ELISABETH BURGOS: Venezuela, puerta de entrada de los nuevos imperios

Venezuela, puerta de entrada
de los nuevos imperios

 

“Cuba, fiel a su misión de Celestina de imperios,
será la interlocutora ante los nuevos imperios
tutelares de Venezuela: China y Rusia”,
afirma la autora con el agregado que ambos
“imperios” se forjaron al calor del comunismo.
PROSIGUIENDO el tema de mi columna anterior
sobre la decisión del régimen de inspirarse del
modelo cubano en la organización de la nueva
sociedad que requiere la continuidad del proyecto bolivariano,
tras el nuevo período que se abre con la
innegable victoria lograda sobre la oposición -(victoria
que se ilustra con la respuesta contundente del decreto
de la ANC y la aceptación, de hecho, por los partidos
políticos de mayor tradición y luego la “victoria” en las
elecciones de gobernadores)- vuelvo de nuevo al libro
testimonio del general cubano Rafael del Pino, segundo
jefe de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea cubana de
las FAR en 1987, momento en el que rompe con
régimen y se exilia.
Su libro, Proa a la libertad, es una mina de información
sobre el funcionamiento del régimen castrista y sobre
las intervenciones en el ámbito internacional. El libro se
publicó en México en 1991 (la fecha es importante porque
todavía en ese entonces el teniente coronel Hugo Chávez
no había aparecido en el escenario político venezolano) de
lo que se infiere que la voluntad de anexión de Venezuela
a la isla caribeña no fue un proyecto que surgió tras la
presidencia de Hugo Chávez. El joven barinés simplemente
le brindó al cubano la oportunidad de hacerlo sin la
mayor dificultad, abriéndole las puertas de par en par,
además, dándole los medios para hacerlo. La entrega de
Venezuela a Fidel Castro, Hugo Chávez la manifestó clara
y públicamente en el discurso que pronunció durante su
primer viaje a Cuba en 1994.
Veamos, pues, lo que dice Del Pino del sentimiento
que abrigaba Fidel Castro con respecto a Venezuela :
“siempre la ha odiado y con la cual – repite incansablemente
Fidel Castro – tiene una vieja cuenta pendiente”.
Del Pino narra la voluntad de Castro de tener en sus
manos la cuenca del Caribe. La toma del poder en
Granada por el movimiento marxista de la Nueva Joya,
liderado por Maurice Bishop, le abrió la posibilidad
esperada para expandir su radio de acción a todas las
Antillas y el norte de América del Sur, “en particular a
Venezuela”. La bronca de aquel momento contra Venezuela
se debía al apresamiento del buque “Arlequín”
(1968) por la Armada Venezolana por encontrarse en
aguas territoriales. Episodio ocurrido durante las incursiones
cotidianas de la flota pesquera cubana en el
Caribe, cuya misión era la infiltración de armas en las
islas y el continente. Período que corresponde al año
1967-1968 cuando Fidel Castro decide reactivar la lucha
armada simultáneamente en varios países del continente
-Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina- con la intención de
provocar una intervención militar por parte de Estados
Unidos, y así, producir “un nuevo Vietnam”.
El modelo de intervención que desarrolló Castro en
Nicaragua y su influencia decisiva en la organización del
Venezuela, puerta de entrada
de los nuevos imperios
régimen que hoy preside de manera vitalicia Daniel
Ortega, tiene mucho que ver con el desplegado en
Venezuela gracias a la entrega de Chávez. Al tomar el
poder los Sandinistas, en lo que la acción militar cubana
fue decisiva, Fidel Castro sintió que estaba viviendo de
nuevo “los días gloriosos de cuando bajó de la Sierra
Maestra”. Castro consideró que su “responsabilidad
histórica” era la de dirigir la flamante revolución nicaragüense,
por lo que era necesario “moldearlos a nuestros
intereses, de hacerlos pensar y actuar como nosotros”.
Los americanos, seguramente esperan la afluencia de
tropas regulares cubanas en Nicaragua como pretexto,
“pero se llevarán el gran chasco porque esta vez le
crearemos un combatiente nicaragüense con nuestra
mentalidad, en una palabra, el “Robot Nicaragüense”.
El “Robot Nicaragüense” comenzó de inmediato,
con el empleo del tratamiento, la seducción del don que
crea la deuda. Fidel Castro manifestó el criterio de que
aquellas personas a quienes se les devuelve la salud o se
les eduque, si no se convierten en aliados, por lo menos
no serán jamás un enemigo. De inmediato se abrieron las
puertas de todos los hospitales de Cuba para darle
