UN GOBIERNO DE SATURNO, por: Julio Dávila Cárdenas

UN GOBIERNO DE SATURNO

 

Julio Dávila Cárdenas

julio.davilacardenas@gmail.com

 

En la mitología romana Saturno es considerado como el dios del tiempo, al igual que en la griega se hace con Cronos. Ambos se caracterizaron por ser representados devorando a sus hijos. Saturno todo lo destruye y acaba.

Decía el historiador británico Arnold J. Toynbee, en su Estudio de la Historia, que el suicidio de la civilización se produce cuando los líderes no reaccionan de forma creativa a los retos que se les presentan.

En Venezuela estamos en presencia de ambas situaciones: Por un lado, tenemos a un gobierno que es capaz de actuar como Saturno y unos dirigentes opositores que parecen no tener claro a lo que nos enfrentamos. Mientras el régimen comunista destruye no solo las libertades, sino también la economía del país con el único propósito de aferrarse al poder por el mayor tiempo posible, la dirigencia opositora no encuentra la forma de salir de tan nefasto gobierno.

Como es característica de los regímenes comunistas, estos hacen uso de la mentira como arma poderosa. Mientras pregonan la paz, hacen la guerra.

Si hablan de ayudar a los pobres, los matan de hambre. Cuando dicen luchar contra la corrupción es cuando mayor cantidad de robos contra la cosa pública suceden.

Si hablan de principios morales, lo que se conoce es el tráfico de drogas por parte de familiares muy cercanos. Cuando hablan de libertad, encarcelan a quienes disienten de ellos y por si fuera poco, cuando realizan elecciones en señal de democracia, llenan esos procesos de trampas y fraudes.

Miguel Otero Silva, en su novela Casas Muertas, escribió que en tiempos del general Gómez, el señor Cartaya no era partidario de la guerra civil como sistema y que en esos momentos, en Venezuela “El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.”

Es hora que los líderes encuentren la manera de impedir que sigamos recibiendo los golpes y que aquellos que roban, matan y persiguen reciban su justo castigo.

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