidad del régimen, asume la omnipotencia en nombre del pueblo […] El totalitarismo pretende poseer una verdad incuestionable, la cual le fue revelada a su líder máximo. Quien no la siga, es un herético y merece la muerte o, al menos, la expulsión del colectivo y el ostracismo. El totalitarismo es una ideología social; aspira a establecer un colectivismo igualitario y esto es lo que explica sus métodos sanguinarios, pues se ve obligada a suprimir al adversario, aunque su oposición sea sólo opinática y sea cual fuere su condición socioeconómica o sociocultural: «Ser diferente es ser indecente.[13]

Venezuela fue expulsada de Mercosur por violar principios éticos fundamentales como el respeto a los derechos humanos, el imperio de la Ley, la independencia de los poderes públicos y el sometimiento a la Constitución; se salió de la OEA, la Comunidad Andina y el G–3; algunos miembros de su cúpula de poder figuran en las listas de personas requeridas por la CIA, la DEA e Interpol; los miembros del gobierno madurista han sido sancionados por Canadá, EEUU y la Unión Europea.

Maduro no deja que entre ayuda al país para paliar la escasez de alimentos y medicinas, pues no quiere reconocer que hay crisis humanitaria, y la única que se pudo colar, gracias a Caritas, fue robada por el gobierno para ser vendida a los tarjetahabientes del Carnet de la patria que presenten un certificado expedido por los dispensarios dirigidos por paramédicos cubanos.

Esta es la cosecha del aquí y el ahora de quien fuera uno países más rico de Sudamérica, lanzado por el fascismo criollo a un abismo por cuyo fondo aún no se vislumbra.

Alias Timochenko celebra la mayor victoria del Foro de Sao Paulo con su jefe

Por otra parte, con el cuestionable y cuestionado acuerdo de paz firmado entre Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, bajo la jefatura de Raúl Castro, ha sido la victoria más grande del Foro de Sao Paulo desde su lanzamiento en 1991.

Desde que se iniciaron las negociaciones, se incorporó al cultivo de coca una superficie de 100 mil hectáreas, un 100% más de la que había antes. Como asegura Salud Hernández-Mora, corresponsal del diario español El Mundo y colaboradora del periódico colombiano El Tiempono hay narco–cultivo sin ejército que lo proteja.

El presidente Donald Trump ha declarado que su gobierno está considerando seriamente designar a Colombia como país fracasado en la lucha contra el narcotráfico si no muestra un “progreso significativo” en la reducción de cultivos de coca y producción de cocaína [14].

Aunque gran parte de las audiencias tienden a descalificar todo lo que Trump dice, no deja de ser verdadera su preocupación, si se la analiza en la secuencia estratégica seguida a pie juntillas durante este proceso:

1.    Control de la justicia penal colombiana, al haber reemplazado a los jueces demócratas por militantes o simpatizantes de la guerrilla

2.    Acuartelamiento indefinido para más de 10 mil policías y militares a causa de haber disparado contra guerrilleros no uniformados

3.    Juicios por homicidio contra los oficiales que actuaron durante la toma del Palacio de Justicia por el M–19 el 6 de noviembre de 1985, basándose en una denuncia del historiador izquierdista estadounidense David Bushnell  sobre la desmesurada reacción de las FFAA–: Al parecer sin esperar órdenes del presidente Belisario Betancur, el Ejército lanzó un ataque contra el edificio […] Los guerrilleros habían pensado que las fuerzas del Estado no comprometerían la vida de los hombres de ley, pero se equivocaron […] Durante el enfrentamiento entre la guerrilla y las fuerzas de seguridad, el presidente no quiso –o no le permitieron– negociar con el M-19. La operación dejó la impresión –justificada o no–que el presidente recibía órdenes de los militares, en vez de dárselas a ellos [15]

4.    Cesión de la custodia de los campos cocaleros del Distrito Catatumbo ­–en la frontera con Venezuela– al ELN

5.    Obtención de 5 radiofrecuencias y una concesión televisiva

6.    Cinco escaños en el Parlamento

7.    Amnistía total para figuras claves, entre ellas, 30 connotados capos del narcotráfico

8.    Justicia para los criminales contra los derechos humanos con magistrados sesgados y penas atenuadas

9.    Nada en concreto sobre la devolución de los miles de millones de dólares acumulados en actividades delincuenciales como el narcotráfico, secuestro, la extorsión y el contrabando.

Hay que recordar que el famoso acuerdo de paz fue negado en un plebiscito el 2 de octubre de 2016 por el 50,2% de los votantes optaron por el no. Empero, Santos, prevaliéndose su mayoría en el Congreso, utilizó el recurso de fast–track para aprobarlo según la filosofía de Juan Charrasqueado: Si no gana, empata; y si empata, mata.