atención médica a cuanto nicaragüense lo deseara.
Paralelamente se enviaron cientos de médicos, enfermeras
y técnicos de salud, además de miles de maestros
encargados de la educación y adoctrinamiento de las
nuevas generaciones. Simultáneamente se abrieron escuelas
en la isla para educar niños nicaragüense becados
para forjar con esas nuevas generaciones el “hombre
nuevo”. Comenzaba a existir el “Robot nicaragüense”: el
joven bien adiestrado en la radicalidad de una ideología,
al que se le otorga un papel en la historia del “proyecto
revolucionario”.
El modelo experimentado con éxito en Nicaragua, es
el que se ha estado aplicando en Venezuela desde antes
de que Chávez llegara el poder en Venezuela. Tras el fin
de las guerrillas, Cuba continuó acogiendo niños venezolanos
enviados por el PCV a campos de pioneros
durante las vacaciones. Se trataba en realidad, de impartirles
adoctrinamiento ideológico, acompañado de entrenamiento
militar. Esa reserva es la que vemos hoy en
acción tanto en el gobierno, como en las “organizaciones
de masa” encargadas hoy de conformar la nueva sociedad
venezolana. Deshacerse de la clase media educada
profesionalmente, es una condición para que aparezca
“el hombre nuevo”. Los 2 millones de exiliados venezolanos,
son la prueba de que la exclusión ya se ha logrado.
El siguiente paso seguido por La Habana en la
Nicaragua sandinista, y esto concierne directamente el
modelo empleado en Venezuela en el control del estamento
militar, fue el envío de un grupo de asesores
militares cuya principal misión consistía en realizar
labores de inteligencia sobre los diferentes oficiales y
cuadros de mando del nuevo ejército nicaragüense.
“Nuestros oficiales debían evaluar constantemente el
comportamiento, carácter y personalidad de todos los
oficiales detentores de áreas de responsabilidad, además
influir en la jefaturas de los diferentes cuerpos de las
Fuerzas armadas, para desplazar a aquellos que no
fueran incondicionales y colocar a elementos pro-cubanos
e incondicionales del proceso”. Más claro no puede
ser dicho. En Venezuela no hace falta demostrarlo.
En poco tiempo, prosigue Del Pino, el Alto Mando
cubano tenía evaluado la totalidad del cuerpo militar
nicaragüense, haciendo posible la depuración del personal
militar e igualmente del personal civil. Es así cómo el
menos inteligente, el menos formado intelectualmente,
el más dócil a las directivas cubanas del grupo que
conformaba la plana mayor del sandinismo, fue el
elegido por La Habana para convertirse en el líder
absoluto del “proceso”. Es decir, Daniel Ortega es el
prototipo de Nicolás Maduro. Personalidad de individuo
taimado, sin un asomo de ética ni de moral, de maneras
vulgares -por cierto algunas de las características de
Stalin- no es necesariamente un individuo incapaz como
suele opinar la elite culta en Venezuela. Antes por el
contrario, detrás de esa fachada bonachona, capaz de
engullir una empanada escondida en una gaveta de
escritorio, en lugar de que se la sirva un asistente en
acorde con su rango de presidente, es capaz de ordenar
los crímenes más abyectos. “El poder sin violencia no es
poder”, exclamó Stalin en un discurso ante el Comité
Central, explicando las purgas de sus propios camaradas
a las que había procedido ante la sospecha de estar
involucrados en tareas de oposición. Si a sus propios
camaradas comunistas les aplicaba la pena capital, es de
imaginar la suerte de rivales ideológicos.
La meta del régimen de ejercer el poder de modo
absoluto y sin límite de tiempo, no es factible sin la
alianza con Cuba. A esta altura de la historia de régimen
castro-chavista en Venezuela, cuando el control de los
sectores claves del Estado, entre ellos, la institución
armada ya es un hecho consumado, igualmente la
destrucción de la República democrática liberal, y por
ende de su economía, ahora toca reorganizar la sociedad
y la economía a imagen del modelo que ha surgido del
post comunismo: Rusia, Bielorrusia, Vietnam y por
supuesto China. En lo económico, capitalismo de Estado.
En lo político, control absoluto de la sociedad bajo
la egida del partido único.
Cuba, fiel a su misión de Celestina de imperios,
será la interlocutora ante los nuevos imperios tutelares
de Venezuela: China y Rusia. Venezuela, se
convertirá en el puerto de acogida en América del Sur
de esos imperios cuya presencia ya es un hecho en
términos económicos.

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