Alentado por la experiencia colombiana y tras 8 meses de resistencia en la calle, con cerca de un centenar de muertos, 1 mil quinientos heridos, cerca de 500 detenidos –algunos de ellos sometidos a juicios irregulares en los tribunales militares–, Maduro, violando por enésima vez la Constitución, llamó a una Asamblea Constituyente cuyo único objeto fue profundizar el Plan de la Patria –en el cual se sustituye el contrato social por el corporativismo fascista–.

Después, como tirándole las sobras a los perros, organizó una elección de gobernadores –cuya data estaba vencida desde diciembre del 2016– y, contra todas las encuestas, aseguró haber logrado el 70% de los votos. Es una gran noticia para los foropaulistas, ya que así se aseguran, a través del Cartel de los Soles y el apoyo de la boliburguesía el tráfico de drogas, sobre todo a África y Europa. Además, con la entrega del Chapo Guzmán a las autoridades mexicanas y su posterior extradición a EEUU, se liberaron de un pain–in–the–ass que ya les dolía mucho.

Como dice Marlon Brando en el filme El Padrino, al deshacerse de sus enemigos–: Nothing personal. It´s just business (Nada personal, son sólo negocios)…

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[1] García Ponce, Guillermo: Características de la Revolución Democrática Bolivariana (2001).

[2] García Ponce, Guillermo: Ibídem.

[3] Diario El Universal, Caracas (30/09/00).

[4] García Ponce, Guillermo: Ibídem.

[5] Más bien debería llamarse reposero pues, durante su limitado servicio como chofer del Metrobus de Caracas, fue mayor el tiempo que pasó ausente por permisos de reposo médico que las horas que le dedicó al trabajo.

[6] Cordeiro, José Luis: Benezuela vs. Venezuela, conferencia en Fedecámaras, Caracas (23/05/01).

[7] Haitianos contratados a destajo, estacionalmente, para las zafras azucareras.

[8] Letra de una famosa guaracha de Luis María Billo Frómeta.

[9] Antiguos buhoneros, hoy vendedores de alimentos, medicinas y productos escasos a precios de mercado negro.

[10] Masó, Fausto: El método del discurso; en Diario El Nacional. (26/05/01).

[11] Tzu, Sun: El arte de la guerra (1990).

[12] Mata Mollejas, Luis: Tu futuro político (2017).

[13] García Planchart: Venezuela – Estado de excepción (2002)

[14] Natalio Cosoy, BBC Mundo (14/10/17)

[15] Andrés Grillo: La toma del Palacio de Justicia, Revista Semana, Bogotá (05/30/2004)


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Richard O’Connor: Los barones del petróleo

Guillermo O´Donell y Philippe C. Schmitter: Transiciones desde un gobierno autoritario

Román Orozco: Cuba Roja

José Ortega y Gasset: La rebelión de las masas

Camilo Ortiz: Teoría de la raza superior de Hitler – Justificación de lo injustificable

Guillermo Pacanins: Nuestra aviación, 1920—1970

José Antonio Páez: Autobiografía

Peregil, César: La herencia oscura del Paraguay

Marvin Perry: Western Civilization – A brief History

Karina Pimentel: Guía Ecoturística de Venezuela

Jacques Pirenne: Historia Universal

Tomás Polanco Alcántara: José Antonio Páez, fundador de la República

Karl Popper: La miseria del historicismo

Nicos Poulantzas: Fascisme et Dictature

Alberto Quirós Corradi: Hacia una nueva política

Carlos Rangel: Del buen salvaje al buen revolucionario

Jean François Revel: La tentación totalitaria y Cómo terminan las democracias

Revista Bussiness Venezuela, Caracas

Revista Newsweek, New York

Revista Primicia, Caracas

Revista Semana, Bogotá

Revista Vanity Fair, Ciudad de México

Irene Rodríguez Gallad y Francisco Yánez: Cronología ideológica de la nacionalización petrolera venezolana

Manuel Rodríguez Lapuente: Historia de Iberoamérica

Maxim Ross: Para salir de Chávez

Alain Rouquié: El estado militar en América Latina

Ramón Tamames: Ecología y desarrollo y Estructura económica internacional

Alvin y Heidi Toffler: Las guerras del futuro

Alvin Toffler: El cambio de poder

John Toland: Adolf Hitler (Volumen I)

Mao Tse Tung: Las contradicciones

Heinz Trutz Rendtorff y Eduard Todt: Teología de la revolución

Sun Tzu: El arte de la guerra

Víctor Von Hagen: La amante inmortal

Noah Webster: Webster’s New Twentieth Century Dictionary

Tim Weiner: Legado de cenizas – Historia de la CIA

Bertram Wolfe: Marxismo – Cien años en la vida de una doctrina

Charles Wright Mills: Los marxistas

Adam Ulam: Stalin

René Zavaleta Mercado: El poder dual en América Latina – Estudio de los casos de Bolivia y Chile

Leopoldo Zea: Fascismo dependiente en Latinoamérica

Hugo Zemelman: Acerca del fascismo en América  Latina

Carlos Zubillaga: La marginalidad sin tabúes ni complejos

 

 

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